sábado, 14 de marzo de 2020

Mi jornada hacia la vida, Día 1926.

La velocidad con la que transcurren los acontecimientos siempre ha rebasado mi capacidad racional para entenderlos, aunque me queda claro que la mente recibe y capta mucho más que aquello que me he creído y considerado "consciente", siento que la velocidad de la mano para aterrizarlos es como ver a una tortuga correr contra un guepardo; siento que antes podía sentarme por horas a resquebrajar y desmenuzar una línea de acontecimientos, y ahora el trabajo y las rutinas y los compromisos, son apenas la excusa perfecta que me separa de la labor que de verdad siento el deseo de realizar, y que al mismo tiempo, a pesar de tener una y todas las oportunidades para hacerlos, me rindo ante esta experiencia de resistencia, a simplemente tomar la pluma y el papel para ponerme a escribir y bajar todo esto que acontece dentro de mí.

Este punto en el que siento mi mano demasiado lenta y mi cabeza demasiado torpe para tratar de hilvanar una infinidad de ciclos cerrándose y abriéndose en el día a día cual si fueran portales, me genera una gran frustración el sentir que "no voy lo suficientemente rápido", o que no voy "al ritmo necesario", ya ni se diga al ritmo al cual solía realizar las cosas al inicio de mi proceso, mucho debido a que, en efecto la "emoción" de ese primer momento de encontrarme con el grupo de Desteni pasa o concluye como cualquier otro momento. Y ahora, como si no fuera suficiente la confusión que estos caminos auguran con sus misterios, entre el patético y arcaico archivero que tengo por memoria, cuando trato de ponerme a bajar el sin sentido de estas experiencias y la indecible fortaleza e impacto que han supuesto en mi persona, me siento rebasado por esto que ahora siento y que, me veo innegable e inevitablemente impulsado a seguirlo y a confiar en ello sin importar a dónde me lleve; la vida acontece más rápido de lo que uno puede detenerse a explicarla y a entenderla, sin embargo, vale la pena realizar el esfuerzo de hacer esto, es decir, de sentarme a aterrizar y compartir la visión de aquello que me encuentro enfrentando dentro de mí, porque, si bien es cierto que la escritura sigue el sentido de una lógica lineal, a veces el detenerse a observar un acontecimiento en el silencio, y ciertamente en la lentitud de este proceso, paso a paso, momento a momento, me ayuda y previene para no descarrilarse del todo siguiendo ciegamente mi propia intuición, la cual a veces, incluso figura como el pensamiento "preventivo" en sí mismo.

Es absurdo creer que puedo explicar la vida, incluso, y me siento más absurdo aún cuando trato de explicar mi propia vida, me encuentro ante la puerta de este portal sin fondo con el potencial de revelarme los más obscuros secretos, y sin embargo, me siento tan desmotivado que es como si dentro de mi ya no me interesara tratar de explicar o comprender nada; porque siento que sólo trato desesperadamente de hacerme una opinión que pueda parecer "más real, más cierta o más correcta de la vida", y sobretodo después de haber visto, atestiguado y presenciado una serie de eventos en los últimos meses que, han roto nuevamente el paradigma mismo y absurdo de la vida aquella que haya podido tener el día anterior, y que seguramente cambiará al día siguiente y al siguiente, hasta que la única certeza que acabará con todas las otras certezas, es decir, la muerte, termine por demostrarme que no había ayer o mañana que importaran tanto como la oportunidad que tenía aquí en la vida, en cada momento que dejo ir, con cada respiro que no tomo en la sola iniciativa y voluntad de permanecer aquí, para ya no "escaparme" a mis propias divagaciones, porque es justo entre esas distracciones, que se me escapan las oportunidades para captar el mensaje que está aquí en y como la vida.