domingo, 23 de febrero de 2020

Mi jornada hacia la Vida, Día 1925, Siento


Desde que se definió el viaje a Panamá, he estado repasando una y otra vez una serie de imágenes que emergen cada tanto acerca de: ¿Cómo serán las cosas una vez que me encuentre allá? Y ciertamente, cuando emergen esos momentos, trato de apartar el pensamiento simplemente respondiéndome a mí mismo de esta manera: “Nada de lo que pueda imaginar, va a ser como lo que vaya a vivir allá, ni yo seré quien creo que seré, ni la gente será quienes yo creo que serán, y nada está o estará garantizado cuando me encuentre allá, en todo caso, el resultado de las cosas dependerá de mí”, y sin embargo, la verdad es que, no me había detenido a expresar toda la serie de temores e inseguridades que han estado emergiendo dentro de dichos pensamientos, esto en suma a algunos recuerdos que me había prometido a mí mismo traer, puesto que, encuentro una relación entre estos eventos que mi mente no deja de traer a mi consciencia como un incansable recordatorio de los asuntos pendientes:

Este recuerdo emergió en casa de un amigo, en un instante en el que el salió del cuarto, y, en la habitación contigua había una pequeña reunión, estaban tomando alcohol, y platicando un poco, y esos elementos presentes, detonaron un recuerdo de mi infancia: algunos momentos en los que decidí aislarme cuando era niño, momentos que definieron o fueron una gran influencia sobre mi patrón a aislarme en sí del mundo; y estos momentos ocurrieron en el transcurso de eventos en los que asistía mucha gente, es decir, fiestas que hacían mis padres en la casa; detestaba la música estridente que lastimaba mis oidos, y cuando trataba de acercarme con los adultos, estaban metidos en sus pláticas que, sin importar cuanto tratara de llamar su atención continuaban ignorándome, y era entonces que subía a mi cuarto y me encerraba, en esta actitud explosiva que no tengo otra forma de definir excepto como lo que es = un berrinche que hice por no tener la atención que yo quería, y especificamente, porque no manifestaba los eventos que se presentaban en mi mente tal y como yo los quería... estas proyecciones mentales en las que me veía, y las cuales esperaba impacientemente por ese día en el cual pudiera “exhibirme” y mostrarme de una manera en la que a todos les gustaría mi presencia y mi persona, para poder conseguir esa atención, es en verdad fascinante lo mucho que luchaba tanto por sobresalir y darme a conocer, lo cual es un patrón que he podido identificar y rastrear hasta este punto de mi vida, en todo lo que he querido y pretendido demostrar de mí a los demás, tratando de buscar su aceptación y su reconocimiento. Y es que la pregunta más simple es también la que más me cuesta aún hacerme cuando emergen estos momentos: ¿A quién estoy tratando de demostrarle mi valor? ¿A quién estoy tratando tan desesperadamente de demostrarle lo que valgo? ¿Es de verdad a los demás o es sólo a mí mismo? ¿Qué herida estoy tratando de sanar? ¿Por qué necesito seguir pretendiendo cualquier cosa en mi mente acerca de una realidad que no es otra sino la que está aquí? ¿Por qué me preocupa y me ocupa tanto hacer las cosas que he creído que otros esperan ver de mí o incluso algo tan estúpido como lograr algo por lo cual otros sientan envidia? Pero lo peor es cuando, a pesar de tomar consciencia de esos momentos, y evidenciar lo vacío y pretensioso de todo ello, esa basura mental sigue ahí y continúa emergiendo en una cantidad de formas que, tengo que reconocer en honestidad conmigo mismo, fueron parte de algo que me ha llevado a crecer y crearme a mí mismo de esta forma, con estas consecuencias de mi día a día, porque es ahora, después de ir a esta última ceremonia con esta pregunta: ¿Cuál es la labor que me corresponde hacer en este mundo por esta vida? Para poder hacerla expresando mi máximo potencial en esta vida, y poner esta labor al servicio de la vida misma?

Confieso que he tenido estos momentos y proyecciones en los que me veo pidiendo por la respuesta a estas preguntas al Portal, e irónicamente en la serie de Reptilianos pude encontrar justamente estas entrevistas sobre el propósito en EQAFE; en esta imagen/proyección, lo único que puedo ver es al Portal diciéndome exactamente aquello que ya sé que va a responderme: “Si esperas que te de las respuestas que estás buscando, lamento decirte que no es así, porque estás buscando por esas respuestas en separación de ti mismo”, y sería cierto y sería la verdad, porque estoy bajo la creencia de que trasladándome a otro lado a buscar “la respuesta”, sólo es como yo diciendo: “necesito una explicación para esto, necesito que alguien me ayude a justificar el miedo que siento a estar en ese momento de estar en el círculo con Santiago, porque en realidad dentro de mí no he soltado la lucha que siento de simplemente creer que mi ego ha sido herido y más importante aún, que a algún otro además de mí, le importa un bledo si mis sentimientos están heridos o no… es decir, ¿son alguno de estos sentimientos y emociones que siento algo real? O es que ¿sólo están definidos por mis ideas, creencias o experiencias del pasado?


