sábado, 23 de marzo de 2019

Mi jornada hacia la vida, Día 1671, HOMBRES PODEMOS SANAR. pt1

Estas palabras han sido compartidas en el grupo del círculo sagrado masculino en el que participo paralelamente al grupo de Desteni; las comparto aquí respetando el anonimato de la persona que las ha escrito, con una pequeña diferencia, aprovecharé el mensaje para caminar algunos puntos de perdón a uno mismo y traer así un poco más de la visión total y completa que esto ha desprendido en mí

HOMBRES PODEMOS SANAR.

Me gustaría confesar algo.
Soy un hombre tóxico.
Un narcisista. Hambriento de poder y controlador. Un egomaniaco.

Me perdono a mí mismo por haberme aceptado y permitido a mí mismo ser un hombre tóxico para las personas en mi entorno, dejando pasar por alto los pensamientos, sentimientos, emociones y conductas que veo y reconozco en honestidad conmigo mismo que no son, ni representan la expresión de mi máximo potencial como uno e igual con toda la vida.

Me perdono a mí mismo por haberme aceptado y permitido a mí mismo evadir e ignorar deliberadamente estos pensamientos en los que se expresa y manifiesta mi abuso tanto hacia los hombres como hacia las mujeres, tanto a los animales como a las plantas y las expresiones de vida, en lugar de aplicar el respiro de vida en esos momentos para detenerme y, en honestidad conmigo mismo, reconocer y dar peso y fuerza a los principios que he tomado por dirección para corregir estos puntos en los que me he permitido a mí mismo participar de manera implacable e inmediata, sin dar ya paso al abuso dentro de mí.

Quiero hacerme TOTALMENTE responsable de mi individual e imperfecta humanidad, mis defectos personales, mi condicionamiento de la infancia, mis patrones de relación destructivos e hirientes. Mi "gilipollas interno". Namaste.

Me perdono a mí mismo por no haberme aceptado y permitido a mí mismo hacerme totalmente responsable de todo cuanto acepto y permito en mí mismo, donde todavía me veo yendo en las proyecciones de culpa y responsabilidad en y hacia otros individuos, por mis errores, mis desplantes y berrinches emocionales, por mi deshonestidad en los momentos críticos e importantes, en lugar de dar esa mirada radical de honestidad conmigo mismo para ver como desde la infancia me he aceptado construir y definir todo cuanto existe en mí como la expresión del "Quién yo soy", ya que invariablemente de los factores de mi entorno, reconozco en honestidad conmigo mismo que siempre ha existido esa oportunidad incondicional para todos y cada uno de levantarnos y tomar responsabilidad por nosotros mismos

Quiero ser parte de la solución, no del problema. Y sanar siempre comienza con una honestidad radical.

Así que, déjenme confesar: Soy un narcisista. Un narcisista completo, obsesionado conmigo mismo. Un abusador. Un maestro manipulador. Loco de ego.

Me perdono a mí mismo por haberme aceptado y permitido a mí mismo obsesionarme conmigo mismo y con el desarrollo de esta imagen y PERSONA que he definido como el "YO", perdiendo de vista la imagen más grande que es de hecho el principio originario del que todo parte y sin el cual mi sola existencia no sería posible

Me perdono a mí mismo por haberme aceptado y permitido a mí mismo manipular a las personas y los factores en mi entorno para permanecer condicionado a mis propias limitaciones, donde en lugar de levantarme para mejorarme e impulsar la máxima expresión de mí mismo como principio creador, creación y creado, permanezco enclaustrado en mi pequeño mundo y mi pequeña burbuja vanagloriando la expresión corrupta y virulenta de la deshonestidad conmigo mismo y con los demás, de los virus de personalidad que infectan y destruyen no sólo mi ser, mi mente y la esencia de vida primordial y primigenia en mí, sino que de igual modo reverberan en consecuencias inacabables e inconmensurables que alcanzan no sólo a la vida en la tierra, sino que se extienden por toda la existencia.

