domingo, 21 de abril de 2019

Mi jornada hacia la Vida, Día 1871, Más allá de los límites

A veces olvido con facilidad la importancia del silencio, me refiero a la capacidad de observar el tránsito de los pensamientos sin involucrarme con ellos, sin tomármelos personales; dicho de otra forma, esos momentos en los que pese al ruido, drama y el conflicto interno, permanezco en la estabilidad sin hacer otra cosa más que mantenerme en silencio y observar ¿Qué me está diciendo este pensamiento acerca de mí?

Y aunque pueda sonar contradictorio, la necesidad de olvidarme de la rutina, para ser más eficiente en la rutina misma; es decir, donde el proceso no se vuelve acerca de "caminar un proceso", tanto como el sólo hecho de "encontrar una oportunidad y darme a mí mismo esa oportunidad en y durante el proceso, para explorarme, conocerme, y liberarme a mí mismo de las cosas que desespero por encontrar solución", específicamente enfocado en este punto en particular que es "el conflicto interno de los pensamientos violentos"

Una situación así ocurrió recientemente, en la que me encontraba haciendo la rutina diaria de entrenamiento, cuando sin previo aviso emergió esta masa conflictiva de emociones y pensamientos, sobretodo aquellos desprendimientos de las memorias pasadas de diversos conflictos aún irresolutos en mi vida, o mejor dicho, aquellos puntos y recuerdos que no he explorado en la intimidad de la honestidad conmigo mismo, perdonando lo necesario, caminando a través de aquellos momentos de vergüenza, de dolor, de pena, etc.

Me llamó la atención lo fácil que mi mente quería ir en su inmediata persecución, es decir, cómo tan pronto las imágenes y las voces mentales comenzaron a emerger, quería de pronto verme plantado en la posición de y cómo éstas, cómo a pesar de la naturaleza de los pensamientos y el conflicto, aún quería imaginarme a mí mismo en aquella posición donde dentro de las memorias en las que había sentido o percibido algún abuso, querría imaginarme en la posición opuesta, es decir ahora yo siendo el victimario de aquel o aquellas personas, para imaginarme y expresar lo que según los extensamente enraizados discursos de la masculinidad significa y define el concepto mismo de "el control".

Hay un motivo por el cual me he determinado a mí mismo en estas últimas semanas a trabajar aquellas partes de mi cuerpo que por lo general "no me gusta hacer", y pese a evidentemente la necesidad que implica mantener el cuerpo en condiciones óptimas de equilibrio y destreza homogénea en la totalidad de su expresión, pues curiosamente aquellas partes que solemos relegar y dejar sin un pleno fortalecimiento, son aquellas que al momento de requerir ese último esfuerzo para alcanzar ciertos objetivos, resultan en las primeras en flaquear y doblegarse ante la demanda del desgaste y el esfuerzo, resultando en los casos más extremos incluso en lesiones que paralizan no sólo la extremidad que flaquea, aunque ciertamente es imposible decir que se ha visto "debilitada", puesto que jamás fue fortalecida en primer lugar; sino que esas lesiones terminan por paralizar la totalidad del cuerpo, resultando en una consecuencia general de un punto particular. 

Este motivo/interés de empujarme más allá de esos límites que yo mismo he colocado a mi propio cuerpo al someter mi voluntad ante la pereza y o la flojera de empujarme a trabajar y ejercitar justo aquello que me provoca pereza o incluso indiferencia (alimentada por demás con pretextos y excusas de cualquier índole como: "de todos modos siempre he tenido piernas delgadas" "no hay problema, de todos modos es un músculo que puede ejercitarse por medio de otros ejercicios"); ha sido primordialmente porque me el hacer estos ejercicios, me ayudan a mantenerme "humilde", ya que curiosamente ante el desgaste y el esfuerzo que implica empujarme a través de esos límites, la consecuencia directa es que me deja lo suficientemente agotado y fastidiado como para todavía involucrarme con el conflicto interno de la mente... porque tal y como vino a mí al momento de notar estos pensamientos emergiendo en mi interior, el silencio simplemente devino y transitó de manera suave aún en la presencia del conflicto. No tenía ganas de perder la energía que necesitaba para concluir el ejercicio pensando en cosas que sólo terminan por desgastarme más de lo requerido.

Incluso, aún en los momentos en los que me vi queriendo "consentirme" y "compadecerme" dejando la rutina por la mitad, me empujo a terminar el ejercicio y la totalidad de las series y repeticiones aunque eso me deje en el suelo, porque sé que si no lo hago, esa "energía" que la mente busca "ahorrar", se utilizará para algo que al final terminará por alimentar aquellos pensamientos conflictivos.

Estoy aprendiendo a ser laxo con mi rutina, para poder regalarme a mí mismo la eficiencia dentro de la rutina. Estoy aprendiendo a volver al silencio que me brinda la oportunidad de callar y de soltar para entonces, comunicarme y aferrarme en los principios que me sacan adelante, que me llevan día a día más allá de los límites, más allá de la definición de mí mismo que he forjado a través de un Yo, en lugar de ser Uno e Iguales.