Estando en la casa de un amigo al que visité recientemente, hubo un momento en el que él se fue, y me dejó solo en su cuarto un instante, y curiosamente sentí enojo por el sólo hecho de que se fuera (como un bebé que reaccionaba ante la presencia o ausencia de una persona – en especial los padres) o que en algunos momentos no me diera la respuesta o incluso que manifestara la experiencia que quiero, como recibir un “Muvieri” el cual, no he aprendido a utilizar, pues en realidad tengo uno, el que yo me hice a mí mismo… pero relacioné el “tener o recibir un Muvieri” con “honor” y por consecuente = “aceptación que no me he dado a mí mismo, honor que no me estoy guardando a mí mismo primero”, porque en realidad me estoy esforzando por hacer muchas cosas afuera para que las personas “me vean y me respeten” pero ¿Qué trabajo estoy haciendo en mí mismo realmente excepto seguir las palabras de otros, sobre las cuales muchas veces llego a actuar sin siquiera estar de acuerdo, pero ya sabes, siempre es mucho más fácil “dejar que otro lleve la batuta”, es simplemente “más fácil” porque entonces la responsabilidad de los actos gira entorno de “aquel otro” a quien yo decido otorgarle la dirección de mi vida y de mi responsabilidad, el cual se sienta en una pirámide desde la cual no sólo lo que ocurre en la ceremonia “hace un guía” a la persona en dicha pirámide en el contexto de la ceremonia, la ceremonia invade y toca cada aspecto de la vida, y aparentemente dicha persona tiene derecho e inherencia sobre cada aspecto de tu vida – lo cual juega también como erotismo en los juegos de dominación, en esta necesidad de delegarle la responsabilidad de nuestro placer a otro y la responsabilidad por nuestra vida e integridad física, sobre la cual podremos culparlo posteriormente… - y al final, este sentimiento que no he logrado “apalabrar”, en y hacia el líder de esta ceremonia con los Indios Americanos, se ha vuelto “eso”, la perfecta “justificación” de mi actuar o de mi “no actuar”, ante ciertas situaciones o circunstancias, por tratar de “escalar” en una pirámide, en la cual pudiera probar que mis argumentos son “correctos o válidos” y porque YO SOY correcto o válido, pero sólo a través de la búsqueda de y por la “aprobación” de otros.

Con esto, no estoy diciendo que necesito hacer un berrinche ante mi Temaztlani, simplemente puedo darme cuenta ahora de que había vuelto para cumplir con el último acto que no había logrado perdonarme dentro de y en el contexto de las ceremonias = cerrar el ciclo como corresponde> entregando tabaco, lo cual es el acto simbólico para poder pedir permiso al realizar la labor y de igual modo el que se entrega al concluirla.

