sábado, 5 de diciembre de 2020

No hay significado, ni propósito.



"Un elemento clave para el éxito, es tener la respuesta a la pregunta ¿Cómo elijo sufrir en esta vida?"    - Teal Swan - 

Me siento destruido y con mi voluntad aplastada. Sé que merezco esto porque yo me lo hice a mí mismo, y sinceramente ya no quiero seguir luchando contra ello o la realidad de mí. Esto que soy es lo que tengo, y lo que tengo no ha sido suficiente, ni eficiente para vivir en este sistema, ni ha sido lo mejor que podría haber creado de mí hasta este punto, porque siempre podría haber sido mejor. Y tal vez sería mejor si hubiese enfocado mi atención desde un principio en las formas prácticas de generar negocios o ingresos, pero no lo hice, por disfrazar mi egoísmo con la hipócrita cara del altruismo en un sistema que no apoya la vida... Eso fue mi deshonestidad al querer vivir el camino del salvador. Ya vi suficiente de esta versión de mi que trata desesperadamente de ayudar y salvar a otros para, indirectamente ayudarse y salvarse a sí mismo. 

Pues bien, estoy en el suelo, y ya no puedo ni me interesa levantarme... me rindo. No sé quien soy, ni me interesa saberlo ya, he visto y visitado suficientes reflejos en la oscuridad de este país para entender que soy "ese" allí, en lo bajo y lo profundo, y que también soy "ese" en lo alto. Por eso aprovecho esta rendición para soltar con humildad aquello que ya no me sirve. 

No culpo a Desteni, ni a los Indios, no culpo ni juzgo más a nadie. Les agradezco a todos lo que hicieron y hasta donde lo hicieron por mí, pero ya no puedo, ni quiero seguir con la vida como la he vivido hasta este momento. 

Me perdono a mí mismo por aceptarme y permitirme a mí mismo entregarme a la derrota, dejándome vencer, dejando que sea "el fin", donde ya no quiero hacer nada, porque tampoco quiero trabajar o moverme, ni hacer más. Sería maravilloso que la muerte llegara hoy, mientras duermo, sería increíble que todo pudiera terminar hoy mismo. Sin más problemas para nadie, porque no quiero hacerle mal a los demás, sólo quiero que todo se detenga, sólo quiero que llegue el momento en el que estas experiencias terminen para los seres humanos en este mundo, que no se vea más de esta desesperanza en el país, aunque sé que nada se va a detener hasta que todo se detenga, hasta que la maquinaria colapse y no tengamos más para pelearnos entre nosotros. Porque no hay ni habrá suficiente perdón en el universo para frenar esta hecatombe que apenas está comenzando.

Siento que no puede ser un mejor momento para el fin, he dado tanto como fue posible, di tanto como supe y aprendí a dar hasta este momento, pero no tengo, ni puedo dar más, porque no se puede ofrecer lo que no se tiene, y justo allí donde no me queda más que ofrecer, es que no queda más que reconocer que no hay, ni habrá un salvador en este mundo, es donde la única alternativa es reconocer que si yo no me doy eso que espero de otro a mí mismo, nadie lo va a hacer y justo aquí donde no queda un vínculo con algo o alguien en este mundo, es que puedo soltar.

Y ahora que estoy en el suelo y admito la derrota del EGO, me doy cuenta que aún cuando quiero rendirme, sigo aquí y seguiré aquí, si no me levanto, nadie va a venir a levantarme, porque nadie puede, todos están esperando por un salvador, ya sea vestido en una forma mesiánica o divina, o disfrazado en bata de médico, en traje de empresario, con maletín de abogado, o con sacos de billetes, pero ninguno, ni siquiera el más rico del mundo, tiene suficiente dinero para salvar al mundo entero (de sí mismo).

Viendo esta gran lucha en mi interior, trato de mediar la paciencia, el movimiento y el camino. Trato de definir la línea que me ayude a discernir ¿Cuál es el camino correcto? ¿Cuál es la motivación necesaria y suficiente para llevar a cabo una entrega total a lo que habrá de ser el resto de mi vida? Porque aquello que fue, ya no es, y allí donde mi respuesta siempre había sido: "Quiero lo que es mejor para todos" Es ahora que me veo forzado a responder una de las preguntas más difíciles que, a la fecha, he sido incapaz de responder: ¿Y qué quiero para mí en esta vida? Porque si somos Uno e Iguales, pues aquello que quiero para mí, es lo mismo que habrá de ocurrirle al otro... ¿verdad?

