viernes, 10 de julio de 2020

¿Y si despertar fuera tan simple como entender que jamás tuviste "un sólo pensamiento" en tu mente? Parte 2

El día de hoy me vi confrontado con un viejo recuerdo que tenía almacenado en uno de esos oscuros y vergonzosos recuerdos de la mente; yo tenía alrededor de 6-7 años, y me encontraba de viaje en el campo con mi familia en una de esas pequeñas "villas/restaurantes" de Valle de Bravo.

Ese día mi padre me había comprado una de esas resorteras de madera con forma de pistola, de esas pintadas con colores llamativos que, ciertamente no tienen gran potencia, pero no por eso dejan de arrojar piedras a una buena distancia...

Mis padres estaban sentados en el interior de aquel restaurante, esperando por la comida mientras yo había salido a jugar en un castillo de madera que se encontraba justo frente al restaurante, de esos que tienen escaleras entretejidas con cuerdas y con pequeñas resbaladillas de metal.

Corrí hacia ella con mi pistola de madera, más que dispuesto a jugar a RoboCop, Terminator, o alguno de esos personajes de las películas de acción que mi padre solía ver y disfrutar los fines de semana frente al televisor, después de una brutal rutina de trabajo semanal.

En fin que, tomé una piedra y cargué aquella pequeña resortera en forma de pistola, para poder dispararla hacia el lago que estaba al otro lado del castillo, el cual se encontraba al mismo tiempo dentro de la propiedad del restaurante, pues era allí donde criaban las truchas que ofrecían como parte de la misma comida y servicios del mismo.

En la cima del castillo había varios niños y niñas jugando, entre ellos algunos de ellos con una edad notablemente mayor a la mía, pero no le di mayor importancia, al final yo estaba más que dispuesto a jugar y correr por aquel puente hecho todo de madera por el cual los otros niños corrían desenfrenados de un lado a otro, ¿qué podía haber de peligroso en ello?

Comencé a trepar por la resbaladilla, con la resortera ya cargada con una pequeña piedra, pero mientras estaba subiendo por la misma, la resortera se disparó sin que me diera cuenta, de hecho, no fue sino hasta que llegué a la cima del castillo que noté que la piedra se había disparado, pero en la cima del castillo, comencé a escuchar el llanto de una niña que estaba siendo rodeada por un pequeño grupo de niños, incluyendo a algunos de los mayores.

Tan pronto terminé de realizar mi ascenso por aquella resbaladilla, uno de los niños me recibió iracundo, y me empujó con fuerza contra una de las paredes de madera del castillo, señalándome que mi piedra le había pegado a aquella niña en el ojo (lo cual en efecto había ocurrido, evidentemente sin intención o miramiento alguno de mi parte sobre lo sucedido).

La niña que estaba llorando, resguardada entre el grupo de niños, dio un paso al frente impulsada por uno de los niños más grandes, quien me señaló nuevamente el ojo floreteado por el golpe de la piedra y me dijo: "¿¿Qué diablos haces con una resortera aquí?! ¡Esas cosas son para pegarle a los perros o para matar pajaritos! ¡Mira lo que le hiciste en el ojo a la niña!". Una vez más me empujó con fuerza, esta vez casi tirándome por una de las ventanas del castillo de madera, y otra de las niñas (también evidenciando una edad mayor) vino hacia mí, me dio un zape en la cabeza con fuerza y me dijo: "¡Pinche niño!"

Sobra decir lo que pasó después, pero igual lo recalco: Me puse a llorar, corrí hacia el restaurante y al entrar a él fui directo hacia la mesa en la que estaban mis hermanas y mis padres; les pedí que nos fuéramos y, evidentemente ya habíamos estado esperando la comida por algún tiempo, así que cuando me pidieron una explicación, no quería ni me atrevía a decirles lo que pasó, pero quería salir corriendo de aquella situación.

