viernes, 20 de diciembre de 2019

Mi jornada hacia la vida, Día 1917, ¿Por qué la vida se siente como una prisión?

Hay una pregunta que, no ha dejado de dar vueltas en mi cabeza en lo que va de los últimos 2 meses. ¿Qué es lo que quiero realmente en la vida? ¿Qué es lo que espero realmente de este mundo? Y me resulta fascinante que, cada proyección, idea o experiencia que pueda enunciar a manera de "deseo" en torno a la vida misma, es una producción que se me ha enseñado a desear, que se me ha incitado a alcanzar, todo para poder "encontrarme allá afuera" "alcanzarme a mí mismo allá afuera".

Es fascinante porque, cuando trato de ver más allá de aquellas cosas que, aparentemente definen "el sentido máximo de completud, satisfacción y éxito que un ser humano es capaz de alcanzar", lo único que puedo ver es un robot orgánico, que desespera por conseguir alguna suerte de "seguridad y control" sobre mi propia existencia...

¿Será acaso que, el mayor deseo es reconocer y saberme responsable del resultado que imprimo en este camino que es la vida a través de mis palabras y acciones, sólo para entender y llegar a la simple y sencilla conclusión de que = No existe nada, ni nadie por encima de mí más que yo mismo, que el único que se pone y se ha puesto el pie a lo largo de su vida, he sido únicamente yo, y que el resultado último de mi experiencia sobre esta existencia depende única y completamente de mí?

Porque lo fascinante es que al colocarme a mí mismo en y sobre el camino que dicho proyecto augura en aras de un "éxito" allá en la distancia, me doy cuenta (y aún más en los momentos que me veo alcanzando aquello que, creí desear) de que me encuentro con una gran "desilusión". Porque veo en mí una expectativa que, de hecho antecede a toda experiencia o proyección futura de este supuesto éxito, y ésto es: El deseo de que todo termine. Incluso, el deseo de dar MUERTE y TERMINO al sistema mismo en el cual nos encontramos inmersos. Como si una vez alcanzado aquel punto que me vi proyectando en el pasado, que ahora resulta en mi presente, fuera no más que un salto de fe, a la esperanza de poder hallar la cúspide que satisface definitivamente toda frustración, todo pesar, todo temor y es decir, absolutamente toda experiencia de "sufrimiento" en este mundo.

Si se me permite aventurarme en dimensiones un tanto más turbias en derredor al deseo mismo de dar la muerte a otros (cualesquiera) individuos que he percibido en forma alguna, poseedores de alguna suerte de control sobre mí, la vida o mi experiencia dentro de ésta; me he topado con un descubrimiento fascinante alrededor de estas experiencias que, he venido a descubrir existen en todos y cada uno de nosotros (sino de manera presente o incluso consciente, persiste como potencial manifiesto en la sola manifestación de la corporeidad que supone el cuerpo, el PODER que supone ser y haber nacido "HUMANO"). Y es que, en realidad cada uno de nosotros, somos el prisionero, el guardia, la institución y el PODER tanatológico = El poder de dar muerte a otros, que es en realidad, el PODER sobre LA VIDA misma de OTROS, el cual supone el poder y control sobre mí mismo...

Quítale a este mundo todos los seres humanos y ¿qué queda? ¿Tendría sentido alguna institución, gobierno, país, frontera, escuela, hospital, cementerio o lo que tú gustes y mandes? 

Bien dicen que, la felicidad es en realidad un proyecto en sí mismo inalcanzable, y mucho menos en el contexto que ha venido desarrollando la modernidad como aspiración de la "felicidad", ya que, ninguna de estas experiencias en torno al "éxito", me dicen más de mí mismo, que el hecho de que, por supuesto puedo programarme a mí mismo a fin de ajustar las condiciones necesarias que me llevarán hasta ese sitio que pretendo donde, según mi mente, existe "PODER y CONTROL" de mi experiencia de vida, pero lo irónico es que una vez que en mi mente ya ha fabricado la imaginación en un determinado punto de "éxito", mi cerebro ya está desplegando la "máxima cantidad de endorfinas" que es posible de hecho experimentar dentro de dicha "imagen" y, al encontrarme allí, realizando incluso aquello que imaginé y preparé previamente, me topo con el hecho de que, "No se siente ni más elevado el sentimiento, ni más intensa la experiencia". Es como cuando uno se masturba pensando en la persona amada, ya sabes, la musa más improbable, más deseada, más requisitada, pero una vez que se tiene la relación sexual, física y real con dicha persona, puede en efecto satisfacerme temporalmente, pero no lo hará por siempre, e incluso uno descubre que ha tenido mejores orgasmos cuando uno se limitaba a fantasear con dicha persona, que en la experiencia misma de la relación consumada (lo cual es algo que vine a comprobar recientemente, cuando una de las mujeres a quien idolatraba en y bajo el halo de la más perfecta manifestación femenina encarnada, de pronto quedó para mí descartada por todo el tsunami de juicios, comparaciones e ideas que desbordó mi mente al contemplar la "imperfección" de la realidad en comparación de la fantasía)

No hay nada más desalentador, que descubrir que uno se encuentra obsesionado de la fantasía misma, la cual jamás podrá de hecho alcanzarse en forma alguna... porque simplemente no es, ni puede, ni será alguna vez REAL...

