lunes, 25 de junio de 2018

Mi jornada hacia la vida, Día 1095, Resignificando una máscara 2

Durante mi estancia en la prisión durante el mes de Marzo, nos llevaron a presenciar el sacrificio de uno de los toros que son criados dentro de la penitenciaria para el consumo tanto de los internos como del personal. En aquel momento, poco pude hacer para decidir si presenciaría dicho acto o no, puesto que literalmente me llevaron ante el toro justo en el momento que el sacrificio había dado comienzo, y en ese único momento, mientras caminaba en el interior de aquel matadero, la mirada del toro se cruzó con la mía y tan pronto como ocurrió eso, mis ojos poco pudieron hacer para apartarse del camino que el toro había trazado hasta mí, pues la mirada en aquel momento, aunado a la escena tan rojiza, llevaron al toro hasta lo más profundo de mi consciencia y allí permaneció por los siguientes días, mientras comíamos su carne, la cual por supuesto no volvería a ser en lo absoluto a ninguna otra carne que hubiese probado antes, pues había conocido, aunque fuera por un instante, el origen de aquella vida que ahora estaba allí en mi plato, servida para nutrir la mía.

Ya había presenciado el sacrificio de animales anteriormente y probado su misma carne, pero lo que hacía este momento diferente, era las condiciones bajo las cuales había conocido y estado cara a cara con uno de aquellos toros en la penitenciaria; un animal de tal tamaño, fuerza y vigor, que uno difícilmente abandonaría aquella prudente distancia a razón y sacrificio de un vistazo cercano. Ese momento se quedó allí por los próximos meses y no fue sino hasta dos meses después, en los que comencé a realizar un diálogo con este animal a un nivel completamente diferente, puesto que ahora me colocaría en los zapatos de aquel animal y trataría de sentir su vida a través de la mía, que si bien y por supuesto no son la misma vida, son similares en un aspecto bien esencial y es aquello que nos hace respirar, sentir, movernos y en esencia existir a ambos, lo cual es = la vida misma.

No tengo palabras para expresar el dolor que sentí y al tiempo mismo, la admiración y reconocimiento a la inconmensurable fuerza y compasión existentes dentro del animal, pues allí estaba en medio del sacrificio ofreciendo su carne sin luchar, cuando bien podría haber acabado de una cornada contra sus verdugos. Pude ver por un momento, en medio de aquellas circunstancias, un poco más a detalle y profundidad en la vida del animal, así como las condiciones que lo habían llevado a convertirse en aquella bestia de tal fuerza que parecería que en realidad resultaba difícil, sino imposible que en realidad fuera de otra manera, es decir que en su vida y esencia misma, estos animales puedan ser de hecho algo más excepto lo que son, puesto que en cada una de sus conductas, sus relaciones con el entorno, con otros animales y con sus depredadores hicieron de ellos precisamente esa expresión de vida que detenta el poder que los caracteriza.

El hecho es que, tras ese momento, en ese "diálogo con el toro", fue como si el animal por un momento me hiciera saber " qué se siente", ser él y sentir como él, así como me haría ver y enfrentar mi ignorancia al perder de vista que en realidad me encontraba nutriéndome de la carne de mi propio hermano; y esto por supuesto no sólo con los toros o con los animales en general, sino con las plantas, las bacterias, el agua misma y todo cuanto nos rodea.

Dentro de la visión de los Indios Americanos, las plumas por ejemplo y los adornos que se hacen con ellas, son por lo general considerados como estos artefactos sagrados que tienen la capacidad de mover las energías del entorno y de la persona, según y de acuerdo al tipo de pluma o el ala del ave al cual corresponda. Sin embargo, la realidad es que la pluma por sí misma no es la responsable del movimiento de las energías, sino que ésto corresponde a la relación que la persona tiene con la pluma per se en sus diversos niveles - tanto a nivel simbólico, como nivel físico, mental, energético, etc., es decir, es uno mismo generando dicha consecuencia en y frente a dichos elementos, y es aquí precisamente donde emerge la cuestión de esta "sanación" que ocurre de nuestras relaciones a través de estos objetos que "nos recuerdan nuestra relación con los animales, con nosotros mismos y con la vida en general"

Cuando uno toma aquellos elementos rituales, como el cráneo de un toro, el ala de un ave, las plumas de otra, los huesos de este o aquel animal, creo que primero y antes que nada uno debe de entender que lo que está tomando representa un momento de atención, de observación e introspección a la propia vida a través de otra; un momento de diálogo entre el animal y uno mismo a través de la vida y los ojos de un ser que ha aprendido a vivir y caminar la vida en una forma que para nosotros ha pasado completamente desapercibida por estar tan adentrados en esta "vida humana".

El día de hoy, caminaba por la playa cuando avisté algunas plumas en la arena, las recogí y a mi retorno, por la arena, me encontré con el caparazón de una tortuga que había sido violentada y asesinada por unos pescadores para poder conseguir la huevera de su interior y así venderla junto con la carne de la tortuga, pues se tiene la creencia de que dicha carne lleva consigo poderes afrodisíacos y curativos que pueden dar virilidad e incluso detener el cáncer; por supuesto no hay nada en la carne de las tortugas o en sus huevos que cuente con dichas propiedades; se trata simplemente de un mito y una creencia demasiado difundida entre los costeños, pero si uno se da cuenta, el principio actúa de manera sumamente similar, es decir un elemento que es colocado en separación de uno mismo esperando alguna reacción o solución energética que no resuelve la causa del problema que uno espera resolver, sino que actúa simplemente como esta suerte de "placebo" a través del cual uno trata de mover en el interior aquellas energías que le permitan a uno generar la clase de "solución" que uno se encuentra buscando.

Pareciera que esta creencia de que "es la pluma, el cráneo, las alas o cualquier cosa que uno tome de manera externa", en realidad es sólo un reflejo de aquel divorcio que hemos tenido de la naturaleza misma, pues lejos de reconocer esa entidad, ese ser, esa vida que existe en una expresión distinta a la nuestra, nos hemos olvidado del propósito que la presencia que dichos elementos tienen dentro de la "mística" misma de las que se les ha dotado y rodeado, es la de representar una "visión" de la vida diferente de las condiciones de normalidad para nosotros, una visión que se sobrepone y nos permite salirnos de nosotros por un momento para "sentir la vida y vivir por un momento desde aquel punto más holístico, en el que la vida es una e igual en todas las cosas que nos rodean en y como nosotros mismos, como una expresión diferente de lo que ya somos"

Entonces ¿Cuál es la diferencia entre tomar plumas o tomar un huevo de tortuga? El punto de partida de uno al hacerlo, porque si uno incluso llega al punto de desconsiderar la vida existente en aquel "otro", así como el pescador que destruye una vida en favor de una creencia, uno se destruye más y más a uno mismo, al ignorar pasar por alto el valor de la propia vida y la identidad misma del animal y de uno mismo como la vida; porque si con tal de obtener aquella solución que uno tanto espera obtener, uno está dispuesto a eliminar la vida, lo que se alimenta no es la vida de uno, lo que se nutre no es la vida, sino simple y sencillamente la creencia de la mente... en lugar de ser uno mismo el principio rector de uno mismo que es capaz de plantearse la solución auténtica y real para uno mismo y por uno mismo.

Continúo en el próximo post