lunes, 29 de junio de 2020

Escuchando/Sensibilizándome a mi corazón


En mitad del camino me encontré a este abuelito que recién abandonó su cuerpo, afortunadamente ningún auto había pasado encima de él. Lo levante y lo lleve en mi mano hasta el campo cerca del cual está la casa el cual me estoy quedando. Mientras lo llevaba en mi brazo, me sorprendió la ligereza de su cuerpo en comparación con la bolsa del mandado que llevaba en la mano opuesta.

Le cantaba y ofrecía una canción mientras lo trasladaba, mientras lo enterraba, mientras lo sentía, mientras le agradecía.

Ya no creo en las coincidencias, ni me interesa creer o pensar en ellas. Porque al final no se trata del momento que se presenta ante mí, sino de lo que decido hacer y proceder como "QUIÉN YO SOY" en dicho momento

Allí en el campo, antes de cubrirlo con la tierra sintiéndolo y sintiéndome, pedí permiso para tomar plumas; 3 de cada ala y 3 de la cola, así lo sentí dentro de mi; y así lo respeté, no tomé más.

Si no has visto esta película, te la recomiendo ampliamente. No, no se trata, ni pretendo una "lección de moralidad", se trata del simple y sencillo hecho de encontrar en uno mismo la sensibilidad para entender que somos el agua que bebemos, la carne que comemos, el aire que respiramos. Y si no aprendemos por todos los medios posibles a guardar ese respeto, incluso por y hacia el cuerpo de aquellos que ya no "caminan físicamente" entre nosotros. ¿Cómo los miraremos y los enfrentaremos una vez que nos encontremos con ello? Y no, no se trata de pujar por un "cielo o un infierno", sólo trato de traer a tu consideración que somos más que un cuerpo, más que energía, más que materia.

Un rayo de luz no construye un hospital, requiere de algo más que la inteligencia y recursos disponibles para tomar una decisión consciente de ayudar a otro, y hacer lo que es por simple sentido común, lo que es mejor para todos.