martes, 31 de julio de 2018

Mi jornada hacia la vida, Día 1106, No importa cuánto ames... sólo ámate.

No importa cuánto ames a otras personas, nadie podrá amarte tanto como tú a ti mismo. Nadie podrá saber lo que sientes mejor que tú mismo y por eso nadie puede ni podrá cuidarte mejor que tú mismo, porque nadie podrá conocerte mejor de lo que tú podrías conocerte a ti mismo.

La vida se vuelve mucho más fácil en el momento que entiendes que cada uno interpreta la realidad desde una percepción particularísima sobre la cual poco o nada podemos hacer, sin importar lo bien o mal que nos veamos, en pocas palabras, aunque uno sea el mejor psicólogo, jamás podrá salvar a la persona que más ama en el mundo si ésta se ha rendido frente a toda posibilidad de vivir. No importa cuánto amor o cuanto odio uno pueda sentir hacia otros, nada podemos hacer para cambiarlos e influenciarlos

Aunque si te detienes a considerarlo por un momento, eso es un claro ejemplo que nos acerca a un significado más pleno de la libertad, porque piénsalo por un momento: nadie puede decirte qué hacer si nadie sabe lo que eres, eres más libre de lo que crees ¿Qué pueden saber los demás de tus problemas o de tu vida? Tendrían que vivir tu vida y literalmente ser completamente TÚ para poder hacer un juicio real de o al menos certero de ésta

Aunque todos estuvieran en la misma situación que tú, cada uno lo resolvería de manera diferente, y la verdad es que vale madres que sepan lo que has hecho o lo que no has hecho en tu vida, porque no son tú. A veces lo que solemos perder de vista de las personas cuando sea que pronunciamos estos juicios en nuestra mente, es que no nos ponemos a pensar, que aunque parezca que la están tuuuurbo cagando, lo más probable es que ya estén haciendo lo mejor que pueden hacer en ese particular momento de sus vidas...

No necesitas transitar a la euforia con subidones de energía que posteriormente tendrán que equilibrarse con la carga negativa, uno no existe sin el otro. La única forma de tener un equilibrio pleno, es de hecho levantándose a cada momento como un principio rector, es decir, como un momento claro de atención que reconoce que tanto la felicidad como la tristeza son transitorias, y que al final ninguna de las dos pueden definirnos realmente. Sé de muchas personas que intentaron cambiarse el nombre, hacerse cirugía plástica y mudarse de país para poder ser otra persona, pero ¿sabes qué fue lo único que jamás pudieron cambiar? La vida que ya habían vivido, sus memorias, sus sentimientos, sus emociones.

Aunque intentes ser otra persona, nada podrá respaldar esa nueva identidad, sin aquel pasado que a veces odiamos tanto y al que queremos huir, porque incluso esa nueva identidad esta formada a partir del mismo pasado del cual tratamos de escapar y de pronto la persona pronto se da cuenta de que no sabe qué hacer con esta nueva identidad cuando enfrenta un problema real, porque no tiene la experiencia de vida de aquella otra persona que ha intentado matar al privarse de toda identidad

Nadie haría lo que tú, nadie dirá lo que tú ni verá lo que tú. Somos verdaderamente únicos e irremplazables. Si queremos mejorar la visión que tenemos de nosotros mismos, tenemos que trabajar por ello para ser lo mejor que podemos ser, . Ninguna pareja, droga o cantidad de dinero podrá darnos lo que no nos damos a nosotros mismos, lo cual empieza por el respeto que nos debemos a nosotros mismos, el amor que nos debemos a nosotros mismos y a ese cuerpo que somos que ha sentido nuestro dolor y nuestra tristeza. Cuidemos este vehículo que somos por esta vida.