Lo cual evidentemente no fue posible, porque los padres de aquella niña ya se habían acercado a ellos a explicarles la situación, el regaño y los golpes (aclaro: nada del otro mundo, un par de cinturonasos como era la costumbre de aquel tiempo), los cuales afortunadamente no tomaron lugar enfrente de todos, me los dio al costado del coche, el cual habíamos dejado estacionado a un lado del restaurante.

Yo no quise comer, me quedé encerrado en el coche, llorando, gritando y maldiciendo mi puta existencia...

Lo irónico es que, aun cuando para uno, en la consciencia del adulto, podemos llegar muy fácilmente a creer que "el problema para allí", la realidad es que el problema no paró allí para mí, es extraña la forma en que percibimos el mundo cuando somos niños, y desde luego esto no es más que una generalización que se desprende de mi experiencia individual, sin embargo, el modo en el que "el futuro" procedió para mí, a partir de ese fin de semana, fue que, al volver a la escuela al día siguiente, una parte de mí sentía que "todos estaban conscientes de aquello que había hecho", porque para mi era evidente que "el mundo había cambiado", es solo que, en mi inconsciencia y experiencia "individualizada de aquello que percibía como el mundo", para mí no podría sino ver exactamente el "mismo juicio y enojo" de todos mis compañeros y las personas en mi entorno hacia mí... aunque cabe aclarar que ya para aquel momento solía tener no pocos problemas con este fenómeno "modernizado" que ahora llamamos "bullying", sin embargo, esa experiencia de repudio hacia mí mismo se agravó de tal suerte, que toda esa semana no podía voltear a ver a las personas a los ojos, y si lo hacía no podía evitar llorar y correr a esconderme, tampoco me atrevía a confesar lo que había pasado el fin de semana, sentía mucha vergüenza, aún cuando había sido no más que un accidente...

La vergüenza estaba allí, y sinceramente ha permanecido allí por tantos años que, incluso mientras escribo ésto puedo notar como emerge la rabia en y hacia mí, hacia aquellos niños, incluso hacia mi padre, la culpa y la eterna duda... ¿habrá sanado bien el ojo de aquella niña? ¿habrá crecido con resentimiento y repudio hacia los niños por causa mía? Y por si fuera poco, ante la innegable realidad de este hecho, deviene un absurdo aunque poderoso deseo de "no querer ver atrás", y de esencialmente "no querer confrontar la realidad de mi propia ignorancia", "mi propia vergüenza" ante la vulnerabilidad de asumir mi propia impotencia ante un evento ciertamente más simple y minúsculo a comparativa de toda aquella incontable e innumerable serie de abusos, maltratos y violencia deliberada y consciente que está tomando lugar, no sólo mientras escribo ésto, sino que ha estado tomando lugar en el mundo de manera igualmente INCONTROLABLE, durante toda esta vertiginosa e inescapable serie de consecuencias que han ocurrido desde aquel singular y simple hecho en el mundo que tomó lugar en mi vida hace más de 20 años...

Pero aquí esto, temiendo cualquier cantidad de "comentarios y opiniones que puedan desprenderse al respecto", porque invariablemente de la distancia de aquel evento, de su ingenuidad, de su inocencia y su irreparable e irrevocable realidad, aún habrá alguno que otro que vendrá aquí a pretender decirme "lo miserable y desagradable que soy como ser humano y como persona" (sin hacerse dicho individuo el favor de ponerse un espejo delante suyo para saber, por simple misericordia a sí mismo que las palabras ¡¡¡¡¡No son para mí, ni me las está diciendo a mí realmente jajajaja!!!!) sólo porque en esta publicación, en esta serie de palabras estoy abriendo esa oportunidad para cualquier individuo de ver, no en mí , sino en sí mismos, aquella distante ventana de igual modo almacenada en sus vidas, que simplemente proyectan y mantienen en la generosa distancia, delimitada única y racionalmente por la condición misma de la proyección de su culpa en otros, a saberse "SUPERIORES A MÍ", por el acto y efecto mismo de nuestra "MORALIDAD" a juzgarnos a nosotros mismos como "Mejores" por la capacidad que tenemos de "señalar en el otro", aquello por lo que nosotros mismos hemos sido juzgados en el pasado...