O bien, ¡He visto estos patrones narcisistas emerger en mí y en mis relaciones cercanas a lo largo de los años! Y al traer estos programas infantiles tan profundamente grabados a la luz del Darse Cuenta, he sido capaz de comenzar el viaje hacia la comprensión, la sanación...y reescribirlos.

Así que, confieso: En mi dolor y vergüenza, en ocasiones, a lo largo de los años, he intentado controlar y manipular a mujeres. Mujeres que merecían algo mucho, mucho mejor. Las he juzgado. Las he desatendido emocionalmente. He intentado que calcen con mi imagen de "la mujer perfecta". Las he avergonzado, insultado, les he tomado el pelo y las he empequeñecido cuando no cumplían mis expectativas imposibles. Las he culpado por mi dolor. Las he hecho sentir culpables y pequeñas y equivocadas. Las he tratado de convencer de que eran ridículas e ilusas por pensar sus pensamientos y sentir sus muy válidos sentimientos. Les he mentido, escondido la verdad de ellas. He intentado hacerlas sentir que estaban locas, dudar de ellas mismas y sentirse impotentes, con el fin de poder controlarlas, mantenerlas adictas a mí, y evitarme los insoportables sentimientos de impotencia.

Me perdono a mí mismo por haberme aceptado y permitido a mí mismo creer que estaba manipulando y controlando a las mujeres, sin darme cuenta que en realidad lo único que estaba haciendo era manipularme y controlarme a mí mismo para no tener que exponerme en mi vulnerabilidad y así no tener que cambiar mi imagen de "alfa", para seguir engañándome a mí mismo con la ilusión de que tengo el control sobre mi vida, de que tengo la dirección y "la razón" en la aprobación que le he dado a mi propia mente sobre de mí y las relaciones que creo dentro de mí hacia los demás

Me perdono a mí mismo por haberme aceptado y permitido a mí mismo proyectar mis juicios hacia las mujeres, como inferiores o vulnerables, sin ver y darme cuenta en honestidad conmigo mismo como dentro de la proyección de estos juicios me he cerrado a mí mismo la expansión de mi ser y mi definición de fuerza, estabilidad, dirección, introspección, al permanecer dentro de las ideas que me he formado con respecto a estas definiciones que he creído y validado dentro de mi propia mente

Me perdono a mí mismo por haberme aceptado y permitido a mí mismo darle la razón y el poder a mis ideas, pensamientos, juicios, sentimientos y emociones por encima de la vida, sin darme cuenta que estas expresiones limitadas de la mente son impermanentes en contraposición a la vida misma, la cual en realidad permanece siempre estable como una roca y cambiante y creciente como una planta.

Me perdono a mí mismo por haberme aceptado y permitido a mí mismo creer y crear la imagen de la mujer perfecta en mi mente, sin detenerme a cuestionar dicha imagen en honestidad conmigo mismo, pues dicha imagen no representa a las mujeres más de lo que representa el apego a mis propias limitaciones y a lo que he considerado y creído "real" de una mujer

He controlado y dominado a mujeres para evitar intimidad real. En mi soledad y agitación interna, me he sentido con el derecho a tener su tiempo y energía, con el derecho a menospreciar sus necesidades, sus límites, sus sentimientos, he tomado su espacio psíquico y he hecho que todo se trate de MÍ. Me he hecho superior, un experto, el más especial, "el mejor", y he menospreciado sus preciosos mundos internos. Las he tratado como objetos a ser manipulados en lugar de tiernos, vulnerables, infinitamente valiosos seres a quienes escuchar, honrar, respetar y entregar seguridad emocional.

Me perdono a mí mismo por haberme aceptado y permitido a mí mismo evitar y avergonzarme de ser íntimo y vulnerable con las mujeres al avergonzarme y rehusarme a ser íntimo conmigo mismo, pensando que el trabajo de introspección es algo que debo mantener para mí y sólo para mí, en lugar de darme cuenta que al abrirme incondicionalmente y comunicarme de manera real e íntima, podré recibir las perspectivas externas y con ello, cuantificar mi propio proceso así como establecer una relación más cercana y sólida con las mujeres y las personas en mi entorno.

Me perdono a mí mismo por haberme aceptado y permitido a mí mismo tomar tiempo y energía de las mujeres, al no hacer el trabajo de honestidad conmigo mismo, de perdonarme a mí mismo, de caminar mis patrones de pensamientos, tanto emocionales y sentimentales como mis deseos basados en el interés personal, para poder crear entonces una mejor versión de mí que pueda levantarse en consideración de lo que es mejor para toda la vida en igualdad, de manera incondicional, tanto para las mujeres como para los hombres, pues reconozco como una e iguales las expresiones de vida, tanto dentro como fuera de mí mismo indistintamente al género, raza, religión u origen geográfico.

Me perdono a mí mismo por haberme aceptado y permitido a mí mismo creer que compartirme de manera íntima y honesta con las mujeres también será una forma de quitarles su tiempo y su energía, sin de hecho ver y darme cuenta que la monotonía deviene de no ver o realizar un cambio, sino al contrario, es permanecer estancado desperdiciando tiempo y recursos en lugar de trabajar juntos para invertir ese tiempo y energía en actividades y conversaciones que ayudaran a establecer de manera más práctica y eficiente las soluciones que necesitamos vivir en el día a día, tanto con las mujeres como con los seres humanos en el entorno

En el corazón de mi narcisismo había un terror a la intimidad, y profunda vergüenza y sensación de fracaso y de no ser digno, de lo que estaba mayormente inconsciente.

Mi padre me enseñó a ser un narcisista, a avergonzar a otros con el fin de evitar insoportables sentimientos de vergüenza, cómo juzgar a otros para evitar ser juzgado. Digo esto sin culpa ni malicia. Pero es la verdad. Interioricé las heridas emocionales de mi padre, sus ideas y creencias acerca de lo que significaba "ser un hombre", el lavado de cerebro que él recibió de sus padres.

Me perdono a mí mismo por haberme aceptado y permitido a mí mismo proyectar la responsabilidad por el ser humano que soy y que he creado de mí mismo en mi padre, sin ver y darme cuenta que así como yo fui educado en el machismo, el también lo fue e incluso mi madre también lo fue, reforzando ambos así los patrones de conducta y el sistema de consciencia mental machista que no procura ni vigila la igualdad en y hacia todas las expresiones de vida

Me perdono a mí mismo por haberme aceptado y permitido a mí mismo tomarme personales mis propios patrones de conducta, creencias, pensamientos, sentimientos y emociones, sin darme cuenta que simplemente puedo tomar la decisión consciente de hacer el trabajo para remover los vínculos emocionales y sentimentales, así como las cargas energéticas enraizadas a los mismos para poder caminar fuera de mis patrones de mi sistema de consciencia mental y así recrearme plenamente como el individuo y expresión de vida que deseo ver y crear en este mundo levantándome por los principios de la unicidad y la igualdad en consideración de toda la vida

Y me gustaría confesar algo más.

Soy un co-dependiente. Soy un adicto al amor. Un complaciente crónico y un mártir del amor.

O al menos, he visto estos patrones en mí mismo a lo largo de los años.

En mi dolor y sentimiento de vacío, sin identidad, sin esperanza y sin significado en mi vida, he usado a mujeres para llenar mi vacío interno, para "repararme" y distraerme de mí mismo. He ignorado mis propias necesidades, mis propios sentimientos, mis propios deseos y pasiones, he reprimido mi ser auténtico y me he adaptado a lo que ELLAS querían que yo fuera. He actuado un papel, mentido y tomado un "falso yo" para ser amado y admirado y atendido. He dicho "sí" cuando quiero decir "no", y he dicho "no" cuando en realidad quería decir "sí".