Si eres de esos estúpidos que creen que la vida es sentimiento y que lo que sientes según tu mente es real, no te preocupes, ya puedes cerrar este post, nada de lo que diga aquí va a convencerte de lo contrario. Pues lo único que sabemos a ciencia cierta, es que el límite de nuestras percepciones es determinado por los sentidos mismos que, el cuerpo y la mente, son capaces de proveernos, pues así como existe un límite al espectro sonoro perceptible por nuestro oido, de igual modo existe un límite para la gama visual de los ojos, o el tacto y, desde luego la mente no puede sino pensar en el sentido mismo de la programación instalada desde el lenguaje grafológico, visual, táctil, sonoro, etc, que se ha instaurado en nosotros al contexto mismo de la sociedad y la cultura en la que hemos crecido. Es por esto mismo, que jamás habremos de entender y experimentar "EL TODO", ni podremos alguna vez alcanzar de hecho "LO REAL", en tanto haya mente QUE DICTAMINE, LIMITE Y DIRIJA EL CUERPO.

En cada visita que realizo a una nueva prisión, cada vez más evidente se vuelve la similitud que este dispositivo llamado "la cárcel", comparte con nuestra vida diaria. Porque de hecho, la prisión es una estructura que deriva directamente del sistema educativo (para abordar de manera más amplia este punto, les sugiero leer Vigilar y Castigar de Michel Foucault).

¿Por qué la vida se siente como una prisión? Porque lo es... una prisión que creamos todos y cada uno de nosotros, cuando salimos a la calle y juzgamos las acciones de tal o cual individuo. (que son de hecho también nuestras acciones, palabras y contexto, el que hacen posible dicha manifestación y reconocimiento de aquello que, si bien podemos juzgarlo y señalarlo en el otro, es porque simple y sencillamente se encuentra instaurado en nosotros) Es decir... ¿de verdad alguna de esas pinches empresas, instituciones o gobiernos tienen más control sobre nosotros que el orden que nosotros mismos hemos aceptado y permitido en nosotros mismos como la sociedad, gobierno y país que de hecho SOMOS Y REPRESENTAMOS, tal y como NUESTROS REPRESENTANTES Y GOBERNANTES NOS MUESTRAN Y REFLEJAN QUE SOMOS EN REALIDAD? 

Si de verdad existiera en nosotros el deseo de parar el Narcotráfico, ya lo habríamos hecho, dejando de consumir las mismas substancias que han llenado los bolsillos y proveído las armas, física  y psicológicas, para delegar el control y el poder sobre aquellos que "NOSOTROS HEMOS ELEGIDO PARA QUE TOMEN DIRECCIÓN Y PLENA DICTAMINACIÓN DEL CONTROL DE NUESTRAS VIDAS". Porque en realidad, lo que deseamos más que ninguna otra cosa, es que alguien tome el control de nuestras vidas, que alguien tome el PODER y LA RESPONSABILIDAD POR NOSOTROS. Tal y como añoramos aquel primer momento en los brazos de nuestra madre que nos alimentaba con la leche que manaba de su seno, sabiéndonos indefensos y vulnerables, protegidos y acogidos por un ser que ha sobrevivido más que nosotros, que comprende, domina y puede más que nosotros... ese es nuestro deseo de "volver a la comodidad de la satisfacción inmediata" que nos enseñamos a nosotros mismos a replicar, con el llanto y la queja que, al igual que cuando eramos bebés, entendimos que, al quejarnos, emberrincharnos y frustrarnos, podíamos simplemente demandar y atraer "la atención" de nuestros protectores para satisfacernos...

Por eso es que nos quejamos del gobierno en turno, por eso nos quejamos del sistema económico, por eso es que imponemos resistencia. Porque si no existiera resistencia ante el PODER, el sistema mismo no tendría sentido, porque, en el dominio absoluto de todo ¿Qué sentido tendría un líder? ¿Qué sentido tendría un gobierno, un sistema o una institución? Somos nosotros con nuestras quejas que hacemos posible el CONTROL que hemos DELEGADO a otros.

Dicen por ahí que "El jugar a hacer de nosotros mismos la víctima, es una de las drogas no farmacológicas más adictivas de todas, porque nos LLEVA a buscar "LA SATISFACCIÓN TEMPORAL", separándonos de la realidad que supone nuestra responsabilidad por la cárcel PASIONAL en la que nosotros mismos nos hemos encerrado...

Queremos que nos controlen, porque tenemos miedo de nuestras propias mentes, cuando vemos cómo emerge el ENOJO, EL DESEO, LA ANSIEDAD, LA FELICIDAD... TENEMOS MIEDO A VIVIR Y POR ESO HEMOS ESTABLECIDO UN CONTROL, QUE SOLICITAMOS Y DEMANDAMOS, SE IMPONGA SOBRE NOSOTROS CON TODO EL RIGOR Y EL PESO DE LA AUTORIDAD QUE NOSOTROS MISMOS HEMOS ARMADO Y DOTADO DE LA CAPACIDAD PARA EJERCER LA VIOLENCIA ANTE EL DESACATO DE NUESTRAS PROPIAS NORMAS, TODO PARA QUE EL MUNDO "FUNCIONE".

Continúo con este punto en el próximo post. Gracias por leer

Para más contexto, estas entrevistas les recomiendo ampliamente escuchar con atención estas conferencias: