lunes, 24 de septiembre de 2018

Mi jornada hacia la vida, Día 1117, Aprendiendo a escuchar y no sólo a oír.

Uno de los mayores problemas que he tenido en mi vida, siempre ha sido la comunicación con otras personas, incluso en el interior de mi propia familia, personas con quienes convivo, pero de quienes en realidad conozco muy poco. Creo que es fascinante cómo a veces se puede conocer mucho más a los amigos porque se ha vivido con ellos que a la propia familia; y de hecho recuerdo un video hecho por Cerise Poolman en el que precisamente habla de todo ésto titulado "Spank or nor to Spank"



Me doy cuenta que en realidad llevo un largo tiempo alejándome de la gente, y no porque en realidad me cueste trabajo socializar, pues en realidad puedo ver lo que soy más allá de la máscara, sino porque en realidad siento mucho temor de la gente, y ésto por las experiencias que tuve toda mi vida con las personas, pero en ese punto, he sido yo quien de hecho se ha cerrado por completo, porque a partir de esa falta de confianza fue que comencé a gestar y generar dentro de mí mis propias limitaciones para comunicarme y es una de las cosas que definitivamente quiero y necesito enfrentar dentro de mí mismo.

Me perdono a mí mismo por no haberme aceptado y permitido a mí mismo escuchar a las personas, y prestar a atención a lo que una persona decide compartir sobre su historia de vida, sin darme cuenta de que en realidad todo lo que está expresando aquella persona, es algo más que simplemente una historia, además de que cada cosa que se expresa dentro de aquellas palabras contiene algo tan íntimo y personal que, es en realidad por no prestar atención de esos detalles que verdaderamente me ha vuelto ineficiente al momento de formar relaciones, ya que, aun cuando soy consciente del hecho de que es imposible llegar a entender la totalidad de la forma en la que la otra persona entiende y percibe el mundo desde su sola experiencia, contacto, presencia y existencia dentro del mundo, lo que si es posible, es simplemente expresarme hacia los demás de la misma forma en la que a mí me gustaría ser tratado; pues así como no me gusta que me molesten y atosiguen, yo no tengo por qué hacerlo con la otra persona, porque al final si soy capaz de entender que dicha persona requiere su espacio y su tiempo, entonces de igual modo soy capaz de entender que así como a mí no me gusta que me besen y me abracen y estén a mi lado todo el tiempo, pues tampoco tengo que estar encima de la otra persona molestándolo sólo porque yo tengo la proyección de este deseo hacia el otro en el cual lo he objetificado y cosificado al punto de que no es más que un nuevo elemento de consumo para mi goce y satisfacción energética, porque no es justo ser tratado así, ¿por qué yo me acepto y permito tratar de esta manera a las personas? ¿Por qué me justifico dentro de mi propia mente diciendo que son los demás los que tiene la culpa de aquello que yo mismo estoy provocando?