Me perdono a mí mismo por haberme aceptado y permitido a mí mismo haber creado una relación de co-dependencia hacia las mujeres, donde trataría de equilibrar el opuesto de aquellas ideas que no me he dado a mí mismo la oportunidad de explorar en y conmigo mismo al proyectar estas en ellas, en lugar de reconocer y ver en honestidad conmigo mismo los cómos y los por qué me he separado de dichos puntos en lugar de vivirlos como una expresión de mí mismo incondicionalmente

Me perdono a mí mismo por haberme aceptado y permitido a mí mismo ignorarme a mí mismo para poder complacer a las mujeres, convirtiéndome y proyectando la idea que me he formado en mi mente a lo que probable o posiblemente les gustaría ver de mí, sin darme cuenta de lo mucho que entonces limito el potencial de mis propias relaciones al no traer y apoyar la mejor expresión de mí mismo, permitiéndome de este modo tanto a mí mismo como al otro descubrir y explorar la mejor versión de nosotros mismos

Me perdono a mí mismo por haberme aceptado y permitido a mí mismo reprimir mi ser más auténtico al temer ir en contra de las ideas y personalidades que he creído y comprado a la sociedad como la aparente "imagen del éxito" dentro de este mundo en mi relación con las relaciones dentro de la realidad.

He dejado inconscientemente que cada uno de mis límites sea violado, pisoteado, irrespetado, ignorado, para ganar y mantener el amor, evitar la vergüenza y el rechazo y el abandono.

Me perdono a mí mismo por no haberme aceptado y permitido a mí mismo darme cuenta que para mantener y crear auténtico amor, debo de hecho respetarme, valorarme, cuidarme, procurarme y apreciarme a mí mismo incondicionalmente primero, pues el amor no podrá venir de ninguna otra parte excepto de mí mismo

Me he permitido ser abusado. He tolerado que me insulten, avergüencen, juzguen y ataquen. He permitido que mi apreciado espacio sea invadido, mis valores silenciados, mi dignidad pisoteada. Me he dejado dominar y abusar. He confundido los pensamientos de otros con los míos. Los sentimientos de otros con los propios. He reprimido mi verdadera voz, mi dolor, mi alegría, mi miedo y especialmente mi ira con el fin de ser "querido".

Me perdono a mí mismo por haberme aceptado y permitido a mí mismo recibir abusos y tolerar insultos de parte de otras personas, sin darme cuenta que en realidad para yo poder aceptar el abuso externo, implica que ya estaba de hecho realizando este abuso, insulto, juicios, ataques y vergüenza hacia mí mismo, al no amarme a mí mismo

Me perdono a mí mismo por haberme aceptado y permitido a mí mismo haberme adjudicado, creído y hecho míos los pensamientos y juicios de otras personas, sin ver y darme cuenta que eso sólo pudo pasar en y bajo mi propio permiso y aceptación a dejar que otros me definan por no conocerme a mí mismo

Me perdono a mí mismo por haberme aceptado y permitido a mí mismo reprimir mi ira y mi enojo con tal de ser aceptado, pretendiendo que nada me molesta, que nada me afecta y que estoy bien con todo lo que hacen los demás para no levantar mi voz, para no levantarme y de hecho reconocer en honestidad conmigo mismo que así como me he callado en y hacia los demás, también me he callado en mi interior frente a las voces, pensamientos, juicios, críticas y ataques que yo he ejercido con y hacia mí mismo

He permitido que otros pasen por encima de mis sentimientos, y he pretendido estar "bien" con eso.

No estaba "bien" con eso. Dentro, bramaba de ira. y suprimí la ira, y me enfermé y me deprimí.

Y por terror a ser visto como "malo", y para escapar de insoportables sentimientos de culpa, a veces me convertí en cuidador, en sanador, en terapeuta, en mediador, en salvador. Fui un "chico bueno" una "persona adorable". sin necesidad ni deseos propios. Confundí tener necesidades con "debilidad", sentirse enojado con "neurosis", y tener deseos con "enfermedad mental". Secretamente hervía de furia y resentimiento y cansancio dentro, pero escondí ese dolor, incluso de mí mismo, para mantener mis objetos de adicción cerca mío, y evitar mi propia vida, y evitar mi propia muerte.

