sábado, 28 de abril de 2018

Mi Jornada hacia la Vida, Día 1088, Cuando un ser amado se torna suicida.

Ayer en la noche un amigo me marcó diciendo que estaba a punto de suicidarse, y que su llamada tenía el propósito único de despedirse y de dejar algunas cosas en claro, también me dijo que no fuera a buscarlo, porque cuando llegara sería demasiado tarde, pero en cuanto colgamos corrí a despertar a mi hermana y le supliqué que me llevara hasta su casa en el coche, por el sólo hecho de que llegaría más rápido si me movía en la bicicleta.

Mientras conducíamos por la calle en el trayecto a su casa, con el transcurso de cada minuto, dentro de mí simplemente trataba de aceptar y conciliar que muy probablemente no llegaríamos a tiempo, el transcurso casa de mi amigo duró alrededor de 30 minutos, así que en realidad apenas transcurrieron los primeros 5 minutos yo asumía que simplemente sería demasiado tarde y que sólo llegaría a velar un cadáver, pero en cuanto llegamos salí disparado del coche y comencé a tocar la ventana del cuarto de su madre desesperadamente, esperando poder despertarla en caso de que no se hubiera dado cuenta de que su hijo intentaba suicidarse...

No sé expresar la tranquilidad que sentí cuando vi a una persona deslizar la cortina y vi el rostro de mi amigo asomándose rápidamente por la ventana. Aún estaba vivo, así que comencé a tocar la ventana con mucho más ímpetu, pidiéndole que me dejara entrar y me dejara hablar con él, aunque fuera sólo a través de la ventana, pero no abrió.

A los pocos minutos llegó la policía, informaban que habían recibido una llamada por parte de emergencias para reportar una persona que estaba intentando suicidarse; me pidieron algunos datos, pero tan pronto como mi amigo notó que la policía estaba al pie de su ventana, sólo abrió y les dijo: "está conmigo", entonces salió rápidamente a abrirme la puerta y me jaló al interior dejando a la policía afuera. Nos quedamos no pocos minutos en el pasillo mientras me decía lo mucho que había valorado nuestra amistad; aún continuaba despidiéndose, aún continuaba diciéndome adiós ya que en realidad se había tomado una cuantiosa cantidad de pastillas que estaban comenzando a hacer efecto en su estómago.

Ya había mencionado anteriormente dentro de estas publicaciones, cómo de igual manera había pretendido quitarme la vida, y no puedo pensar en un momento más irónico que aquel que viví hace tan sólo unas horas, puesto que en realidad entendía y conocía aquel deseo de mi amigo, sabía exactamente cómo se sentía ese deseo de ver que todo termine, de modo que allí me encontraba sentado en el pasillo de la casa de mi amigo, pensando por un lado que debía dejar entrar a la policía y por el otro pensando que era su decisión y su decisión únicamente terminar o no con su vida. Si alguna vez he experimentado impotencia en mi vida, fue en ese momento, porque no quería dejar morir a mi amigo y por el otro lado, pensaba que estaba en todo su derecho decidir cómo morir. No obstante, también por mi mente cruzaban otra clase de pensamientos, cómo el hecho de que si dejaba morir a mi amigo allí ¿no sería acaso como un acto de homicidio? ¿estaba apoyándolo o ayudándolo a suicidarse? ¿Qué consecuencias legales tenía aquello para mí?

Finalmente, tras una larga conversación, me dijo que me fuera a mi casa y se disculpó por la situación; me paré y lo amenacé diciéndole que dejaría entrar a la policía, me dijo que hiciera lo que quisiera mientras cruzaba la puerta interna de un pasillo que daba al interior de su casa. Corrí a abrir la puerta, pero la policía ya se había marchado, corrí hasta el auto de mi hermana y al colocarme justo al pie de la puerta del conductor, ella bajó la ventana y me observaba fijamente mientras yo lloraba repitiendo una y otra vez: "no sé qué hacer, no sé qué hacer".

A los pocos segundos llegó la madre de mi amigo y juntos entramos a la casa, me pidió que me brincara la barda que había para poder entrar al interior de la casa, lo hice y junto con ella y el hermano de mi amigo comenzamos a tratar de sacarlo de su cama, pues se aferraba a ésta con fuerza pidiéndonos que lo dejáramos en paz, pero finalmente tras no pocos minutos de lucha, logramos desprenderlo de la cama y lo llevamos hasta el coche y comenzamos a conducir al hospital más cercano para que pudieran atenderlo y lavarle el estómago de todas las pastillas que se había tomado.

En el camino, mi amigo me golpeaba y gritaba que había traicionado su confianza, que no sabía guardar un secreto, que no tenía razones para meterme en su vida y que por consecuente me quería fuera de ésta, le dije que me mantendría fuera de su vida, pero a pesar de todo le ayudaría. En cuanto llegamos al hospital, ambos comenzamos a gritar y a decir cualquier cantidad de tonterías, antes de que la madre de mi amigo cerrara la puerta del coche y me dijera que ellos (es decir ella y el hermano de mi amigo) se harían cargo de cuidarlo y atenderlo. Así que simplemente me disculpé por los gritos y me fui en busca de mi hermana para ir de vuelta a la casa.

En el camino hasta el auto, aún encendido en aquel enojo que me devoraba las entrañas, sólo repetía una y otra vez: "¿Esto quieres? Está bien ¡muérete!", pero apenas me senté al lado de mi hermana en el coche, sólo comencé a llorar, sin poder decir, ni pensar nada más que en un breve resumen de lo que aconteció en el interior de la casa y del coche. Cuando llegamos a mi casa, mi hermana simplemente subió a su cuarto sin expresar palabra y yo permanecí cerca del suelo de la sala llorando por no pocas horas, sin poder pensar en mucho más allá del simple hecho de que no quería que muriera, que no quería que todo se acabara, sin embargo, a pesar de que mi amigo ahora sigue y seguirá adelante, me ha pedido que mantenga la distancia y lo cumpliré, puesto que eso siempre ha sido de las cosas que más supimos honrar en nuestra amistad y nuestro acuerdo; tal vez algún día volvamos a hablar, pero sé que no será pronto, aunque de algo estoy seguro y es que si lo volviera a intentar, simplemente no me avisará, ni me llamará, por lo que en realidad no me queda mucho excepto aceptar el fin de esta relación y esperar de todo corazón que frente a la cara de estas circunstancias, y tal y como yo las enfrenté en su momento, vengan tiempos mejores para esta persona tan amada, a quien le deseo la más pronta recuperación y la más plena sanación de todo lo que le aqueja en su vida.

Aplicación de perdón a uno mismo en el próximo post.