martes, 29 de enero de 2019

Mi jornada hacia la vida, Día 1146, Mi relación con el dinero 4



Ayer en la noche, tras escribir aquí, en este mismo blog la publicación anterior, de pronto tuve esta imagen dura, pero a la vez sensata de mi actual posición y condición con respecto al sistema; de pronto tuve frente a mí la imagen de un "modelo atrasado", un diseño y proyecto de humano que comienza a envejecer y desvanecerse con el avance tan acelerado de las tecnologías (en los diversos rubros y aplicaciones de la misma) y es entonces que comienza a manifestarse una discontinuidad, como esta suerte de obsolescencia de los conocimientos previos que, por condición de la moda y la estética entorno a esta desesperada búsqueda de nuevas y diferentes experiencias sensoriales, vuelven de tantas generaciones, incluso de aquellas que tuvimos la oportunidad y privilegio de una educación privada e incluso de concretar alguna carrera; este viejo modelo que se ve tan pronta y expedidamente reemplazado como hoy día ocurre con cualquier celular, computadora o tableta.

Y palabras más, palabras menos, no pude frenar las lágrimas que comenzaron a salir de mis ojos al tiempo que sentía esta impotencia corriendo desenfrenada por mi cuerpo. No sólo veía en mí mismo  un mediocre, me sentí en toda la extensión de la palabra como uno, todo esto mientras por mi mente me inundaban estos pensamientos en los cuales me encontré frente a un extraño recuerdo, un extraño y motivador recuerdo de aquel tiempo en el cual disfrutaba de la más simple, e incluso hoy para muchos, tal vez labores que resultarían desagradables o denigrantes al "ego", porque en aquellos tiempos, tan poca era mi preocupación por el dinero, que sin importar lo mucho o poco que se ganara de aquellas pequeñas labores, me sentía en lo más mínimo consternado por la opinión externa entorno a una actividad que, más que por obligación la hacía por diversión, y más que por dinero la hacía por la promesa de un gozo desconocido para muchos, a veces sólo se trataba de la anécdota de un reto estúpido impuesto a mí mismo para hablar de aquella tontería impensable, que mientras otros la hacían por una verdadera condición de necesidad, yo la hacía a privilegio y sabiendas de que me esperaba con certeza el plato de comida caliente en casa.

Realicé muchas labores desde que era niño, ayudando en proyectos de albañilería, levantando basura en las calles, atendiendo animales abandonados y enfermos o incluso simplemente saliendo a hacer alguna pirotecnia en los semáforos en compañía de algún amigo. No se trataba del dinero, se trataba de la aventura, se trataba de la experiencia y de regocijarme incluso ante el rostro de aversión de las personas que me conocían, que me criticaban y apartaban de su "esfera privilegiada" de relaciones superfluas. Tal era mi rabia de no encajar y poder "pertenecer" a dichos círculos de relaciones, que tal vez ingenuamente, me trasladé al polo opuesto de aquel círculo y busqué aquello que, para el resto simplemente sonaba como "la actividad impensable" y "condición obligada y desafortunada de gente supuestamente inferior a ellos". 

No sé decir exactamente que inspiraba aquel gozo, tal vez era encontrar en la aversión de sus rostros al contemplar a "uno de los suyos" revolcarse en el fango y codearse con quienes supuestamente debían permanecer lejos de nuestras "seguras y cómodas" ideas y creencias de orden, jerarquía, condición social y qué se yo; incluso recuerdo a un compañero de la escuela que, en medio de aquellos espectáculos que me gustaba dar, se acercó a mí con temor y cierta ansiedad diciéndome que: "yo no pertenecía al mundo de aquellas personas, que yo no pertenecía al mundo de esos otros, que mi familia era gente buena y educada, que venía de y pertenecía a otros círculos porque yo no había nacido en la pobreza o en el conflicto y la violencia", pero lo ignoré, un tanto por necedad mía, pero también porque tras las primeras horas e incluso algunos días de convivir con aquellos "otros", simplemente comenzaba a sentir que "los fuertes" eran ellos, que aquellos de quienes valía la pena aprender y reconocer su ejemplo (pues algunos debían incluso cuidar de sus familias a una edad muy temprana) era ellos y no de todos esos otros "buenos ejemplos" que nos daban en la escuela...