Y viene a mi mente esta reflexión que compartió conmigo una amiga, cuando le comenté que estoy harto del arte, estoy harto de todo lo que he venido haciendo de manera fútil hasta este momento, pues aún cuando es cierto, que no podemos "esperar por las respuestas, o que se nos den esas respuestas y que debemos asumir las consecuencias de las decisiones, aún cuando se siente como que el camino elegido, no es el mejor camino, ni la mejor decisión", hay otra parte

"En un caluroso día de verano, Siddhartha Gautama estaba atravesando un bosque junto a su principal discípulo, Ananda. Sediento, el Buda se dirigió a su acompañante:

-Ananda, hace algo más de una hora cruzamos un arroyo. Por favor, toma mi cuenco y tráeme un poco de agua. Me siento muy cansado — el Buda había envejecido.

Así lo hizo Ananda. Deshizo sus pasos, pero cuando llegó al arroyo, acababan de cruzarlo unas carretas tiradas por bueyes que habían removido las hojas muertas y el cieno, enturbiado el agua y convirtiéndolo en un lodazal. Este agua ya no se podía beber; estaba demasiado sucia. Así que Ananda regresó junto a su maestro, con el cuenco vacío.

-Tendrás que esperar un poco — dijo Ananda — . Iré por delante. He oído que a sólo cuatro o cinco kilómetros de aquí hay un gran río. Traeré el agua de allí.

Pero Buda insistió:

-Regresa y tráeme el agua de ese arroyo.

Ananda quedó perplejo, no podía entender la insistencia, pero si su maestro lo solicitaba, él, como discípulo, debía obedecer. Así que volvió a tomar el cuenco en sus manos y se dispuso a iniciar el camino de regreso al arroyo.

-Y no regreses si el agua sigue estando sucia — dijo Buda — . No hagas nada, no te metas en el arroyo. Simplemente siéntate en la orilla en silencio y observa. Antes o después el agua volverá a aclararse, y entonces podrás llenar el cuenco.

Molesto, Ananda volvió hasta allí, descubriendo que su maestro tenía razón. Aunque aún seguía algo turbia, el agua estaba visiblemente más clara. De modo que se sentó en la orilla, observando pacientemente el flujo del río.

Poco a poco, el agua se tornó cristalina. Ananda tomó el cuenco y lo llenó de agua, y mientras lo hacía, comprendió que había un mensaje en todo esto. Ahora podía comprender.

Rebosante de júbilo, Ananda regresó bailando hasta donde estaba Buda, entregándole el cuenco y postrándose a los pies de su maestro para darle las gracias.

-Soy yo quien debería darte las gracias, me has traído el agua — dijo Buda.

-Volví enojado al río — contestó Ananda — , pero sentado en la orilla, he visto como mi mente se aclaraba, al igual que el agua del arroyo. Si hubiera entrado en la corriente, se habría enturbiado de nuevo. Si salto dentro de la mente, genero confusión, empiezan a aparecer problemas. He comprendido que puedo sentarme en la orilla de mi mente, observando todo lo que arrastra: sus hojas muertas, sus dolores, sus heridas, sus deseos… Despreocupado y atento, me sentaré en la orilla y esperaré hasta que se aclare."

Me perdono a mí mismo por haberme aceptado y permitido a mí mismo sentarme a esperar y buscar por mensajes y señales escondidas que me muestren o indiquen cuál es el camino correcto, cuál es el camino que debo de seguir para no arrepentirme de la vida que me veo creando ante mí. Y mientras escribo esto, vienen a mi mente diversas memorias y momentos en los que, estando frente a la oportunidad de comenzar a hacer algo distinto, lo que haría sería escapar de ese momento, rechazando la incomodidad de tener que moverme, de tener que cambiar, de tener que verme confrontado con la responsabilidad de haber tomado esa decisión y de verme en una situación o en un contexto que no me gustará.


