sábado, 6 de junio de 2020

La belleza de la oscuridad...



“Pedir perdón es un acto de valentía, Perdonarse es un acto de amor propio, saber que no hay nada que perdonar, es entenderlo todo” –Vivi Cervera-

Aún recuerdo vívidamente el sabor de las noches en el internado de aquella institución, sobre todo aquellas en las que nuestro escuadrón era llamado a desfilar con el traje de gala para conmemorar alguna falsa y pretensiosa fiesta, so pretexto de avivar la llama de aquellas mentiras que llamábamos “nuestros héroes patrios”. Nada más irrisorio que ver a la gente conglomerarse para celebrar con cualquier pretexto aquellos dulces venenos que beben y pujan por sus gargantas, los cuales son en realidad los únicos y verdaderos héroes que importan en la mediocridad de estas vidas sin sentido; vidas dedicadas a recordar y celebrar los motivos mismos de su amada esclavitud, así como su infame y falsa independencia.

Independencia que llega con la ilusión misma de nuestra supuesta individualidad, la cual es otorgada por el contrato implícito con el sistema que aceptamos sumisamente billete tras billete, cheque tras cheque, quincena a quincena.

¿Cómo olvidar el día que la trompeta entonó el toque de guerra estando nosotros aún en las aulas de clase? Haciéndonos salir a todos disparados por la puerta descendiendo aquellos escalones, al pie de los cuales se encontraban ya los oficiales repartiendo armas de todo tipo, desde estacas y martillos hasta pequeñas hachas de mano improvisadas con los respaldos de las mismas bancas que nuestros cuerpos solían ocupar para tomar las mentadas instrucciones del manual de Carreño…

Uno a uno nos apuntalamos en cada esquina, cada puerta, cada rincón que daba a la calle de aquella institución, la cual se encontraba franqueada por las unidades de policía que habían secuestrado al comandante… todo como resultado de un pequeño ajuste de cuentas orquestado por el hermano del comandante, no más que una vieja disputa entre hermanos que apostaban por el destino de aquella intangible mina de oro valuada en y por la extensión de las propiedades dispuestas a nombre de la institución, aunado al costo de la producción de uniformes, equipos y, no menos importante, la fuerza misma constituida por el cuerpo que constituíamos todos y cada uno de los futuros agentes que habríamos de conformar el futuro de los cuerpos policíacos y militares.

Prueba misma de nuestra “programación”, residía en el hecho de que con un solo llamado de la trompeta, habían logrado reunir a una fuerza de más de 3 mil niños, llamados formalmente simples cadetes, a disponer nuestros cuerpos y nuestras vidas con las más simples y patéticas armas a enfrentarnos a oficiales armados para defender los intereses de aquel par de imbéciles que no tenían el menor interés por nuestros futuros o nuestras vidas…

Yo quería entrar al ejército, para matar gente de manera legal…no para servir a la nación, sentía clara y firmemente el deseo de cumplir con aquel cometido mismo que desesperaba por devolverme algo de ese “valor y poder” que creí perdido, tras haber sido forzado a comer del basurero, mientras era forzado a entregar mis alimentos fiel y sumisamente a quienes estaba obligado a llamar “sargentos y oficiales”, quienes eran no más que simples seres humanos disfrazados con una o dos medallas más que las mías; aquellos a quienes había aprendido a temer aceptando todas y cada una de sus patadas, golpes, insultos e incluso aquellos latigazos que recibíamos con las cuerdas de rapel, ante los cuales no debíamos, ni podíamos ejercer resistencia u objeción alguna.

Los oficiales supervisaban cuidadosamente que los arrestos, castigos y reprimendas se distribuyeran correcta y fatalmente entre los sargentos, quienes al mismo tiempo habrían de distribuirlos y forzarlos al resto de sus subordinados; una cadena perfecta que aprende a temer e incluso a admirar “el galardón”, símbolo mismo de la libertad que implica para la mente del esclavo, recibir de las manos de su opresor, la suerte y destino de otros esclavos… no entendíamos que no eran el título o el galardón lo que hacía la obediencia y la disciplina posible, sino el temor mismo existentes en todos y cada uno de aquellos educados a voluntad y diseño mismo del patriarcado.