Es extraño como la percepción de y a través de este filtro que es el ego, comienza a sentir y experimentar inutilidad cuando se trata de permanecer y acatar las "normas" de dichos círculos a los que ahora he querido y buscado pertenecer, cuando antes de que surgiera en mi el temor y la consciencia del dinero, todo parecía en realidad mucho más... claro... nítido y horizontal...

Ahora, en esta etapa de mi vida, me preocupa mucho no tener y ganar tanto dinero como algunos de mis compañeros, me preocupa y angustia los comentarios de mi madre cuando me echa en cara los logros de este y aquel hijo de alguna de sus amistades y, es que simplemente no entiendo, cuando fue que demostrar lo que se tiene y lo que no se tiene, se volvió tan importante, aún más que compartir, aún más que apoyar y ayudar a aquellos que, a diferencia de uno, verdaderamente no tienen nada. 

Esto fue algo que no compartí antes, y ya expandiré más acerca de ello en el próximo post, pero uno de esos motores y motivos, por extraño que pueda parecer, fue la experiencia de "el amor", el amor como este enamoramiento de y entorno a la aspiración y proyección de un futuro con alguna pareja ideal; ya sabes, la chica de ensueño (o chico según corresponda), la vida de ensueño; y es que esa energía es tan... egoísta, que a veces la felicidad misma, sobretodo en su faceta más engañosa que se desprende y mimetiza en esta cara de "el éxito", deja a muchos fuera de la jugada simplemente para crear "esa posición", ese "lugar de gozo" que depende de la miseria y del fracaso de tantos otros... y es que no entiendo como el amor puede ser algo hermoso cuando se le mira ahí, justo allí donde es necesario acaparar y poseer a la persona amada, para la experiencia deseada... no entiendo este sistema, no entiendo y me frustra aún más no entender que mi desesperado deseo de pertenecer a él para sobrevivir, dependa tanto de entonces renunciar a algo tan fundamental como lo es el dinero para mantener la vida, y aún más fundamental que permanecer vivo... permanecer humano...

Me perdono a mí mismo por haberme aceptado y permitido a mí mismo sentirme estresado al sentir que no tengo y no gano tanto dinero como otras personas y compañeros con quienes convivo o con quienes cursé la carrera y que tienen algún empleo que les permite viajar y conocer el mundo, porque entonces no tener dinero me hace un fracasado que no vale la pena en este mundo y que no vale nada en este mundo

Me perdono a mí mismo por haberme aceptado y permitido a mí mismo sentir que no valgo nada si no tengo o no poseo algo que me haga ser reconocido por los demás como alguien "exitoso"

Me perdono a mí mismo por haberme aceptado y permitido a mí mismo sentirme angustiado y triste al escuchar a mi madre compararme con los hijos de sus amigas que tienen ya un empleo, un auto o incluso casa propia, porque debería de tener lo mismo que ellos, ya que cursé una carrera en una universidad privada, sin de hecho ver y darme cuenta que mis posesiones no definen mis capacidades o mi potencial como ser humano

Me perdono a mí mismo por haberme aceptado y permitido a mí mismo creer que no tener trabajo, dinero o posesiones materiales como las de otras personas, quiere decir que soy inferior a ellos

Me perdono a mí mismo por haberme aceptado y permitido a mí mismo definirme de acuerdo a la cantidad de dinero que tengo o que no tengo, porque aparentemente tener dinero me hace mejor y superior a otros seres humanos, sin ver y de hecho reconocer en honestidad conmigo mismo y simple sentido común, que tener dinero simplemente significa que tengo acceso a recursos que en realidad deberían de estar disponibles y al alcance de todos incondicionalmente

Continuo en el próximo post