Me perdono a mí mismo por haberme aceptado y permitido a mí mismo reprimir mi ira y mi enojo, guardándome y callando aquellos momentos y puntos hacia los cuales reaccionaba con tal de ser aceptado, en lugar de primero detenerme a ver en honestidad conmigo mismo el motivo y origen de mi propia reacción energética emocional, para entonces buscar un punto de entendimiento en y hacia lo que aquellas personas estaban mostrándome de mí mismo y de mi mundo, donde en lugar de utilizar esos momentos como ventanas de oportunidades me he dejado llevar completa y totalmente por la creencia de que soy mis pensamientos, sentimientos y emociones.

Me perdono a mí mismo por haberme aceptado y permitido a mí mismo haberme presentado como "el chico bueno y amable" a pesar de que hervía de rabia dentro de mí, sólo por temor a hacerle frente a mis propios pensamientos, sentimientos y emociones que entonces aparentemente me llevarían a verme aislado de las personas con quienes he querido "mantener mis relaciones" sólo porque encuentro un punto de interés personal en y hacia ellos que no me he dado a la tarea de trabajar dentro de mí mismo

Me perdono a mí mismo por haberme aceptado y permitido a mí mismo alejarme y apartar de mi consciencia aquellos aspectos de mi mente que he definido y considerado como malos o negativos, en lugar de hacerle frente a mi mente y a mi consciencia en honestidad conmigo mismo, para reconocer y ver en cada uno de estos puntos el origen y la motivación que los mantiene emergiendo dentro de mí mismo, y no sólo eso, sino también para ser capaz de redirigir esos puntos en un principio de expresión y apoyo para mí mismo y para la vida de forma incondicional

He pretendido ser "desinteresado" para proteger al (no-existente) "yo".

Me perdono a mí mismo por haberme aceptado y permitido a mí mismo pretender ser desinteresado para proteger la imagen de mí mismo como alguien "más evolucionado, iluminado, espiritual", en lugar de dar reconocimiento a esos intereses y ver qué dentro de ellos permanece y es verdaderamente práctico y qué no lo es

Me perdono a mí mismo por haberme aceptado y permitido a mí mismo creer que el Yo no existe, lo cual simplemente es perderse nuevamente en la colectividad sin un reconocimiento de la responsabilidad que tengo en y por mí mismo como individuo y como ser humano en y hacia los demás y hacia la vida misma en este mundo

Había algo narcisista en mi codependencia. Había algo codependiente en mi narcisismo. Ambos tenían sus raíces en el miedo: miedo a la muerte y la pérdida, a la nada y al vacío.

Ambos son dramas convincentes diseñados para evitarnos enfrentar nuestro dolor. Haríamos cualquier cosa para evitar el dolor.

Me perdono a mí mismo por haberme aceptado y permitido a mí mismo tratar de evadir y evitar el dolor, sin de hecho ver y darme cuenta que mi temor al dolor es el reflejo de la represión emocional y sentimental que de hecho ya llevo aceptando y permitiendo dentro de mí mismo, puesto que estas experiencias se han quedado impresas como una suerte de recordatorio de que debo tenerle miedo a la vida, que debo tener miedo de vivir y debo entonces aferrarme a construir aquello que me permite evadir la realidad de mí mismo y la realidad que he permitido y aceptado dentro de este mundo y realidad 

Mi madre enseñó cómo ser complaciente, dios la bendiga. Lo digo sin culpa ni resentimiento. Pero es la verdad. Interioricé su culpabilidad, su necesidad de "hacer felices a todos" haciéndose infeliz a sí misma, su necesidad de silenciarse y deshonrarse a sí misma para atender los cambios de humor impredecibles de mi padre narcisista, los celos y la ira. Para protegerse a sí misma. Para mantenerse a salvo. Ahora comprendo que estaba haciendo lo mejor que podía, y utilizando la programación que aprendió de mi abuela, y tal vez cientos de generaciones de personas complacientes antes que ella. Estos patrones venenosos y auto-destructivos corren por generaciones.