¿Qué clase de soldado asume aquella fatal consecuencia de saberse dueño de su propia vida? ¿Qué soldado es entrenado a enfrentar, no su temor a la muerte, sino su temor a la vida? ¿Qué soldado es educado, entrenado y adiestrado a asumir su propio sentido común y plena consciencia como principio rector, en lugar de obedecer fiel y ciegamente las instrucciones de algún otro imbécil por encima suyo, con tal vez una o dos medallas más, uno o dos rangos encima del suyo, los cuales sirven única y exclusivamente para recordarle los motivos mismos por los cuales ha de saberse un eslabón por debajo de aquellos otros humanos a quienes ahora, se ve obligado a superar en las mismas pruebas insensatas que aparentemente prueban de alguna manera su valía como persona, como individuo y como ser humano? Ninguno… todos obedecen siempre la cadena… sobre todo cuando la cadena misma empieza en la consciencia, al grado que los pensamientos, no son otra cosa sino esas órdenes programadas e instruidas desde el momento mismo en que gateamos en el sistema educativo.
 ¿Qué soldado podría reconocer honestamente, que el motivo mismo por el cual besa tan sumisamente la mano de sus amos, es el mismo que mantiene al criminal y al empleado sumisos ante el sistema que tanto temen hacer frente por cuenta propia? El mismo sistema que mantiene al hijo temeroso del padre, y al padre temeroso del padre de su padre

Creyendo ingenuamente que de este modo recobraría el valor ante la imagen de mi propia cobardía, la cual me imposibilitaba y refrenaba a mí mismo de vivir y asumir la responsabilidad de mi propia existencia…

En la militarizada había una psicóloga, una mujer de una belleza verdaderamente despampanante, no exagero, no había hombre o mujer que pudiera evitar ser deslumbrado por su belleza cuando se hacia presente entre los pasillos de aquella institución.

Y es que esa belleza que irradiaba, no sólo se debía a una "cara bonita, o una sonrisa angelical", sino al simple y sencillo hecho de que mostraba un verdadero interés por el bienestar y la seguridad de todos aquellos que nos encontrábamos en aquella institución...

No obstante, es fascinante lo mucho que “una mujer desaparece ante los hombres cuando es demasiado hermosa”. Como si sus habilidades y su ser pasaran desapercibidos, porque simplemente uno está embelesado por la apariencia externa.

Y es que como varones, y sobretodo en una institución donde la competencia por demostrar las capacidades físicas y mentales, reflejadas no sólo en el quehacer de la persona, sino que cada pieza del uniforme está diseñada para demostrar y galardonar "algo" de ese macho imbécil que se nos educaba día con día a ser, era muy fácil perder de vista a aquel ser humano, llegando a confundirla incluso con "otro galardón" para el uniforme...

El día que finalmente la conocí, más allá de sólo limitarme a verla y admirarla desde la segura distancia que me permitía apartar los cuantiosos juicios hacia mi persona y las innumerables imperfecciones y cicatrices de mi rostro (y sobretodo con la clase de juicios que pueden invadir la mente de un puberto...) fue solo hasta el momento en el que literalmente me vi “forzado” a presentarme ante ella, puesto que me había llamado a su oficina para realizar la rutina de conocer a todos y cada uno de los cadetes.

Aún recuerdo el momento en el que entré a su oficina, me faltaba el aliento, sentía que en cualquier momento tropezaría con mis propios pies, porque no podía dejar de temblar ante ella.

Y si... no me atrevía siquiera a verla a los ojos... era demasiado hermosa... y yo me detestaba tanto a mí mismo al verme al espejo cada mañana, que en el momento que me senté y me preguntó mi nombre, respondí un extraño y torpe balbuceo; evidentemente no me entendió y cuando me pidió que lo repitiera de nuevo, simplemente comencé a llorar...

Mantuve la cabeza agachada mientras trataba de responder de nuevo a mi nombre, ella extendió su mano hasta mi barbilla y gentilmente levantó mi rostro hasta encontrarme frente a frente con el suyo.

Lo primero que vi fue aquella cálida sonrisa y sus ojos que brillaban irradiando alegría y gentileza.

Sin embargo, un detalle significativo llamó mi atención en el rostro de aquella mujer; y es que su rostro, el cual a la distancia parecía impecable, perfecto y angelical, de cerca evidenciaba algunas cortadas escondidas bajo el maquillaje, y estas no eran "pequeñas cortadas" que uno se hace en algún accidente, eran cortes profundos que recorrían su frente y descendían hasta la nariz, así como una cortada igualmente profunda en la zona de la mejilla que se desplazaba hasta el labio...

Me contó que una persona que decía ser su padre, le había hecho eso, y le hizo creer que ella no valía nada, lo cual ella creyó por muchos años, hasta el día en que decidió no tolerarlo más.

Y me dijo: 

W: "Desde que te vi, pude notar que venías cargando con algo" (En este punto de mi vida ya había pasado por la primera escuela militarizada, aunado al abuso sexual en la misma, esta era la segunda institución militarizada en la que había ingresado poco antes de tratar de hacer mi examen de ingreso a la fuerza aérea)

Recuerdo que le respondí molesto: 

-"¡¿Qué sabes de mí?! ¡¿Crees que me conoces sólo por lo que leíste en mi expediente?!