Y es que sumado a la ironía de estas circunstancias, la realidad se expresa en las acciones tomadas tanto por aquellos niños como por mi padre al venir y hacerme exactamente lo mismo que esencialmente alguien más les hizo para "corregir y reprimir" aquello que se convirtió en el eje mismo de su impotencia, y su necesidad de proyectar y buscar en la supuesta "valentía" de su "SUPERIORIDAD MORAL" el mismo ejercicio de poder, por el cual buscan corregir y en esencia "perdonar" el acto por el cual ellos mismo fueron juzgados y violentados en el pasado.

Mirando detenidamente a las palabras de aquel niño en el castillo de madera, cuando dijo: "Las resorteras son para apedrear perros y matar pajaritos", a mí personalmente esto me parecía un acto más que terrible, sinceramente más terrible que hacérselo a un humano, por que la verdad me gustan más los animales que los humanos... y personalmente no le haría algo tan salvaje a un pajarito o a un perro, pero él si estaba más que dispuesto a hacerlo, y seguramente no sólo lo hizo en su pasado, sino que al igual que yo, cometió el atropello de golpear a alguien accidentalmente con dicha resortera, y al igual que yo, recibió empujones, reprimendas, golpes e insultos...

Lo mismo que mi padre recibió de su padre, y a su vez este del padre de su padre, quien empujado por la vergüenza de mis incontrolables e impredecibles acciones, se vio forzado a ejercer sobre mí la violencia "legítima así demandada" por el acuerdo social que "en su correcta aplicación" facilitaría y calmaría no sólo la vergüenza de mi padre a saberse responsable de "comprar la resortera que yo le pedí", sino de igual modo "la culpa y vergüenza que mi padre sentía ante su propia impotencia causada por la inevitabilidad e impredictibilidad del futuro" y desde luego "la tranquilidad y sentido de justicia" que sería provisto a los padres de la niña y a todos los presentes en compensación mediante la violencia ejercida sobre el cuerpo de un incorregible, ignorante e imbécil niño; como todos de igual modo fuimos así llamados, amedrentados y violentados por nuestros propios padres, tutores, hermanos, vecinos y autoridades...

No considero la violencia una ruta legítima para la corrección de un mundo que no hace sino reciclarse en y sobre los mismos ejes de violencia, buscando desesperadamente por nuevos y más complejos mecanismos del control que los propios individuos se sienten  a sí mismos incapaces de generar y dirigir sobre sí en y hacia soluciones que de hecho, en lugar de controlar, empoderen y conscienticen... ¿Cómo? Comunicación - Acuerdos - Entendimiento desarrollado en nosotros mediante el perdón de nuestros propios errores pasados, transmitido por las vías ejemplares más simples, digeribles y amables a las nuevas generaciones.

Aquí les dejo la recomendación de una serie que, seguramente será del interés de muchos que seguramente no están al tanto de cuales son estas vías de las que hablo, o que se encuentran invadidos por tanta información (y desafortunadamente esta no puede sino pasar a la vista de muchos como UNA MÁS DEL MONTÓN) que es lanzada y distribuida por un sinnúmero de autoridades que se diversifica en las más impensables e inimaginables rutas.

La respuesta a la pregunta: ¿Existe un Manual para Ser Padres? Es SI, lo que desafortunadamente NO existe aún, es la consciencia plena y suficiente sobre la aplicación de estos métodos, así como la falta de consciencia en muchos padres/madres a realizar el propio proceso de introspección, investigación y corrección sobre los viejos patrones a fin de ejercer y realizar una Paternidad eficiente, la cual nos permita y empodere para llevar a la próxima generación a un mundo que no dependa de aquellos obsoletos y draconianos mecanismos de Control, como los aquellos impuestos a nosotros por todos aquellos que nos han antecedido

Aquí la serie de entrevistas pertinentes - Disfruten...

Ser Padres - Perfeccionando a la Humanidad Series



Apoyo para Relaciones Exitosas Series



De Vuelta a Lo Básico Series