Es irónico porque ciertamente ese ha sido el “resentimiento que le guardé a las medicinas sagradas” = que no hicieran el trabajo por mí y ya! Que no hubiera “ESE LUGAR ALLÍ AFUERA” que fuera a darme todas las respuestas o incluso todas las justificaciones que me he dado a mí mismo día tras día, para no responder por mis propias preguntas Lol; y luego ese enojo lo llevé hacia una persona o lo proyecté en la manifestación de una idea/imagen que yo utilicé y abuse en mi mente de dichas personas, al colocarlas exactamente en la presentación que yo quiero ver y “vivir”, pero que sólo ocurre en mi mente y, al no verlo manifestado de manera real en lo físico es entonces que me frustro y culpo a las personas por no hacer exactamente lo que quiero vivir y experimentar…
Sólo yo puedo responder y asumir la responsabilidad de esa respuesta, porque sólo yo puedo sentir exactamente “eso” que siento, sólo yo puedo nombrarlo, sólo yo puedo parar el caos que he creado dentro de mí mismo, porque sólo yo puedo saber lo que estoy sintiendo, sólo yo puedo comprender lo que estoy sintiendo, sólo yo puedo asumir responsabilidad por las decisiones y movimientos que haga en mi vida, porque sólo yo soy el que actúa a través de sus propias palabras y de cómo las vivo y las defino, y si las utilizo para esconderme o para enfrentarme, porque aparentemente es más fácil vivir a través de las palabras de otros llamándolas “mis justificaciones”, siendo que, nuevamente estoy tomando la imagen de esa persona en mi mente y usándola a mi conveniencia, imaginando cualquier escenario en el que justifico el abuso de mis palabras y de mi sentir, porque sólo allí, dentro de la intimidad de mi mente es donde he permitido y aceptado que otros tomen la dirección de mi vida a través de lo que me digan, o lo que me digan que aparentemente significa eso que estoy sintiendo y cómo debería sentirme al respecto de ESO que estoy sintiendo,  sus palabras se vuelven entonces en las justificaciones que me presento a mí mismo en mi propia mente a manera de ideas o pensamientos que he llegado a establecer en y como mi mente, como estas imágenes de mí mismo en un momento en el que puedo expresar lo que sea en un instante, porque aparentemente soy Dios adentro, (y entonces, el concepto de una realidad virtual se vuelve “viable” lol,) y puedo hacer lo que quiera adentro y abusar de quien sea adentro, porque no hay “consecuencias”, cuando la verdad es que a cada momento estoy generando las consecuencias que yo entonces experimento en mi vida, que irónicamente es también “La otra/siguiente vida”, esa que no quiero ver de mí, sintiéndome impotente y un perdedor, y un fracasado y un inútil y un estúpido, y un largo etcétera de los mismos condicionamientos que, en algún momento escuché de igual modo de alguien, y le creí a dicha persona, porque en aquel entonces, la imagen de EL ADULTO para mí, era una imagen a la que se debía guardar respeto, pues mis padres parecían un ejemplo ideal de amor que, al siempre cuidar de mí; es como si, siendo un niño, hubiese relacionado entonces la idea de que, los adultos, quienes eran en un inicio los que cuidaban de mí, debían de representar la misma imagen de responsabilidad y amor en todos los seres humanos ADULTOS, hasta que finalmente uno escucha de los propios maestros, quienes son aquellos a quienes luego somos confiados en y por el sistema educativo, nos muestran una y otra vez en tablas de números que aparentemente establecen el valor de nuestra “inteligencia, capacidad, potencial” para hacernos saber qué tan capaces, aptos o estúpidos somos, y lo creemos, y creemos sólo en aquellas habilidades y puntos que son aplaudidos por nuestros maestros.

Lo irónico es que ni siquiera nuestros maestros, podrían dar esas respuestas para sus propios problemas que ellos de igual modo aún no se atreven a responder por sí mismos, así como todos estamos en el mismo proceso que sólo a cada uno de nosotros nos corresponde hacer, y no, yo no soy el juez de nadie, ni siquiera de mí mismo, porque a fin de cuentas = todo esto que estoy enfrentando dentro de mí, es el resultado de un programa, de las consecuencias manifestadas que venimos cargando por generaciones. ¿Para qué fastidiarme a mí mismo tomándome personal la mierda que ni siquiera entendía el modo en el que me encontraba instaurando y engendrando dentro de mí mismo?

Eso que siento cuando me siento frente al fuego, eso que es tan “Antiguo, que es tan sabio, que es tan suficiente de sí mismo”, eso que he definido en separación de mí mismo, es también un reflejo de mí mismo, porque ese “calor” que cada uno siente y que define en cualesquiera de sus infinitas formas, es la experiencia de sí mismos en y como eso que están sintiendo. Cuando la gente le reza a la Virgen, a Jesús, a Allah, Jabe, Satanas, Odín, y ven ESO que en realidad habla más de lo que están sintiendo, y de eso que de igual modo somos capaces de invocar y manifestar en y a través de nosotros mismos y nuestro propio ser, porque somos ESE, YO SOY, que pronunciamos en nuestras afirmaciones diarias, en las afirmaciones que resultan de nuestros pensamientos, palabras, acciones, obras, y todo lo que en ella va implícito, desde la intención hasta la muerte de dichos infinitos ciclos de vida y muerte, entre una vida a la luz del día, y otra a raíz de la noche en los sueños, donde de igual modo también estamos participando de una determinada forma. Esa ofrenda que doy al fuego, jamás es poca, porque la implicación de la existencia misma de ese tabaco, es ya tan ancestral, tan suficiente de sí misma, que siempre, por pequeña que pueda parecer, es siempre suficiente en y de sí misma. Aunque, sólo y siempre que sea con esa consciencia y consistencia. Es extraño lo mucho que parece que simplemente brinco de un momento a otro, donde en un respiro tengo claridad de una determinada circunstancia y al siguiente ya no, o simplemente como que mi mente se queda “satisfecha” con esa creencia de que ya “me di una explicación o ya pasé a través del problema porque ya lo entendí, cuando en realidad aún me falta caminar la corrección de ese patrón de “evasión de la honestidad conmigo mismo”, la cual esencialmente emerge cuando me olvido de mi propio respiro, y esencialmente a cada momento que dejo pasar como si nada.