Sin alterar su sonrisa o la calidez de su mirada me dijo:

W: Te sorprendería saber la cantidad de historias que escucho y que se comparten aquí, estoy al tanto de las cosas que llegan a ocurrir en lugares como éste"

- Si sabes todo lo que ocurre aquí ¿Por qué no levantas la voz? ¿Por qué sigues trabajando en este lugar? (pregunté)

W: ¿Tú crees que no lo he hecho? Me he metido en un montón de problemas por defender a los chicos que ingresan aquí, es sólo que esta institución tiene sus formas para esconder aquellas cosas que no son "tan evidentes". Pero el motivo que me mantiene aquí, es ciertamente ustedes, porque así como tú, yo también he pasado por mucho... y estando aquí, he encontrado la forma de ayudar a muchos que necesitan palabras de aliento para seguir adelante"...

En la conversación con la psicóloga, ella reveló que el verdadero secreto de la esclavitud de los hombres, y el éxito mismo de la institución, se basa en nuestro inherente deseo a querer probar constantemente nuestro valor porque todos deseamos profundamente ser amados... eso se logra mediante el rechazo de nuestros padres, y esto aunado a la creación de nuestra propia desaprobación mediante los juicios de nuestros padres, los cuales se ven reflejados en los rangos que expresan no otra cosa sino el deseo de satisfacer la imagen paterna.

Imagen que es reforzada mediante las violaciones que eran silenciosamente aprobadas por los oficiales... Puesto que a ellos les hicieron exactamente lo mismo... y por ese medio el ciclo se repite perfectamente, al forzarlos inconscientemente a buscar recobrar el poder mediante el mismo ejercicio y abuso de la fuerza que nos inspiraba a nosotros a querer y a desear matarnos entre nosotros

W: ¿Sabes por qué los hombres desean tanto poder? ¿Por qué necesitan tantas medallas y galardones?

- ¿Para hacerles saber a todos el valor y el coraje que han vivido, las pruebas que han superado y los retos que van más allá de lucir un hermoso uniforme?

W: JAJAJA, no realmente. Esas medallas no las usan para sí mismos, es decir, desde luego se ven en el espejo todos los días con ellos y se recuerdan esas pruebas, esos retos y responsabilidades, pero esas medallas son portadas no para sí mismos, sino para los demás…

Los hombres necesitan tanta aprobación, como carezcan del amor que no reciben de los demás. Las mujeres que llaman “hermosas” son únicamente parte de esas medallas que tanto necesitan lucir ante otros, aunque realmente no los hagan sentir cercanamente felices o satisfechos… créeme cuando te digo que sé más de eso de lo que te puedes imaginar.

Por eso me cansé de buscar por ese “novio perfecto” que se parecía más a lo que otros creían que una mujer como yo debía de tener, que a la simple dedicación y compromiso a mí misma de volverme y convertirme en la clase de mujer que quería ser, no para sentir ese amor de los otros, sino para poder amarme a mí misma, lo cual fue la clave para salir de la casa de ese hombre que me abusaba en mi propia casa y se hacía llamar mi padre…

Los hombres quieren poder, porque creen que eso les dará la oportunidad de ser vistos y apreciados por las mujeres que al mismo tiempo creen que necesitan tener y mantener a su lado, incluso si el sexo es tan malo como su pobre ímpetu en la cama, y es entonces que, cuando no pueden satisfacer esa idea que tienen sobre cuánto deben durar o cómo deben complacer a una mujer, que se vuelven violentos y abusivos, sólo para que la mujer, que también tiene miedo e impotencia ante un mundo determinado y dictaminado por las mismas estructuras del sistema, se sienten más seguras con las personas que las abusan, sólo porque parece que están “más seguros y confiados de sí mismos” que el resto de aquellos que siguen las órdenes directas de aquellos que, sienten las mismas inseguridades, temores y debilidades que cualquiera de ustedes, aún si son sólo cadetes, aún si son sólo niños… a quienes les enseñan cómo llevar y portar un rango…

- ¿Por eso es que siempre le dicen a los sargentos que deben golpearnos y castigarnos?

W: Y no sólo eso… lo que te pasó con tu compañero, lo veas ahora o no, también forma parte del adiestramiento…

- …

Esto fue lo mismo que encontré al visitar aquellas otras instituciones que son simple y sencillamente llamadas formalmente prisiones. Donde las violaciones a los internos, en especial en los centros femeniles, van más allá de la idea de que estos “abusos” son llevados a cabo unilateralmente por el oficial en turno…

Las mujeres me contaban como tras ser trasladadas en aquellos camiones de carga, de un sitio a otro, se les obligaba a desnudarse en fila frente a los oficiales y a hacer sentadillas frente a ellos con piernas abiertas, mostrando y exponiendo la intimidad de sus cuerpos, sólo para que ellos pudieran burlarse de ellas, minimizarlas, destruirlas y acabar con todo cuanto quedara de su amor propio…
Las hicieron sentir como menos que humanos, como menos que la basura misma que les obligaban a comer cuando decidían negarles las raciones de alimentos