Hasta que nos desmoronamos. Tuve que derrumbarme, llegar al punto del suicidio, romper con el miedo y despertarme.

He visto todos estos personajes dentro de mí: el narcisista y el codependiente. El "que siempre tiene la razón" y el "que siempre está equivocado". El adicto y el complaciente. El que corre obsesivamente hacia la conexión, y el que se escapa reactivamente y se esconde de la conexión. He sido el mono de circo, actuando en busca de restos de alimento emocional. He sido el asceta cavernícola, huyendo del mundo.

El que descuida a los demás para complacerse a sí mismo. El que se descuida a sí mismo para agradar a los demás.

El abusador y el abusado. La víctima y el victimario.

El que evita el amor y el adicto al amor.

Creo que todos tenemos estos patrones de carácter en nosotros, en menor o mayor medida, en diferentes momentos y en diferentes contextos relacionales. A menudo aparecen de manera más poderosa en nuestras relaciones más íntimas. Mientras más nos importe alguien, más inconscientemente podríamos tratar de evitarlos o controlarlos, culparlos u obsesionarnos con su aprobación, desconectándonos de nuestro ser auténtico.

¿La raíz de todo narcisismo y co-dependencia? Un terror inconsciente a la intimidad. El miedo a acercarse verdaderamente a otro ser humano. A ser visto. A ser conocido. A ser 'descubierto'.

"Si revelo mi vulnerabilidad, mi miedo, mi pena, mis dudas, mis preguntas, mi ira, mi indignidad, oscuridad y sombras, seré rechazado, descuidado, ridiculizado, ahogado, inundado, abrumado, abandonado ... y no podré ser capaz de de sobrevivir a eso ".

La voz del trauma de la infancia. La voz de aquel olvidado en el interior.

A medida que he podido amarme más y más, llenando el vacío interior, empapando el núcleo traumático de la vergüenza con consciencia y compasión, infundiendo con amorosa atención al "abandonado" interior, he necesitado cada vez menos evitar la intimidad controlando a los demás o permitiéndome ser controlado. He necesitado cada vez menos culpar a otros, avergonzarlos, tratarlos como objetos. He sido más y más capaz de estar presente con los demás, permitirles tener todos sus sentimientos subjetivos, deseos, alegrías y tristezas, y no he visto su experiencia más profunda como una amenaza existencial.

Al sanar, he necesitado cada vez menos ser adicto a los demás, 'usar' a otros para llenar mi propio "agujero negro" interno. A medida que me he sentido más y más completo dentro de mí mismo, he podido hablar, decirles a otros mi verdad vulnerable y honesta, establecer límites, decir lo que está bien y no está bien para mí, incluso a riesgo de herirlos, decepcionarlos o enojarlos. He podido arriesgarme a perder el "amor" para conectarme más profunda y auténticamente. También he encontrado personas, tanto mujeres como hombres, que pueden amarme realmente por lo que soy, no por lo que pretendo ser. Este ha sido el mayor regalo, y sorpresa de mi vida: que soy totalmente adorable, incluso con todos mis defectos e imperfecciones. Que hay gente aquí que escuchará y se quedará, y no me avergonzará o tratará de "arreglarme", sino que me sostendrá con amor en presencia, me apoyará en mi vulnerabilidad, celebrará mis lágrimas y pasiones y no se alejará con disgusto. No necesito suplicar por amor, o controlar a otros para ganar el amor, o abandonarme por amor. Solo necesito ser yo mismo, y soy digno de amor.

Y si alguien no puede proporcionar este tipo de amor, seguridad y apoyo, siempre puedo establecer límites, o incluso alejarme si es necesario, sin culpa - una feroz auto-protección.