Me perdono a mí mismo por aceptarme creer que el perdón ya no me sirve de nada, que ya no tiene efecto o impacto, que estoy tan acostumbrado a repetir la frase que el impacto que tenía originalmente sobre mí, simplemente ya no lo tiene ahora, porque en realidad me he defraudado y caído tantas veces dentro de mis propios compromisos y mi escritura, que se ha convertido en una forma más de abuso en y hacia mis propias palabras, ante las cuales he dejado de ser leal a mí mismo, porque digo/escribo una cosa y termino haciendo otra, como complacer y apegarme a las expectativas de mi familia, de mis amigos y de las personas en quienes me he apoyado sólo para tratar de sobrellevar el día a día. 

A lo largo de estos años, me he sentido oculto bajo un velo, una máscara que me permita evitar el conflicto con las personas de mi entorno, sabiéndome un deliberado hipócrita, pero no con ellos, sino conmigo mismo... porque allí donde no me atreví a levantarme, y hacerle frente a las cosas que ahora veo transmutadas en un enojo que ha crecido como el más insaciable demonio en mí, en imágenes que comenzaron con una proyección de mi gritando, insultando y agrediendo a dichas personas, ahora se ha transformado en estas proyecciones sacadas de una película de terror, pero esta película no tiene monstruos o fantasmas, sólo violencia interminable que afecta a los más cercanos y amados, incluso a los desconocidos y lejanos... (lo cual es una realidad que se está viviendo, no sólo en las proyecciones de esta mente enferma, sino en cada ser humano en todos los rincones del mundo) todo con tal de hacerlos parar y hacer que todo se detenga... empezando por detenerme a mí mismo, por detener y poner fin a esta vida que he creado en y como yo; no es extraño ahora el por qué de los pensamientos suicidas, porque ahí donde no puedo y sé que jamás llegaré a ese punto de matar a otro (lo cual aclaro, no he hecho en ningún momento de mi vida), termino por matarme yo, termino por detenerme yo... para encontrar fin a esta vida sin propósito, sin sentido, sin significado, sin dirección, sin todas esas cosas que de tantas formas aprendí y creí que tenía que tener y encontrar para que la vida fuera posible. 

Estando en la comunidad de autodefensas, se me presentó la oportunidad de tomar una R-15, la cual ansiaba sujetar entre mis manos mientras pasaban todos estos diversos escenarios en los que me veía volándome los sesos, o poniéndome a disparar sobre la carretera a las personas en aquellas camionetas blindadas, sabiendo la simple y fatal consecuencia a la que llevaría ese acto; que esta vida se detenga, que todo se detenga... que todo este caos dentro de mí finalmente pare, porque después de 10 años caminando este proceso, me siento en el final del laberinto, y este final es un muro que no tiene entrada o salida, porque el límite a la posibilidad de ese cambio, no depende de un individuo, sino de un colectivo tomando la decisión de hacer ese cambio conjuntamente, desde adentro hacia afuera y desafortunadamente estamos en una democracia... y no es la mayoría la que quiere el final de la competencia, de las comparaciones, de la envidia, del egoísmo...  

¿Nadie está dispuesto a hacer ese cambio? ¿Por qué no he hecho el cambio necesario en mí? ¿Será que realmente es imposible detener esto? Sé de algo que si quiero para mí y que quiero en cada ser humano de este mundo. Quiero un día en el que no se dispare una sola bala en el mundo, en el que ningún niño, mujer u hombre sea violado en cuerpo, mente, derechos o su vida... quiero un día en el que nadie tenga que morir para que el otro pueda enriquecerse, un día en el que todos vean una vida digna de ser vivida, quiero un día en el que nadie tema por la supervivencia, un día en el que nadie tenga que preocuparse o preguntarse por lo que comerá hoy o mañana porque todo estará al alcance. Quiero un día en el que todo el mundo pueda estar libre de terror, de miedo, de pensamientos... quiero un día libre de la mente, de la esclavitud del sistema de consciencia mental, de la esclavitud del sistema y del dios dinero. 

Quiero ser libre. Auténticamente libre... dame un día en el que todo el mundo pueda ser libre de la matrix...

Continuo en el próximo post