Esa fue solo la primera de nuestras charlas... y no sólo me ayudó de esa forma, de igual modo me ayudo incontables veces para salvarme del abuso de algunos oficiales y sargentos... justificándome enfermo o llamándome a la biblioteca para hacer otras labores cuando sabía de antemano lo que algunos de los oficiales tenían planeado para nosotros en las marchas y prácticas de aquella institución… siempre que encontraba la oportunidad, me escapaba a su oficina para platicar con ella. Siempre era evidente que en realidad cargaba con mucho más que sólo la carga laboral, o incluso la carga que ya representaban sus propios problemas... porque cargaba con nuestras historias, y con todo lo que ella implica, sobretodo en una institución donde había no pocos que vivían en algunos de los barrios más violentos de la Ciudad de México, y quienes no sólo vivían la violencia en sus hogares, sino de igual modo en aquella Academia Militarizada

Desde luego no sólo me ayudaba a mí, porque sería demasiado hipócrita de mi parte decir que era el único sufriendo esos abusos, siempre levantaba la voz cuando así lo requeríamos, y salía a la defensa de aquellos que lo necesitaban, pero desde luego no podía ayudarnos a todos, y temo que, después de un tiempo, cuando los mismos oficiales la regañaban de ser demasiado “condescendiente” hacia nosotros, y de estar volviéndonos “débiles”, que ella tomó la iniciativa eventualmente de abandonar aquella institución.

Un día, después de algunos meses, finalmente presentó su renuncia, sin embargo me dejó su contacto y, me comprometí a que la vería al menos una vez fuera de aquella Academia, así lo hice, aunque solo la busqué y nos vimos en el centro de la Ciudad de México. Se encontraba esperando a su novio, y ciertamente quería irme de allí antes de que él llegara, no quería conocerlo, no quería verlo... tenía envidia, celos de la sola idea... ya saben cosas de púbertos...

Aquel día, cuando finalmente pude verla "sin el uniforme" en el cual había definido "mi seguridad", tal vez por el hecho de que "todos nos veíamos iguales" dentro de la institución, pero una vez que me quité "el disfraz" pude ver con claridad aquella absurda ilusión que había creado en mí, muriendo inmediatamente toda expectativa de "verme con una mujer como ella algún día".

Era obvio, ella era una mujer madura, y yo apenas un niño... pero por alguna razón eso no había sido "tan evidente" para mí cuando me encontraba adentro, tal vez porque parecía que simplemente estaba "obligada a hablar conmigo", pero la verdad es que, de no haber sido por aquella situación, jamás habría tenido el valor de dirigirle la palabra... me dijo en esa ocasión: no pierdas contacto conmigo, pero cuando me fui, jamás la volví a buscar...

Fue la única ocasión en la que pude darle un abrazo sin temor a que las miradas de los oficiales pudiera desaprobar semejante contacto...

Sentía demasiada vergüenza de mi mismo. No podía evitar sentir lo que sentía por ella, y aún peor fue el momento en el que llegó su pareja, porque vi ante mí la simple confirmación de que jamás sería "mía"

Sentía demasiada vergüenza de mi mismo, y “su belleza” me asustaba, sin embargo, me había hecho uno de los más hermosos regalos que jamás podría haber podido pedir... una vez que ella se marchó, no pasó mucho tiempo antes de que de igual modo abandonara aquella institución; cuando presenté mi examen de admisión a la fuerza aérea, una parte de mí "se resistía a seguir ese camino", y es que, aún cuando en aquel momento no era consciente de ello, “la imagen” de aquella mujer me había mostrado otro camino, un camino fuera de la violencia que conocía, fuera del camino que creía que estaba condenado a llevar hasta sus últimas consecuencias; ella fue el ejemplo para mí de una vida que, pese al dolor que había vivido, experimentado y conocido a través de todas nuestras historias, siempre podía seguir sonriendo y expresándose como sólo una mujer como ella podía hacerlo.

Estaría mintiendo si no reconociera que una parte de mí se sentía sumamente agradecido de no haber ingresado a la Fuerza Aérea, algo cambió... aún cuando ella no fue mía, la hice parte de mí... y sigue aquí conmigo aún cuando ya no está... quiero honrar esta visión... que es más que un recuerdo para mí...

Si existe algo que alguna vez podré llamar "amor", es ese regalo que se le hace al otro sin esperar algo a cambio, sin siquiera saber incluso cómo se le pueda estar ayudando... se pueden encontrar los más hermosos regalos aún en la más densa oscuridad, y se puede florecer aún cuando se es no más que una cactácea...

Gracias... gracias... gracias... donde quiera que estés... ¡¡¡GRACIAS!!!