Descubrí que el amor no es algo que podamos ganar o perder. No se encuentra a través del control o la manipulación de uno mismo o de otro. No se encuentra a través de la adicción o el martirio. Se encuentra en lo más profundo de mi corazón. Se encuentra cuando puedo estar completamente presente con el que tengo enfrente. Escuchar profundamente su mundo interior, mientras permanezco exquisitamente conectado con el mío, y no confundir los dos.

Permitirme tener mis propios pensamientos, deseos, impulsos y sentimientos imperfectos, y permitir que el preciado ser que tengo enfrente también tenga los suyos. Escuchar. Recibir. Ser abierto y suave y flexible. Pero también hablar cuando algo no está bien para mí. Afirmar mi verdad, mis necesidades. Compartir mi mundo interior vivo, claro y desordenado. Y permir que el otro también tenga su voz. Yin y yang. Masculino y femenino. Rendirse a los demás, y agredir saludablemente, desde la presencia, desde la compasión. Penetrar, y ser penetrado. Recibir y afirmar.

Agua, y Fuego, Cielo y Tierra.

Inmortal, mortal. Espíritu, carne.

Gracias Padre. Gracias Madre.

Me enseñaron estrategias de afrontamiento, formas de protegerme del dolor psíquico profundo. Me dieron programas informáticos internos llamados Co-dependencia y Narcisismo para evitar la agonía insoportable e intolerable del rechazo y el abandono, programas que ya no necesito tener, porque ahora estoy dispuesto, y soy capaz, a enfrentar esos "monstruos" internos, y ser dueño de ellos, y estar presente con ellos, y respirar en ellos, y abrazarlos cerca de mí mientras camino, mientras me siento y me paro, juego, bailo y me acuesto a dormir, para que no me posean más, pero yo soy el dueño de ellos, mis preciosos interiores.

"Su mano izquierda está debajo de mi cabeza, y su mano derecha me abraza".

Quiero alumbrar una brillante Atención divina sobre mis heridas humanas más profundas, verter el elixir sagrado en los lugares que duelen.

Quiero ser Conciencia misma, sí ... pero también quiero tomar la forma de un hombre humano imperfecto, parcialmente roto, totalmente vulnerable, sensible y honesto, un trabajo en progreso.

Rezo para que pueda encontrar el coraje para erradicar toda violencia y falsedad en mí, incluida la violencia de tratar a los demás como objetos (narcisismo) y la auto violencia de tratarme como un objeto para los demás (co-dependencia). Rezo por poder quemar patrones disfuncionales a medida que surgen en las relaciones, en el fuego de la presencia, en el crisol alquímico de la intimidad.

Humildemente pido ayuda a mis hermanas en este trabajo. Dios sabe que necesitamos la voz feroz y honesta de lo femenino divino, ahora quizás más que nunca.

Humildemente me disculpo con cualquier persona, hombre o mujer, a quien alguna vez haya herido, consciente o inconscientemente, a sabiendas o sin saberlo.

Tenía miedo. Estaba pasando viejas cintas en mi mente, como todos nosotros. Cintas de miedo y castigo que mis padres me habían programado inconscientemente cuando era joven. Cintas de indignidad y culpa. Cintas que me dijeron que me abandonara y reprimiera mis sentimientos más profundos, mi sensibilidad y mi salvaje intuición. Yo era inocente entonces. Todos lo éramos. No conocía otra opción mejor que copiarle a "Ellos", los dioses de mi universo. Estaba sufriendo y necesitaba amor pero estaba aterrorizado de ser amado. Pensé que el amor significaba dominar o ser dominado, controlar o ser controlado, o perderme a mí mismo en otro. Estaba equivocado.

Esto no es una excusa. Sólo la verdad. Sólo la cruda verdad. Lo sé mejor ahora.

Y entonces les digo a todos mis hermanos:

Todos sabemos más ahora. Hagámoslo mejor.

Podemos sanar.

Comencemos diciendo la verdad.



Continúo en el siguiente post