viernes, 26 de enero de 2018

Mi jornada hacia la Vida, Día 1071, Aprender a caminar y compartir con otros.

No en pocas ocasiones, me he encontrado en situaciones en las que no encuentro las palabras adecuadas que permitan expresar del todo una solución y en tantas otras a veces me cuesta entender que las personas tienen sus propias necesidades en función de su debido proceso, pues desde luego lo que ha funcionado para mí no siempre puede ser la solución para otra persona. Suelo ser más el tipo de persona que le gusta meditar sobre diversas alternativas y soluciones a diversos problemas o situaciones que podrían presentarse en mi vida. En otras, simplemente "me lanzo" ante las situaciones, como en el momento que decidí enfrentar mi temor a los alacranes colocando uno en mi mano y lo mismo con las tarántulas, etc.

Y en algunas ocasiones, a pesar de que no existe en mí la más mínima intención de ofender a los que me rodean, se me olvida que las cosas que a veces llego a pronunciar, pueden resultar difíciles de escuchar por otras personas. Y es en esos momentos en los que me doy cuenta lo mucho que aún tengo que aprender y recordar el colocarme en los zapatos de las personas, porque no siempre se han vivido o experimentado situaciones como las que desafortunadamente llegan a acontecerle a otras personas, como una conversación que empecé con un hombre con quién compartí el asiento conjunto de un camión y que, por alguna u otra situación simplemente comenzamos a conversar, pero para antes de darnos cuenta, ya nos encontrábamos hablando de aquellas heridas del pasado, entre las cuales, una de las heridas más profundas que cargaba consigo este hombre, era la de haber enviudado de la mujer que había sido por tantos años su compañera... yo puedo saber lo que es la separación de la persona amada, pues por la experiencia lo he experimentado, más no puedo asumir la complejidad del proceso por el cual transitaba dicho hombre; con justa razón expresaba aquel hombre, durante nuestra conversación: Yo no entiendo cuando las personas dicen: "Entiendo por lo que estás pasando", para descubrir un segundo después que, en efecto pueden haber perdido a la abuela, al abuelo, al tío cercano, pero no al ser amado".

Sin embargo, por la misma razón y de manera personal, tampoco puedo demandar que todos entiendan los menesteres ni los suplicios de mi propia vida. Creo que ya hace mucho deje de cargar aquella libreta negra donde anotaba todo lo malo que alguna vez me habían hecho o las supuestas ofensas hacia mí, pues una vez que comencé a hacerlo, me di cuenta de que el chico que me violó hace ya muchos años atrás, de igual manera tenía problemas muy fuertes en su casa pues lo golpeaban, y lo llamaban marica cuando no actuaba de la manera en que su padre esperaba, pues el debía de comportarse "como un hombre". Creo que el verdadero "secreto" está en aprender a perdonar y sobretodo perdonarse a uno mismo por haberse creído limitado a no ser más que la idea y definición que uno ha creído ser, en mi caso, me sentía menos que un hombre y menos que un ser humano.

Leí hace poco una frase por ahí, rayada en algún Parabús de la ciudad de México:

"Quien tenga deseos de morir ¡Que nazca!"

Por supuesto quiero saber apoyar a las personas cuando lo necesiten, pues he encontrado un gran placer en la labor del servicio al desarrollo interpersonal e íntimo de las personas consigo mismos, como yo lo he encontrado en la propia labor al enfrentar mi propia mente con las herramientas de Desteni, sin embargo, por supuesto no siempre es posible adivinar la forma de hacerlo, y es por esta sencilla y esencial razón que creo en la comunicación antes que en las promesas de amor eterno, porque al final el amor ciego va dando tumbos a donde sea que camine.

En algún momento de mi vida, pedí y esperé ser justificado o entendido, pero ya no, porque la responsabilidad de entenderme a mí mismo es únicamente mía, y claro siempre se puede pedir el apoyo de las personas, pero tampoco me gusta que me traten como si estuviera deficiente o como si fuera menos que los demás, a fin de cuentas ¿Quién podría estar realmente cómodo con tal idea de sí mismo siendo algo menos o algo que siempre necesita y depende tanto de otros (sin perder de vista desde luego la profunda comunicación y conexión que sostenemos todos los seres en el mundo que compartimos, de manera directa e indirecta), por lo mismo, procuro no dar esa clase de trato a las personas en mi entorno (aquellas que reflejan este deseo de "aliviar" pero que en realidad es como esta acción que pretende compadecer y sentir lástima hacia el otro; creo que es un trato degradante, pues es como si se viera al otro como menos, como insuficiente y si uno pretende apoyar, debe primero quitarse ese velo de "salvador" para comenzar a encontrar dentro de uno mismo el deseo de ser acogido y aliviado de manera externa, dónde en realidad uno primero debe ser el responsable y principal actor de su sanación.

Personalmente, por supuesto aún me cuesta conciliar algunos tratos de otras personas hacia mí a los que no estoy acostumbrado, como demasiadas muestras de afecto, o ciertos tipos de contacto físico que detonan aquellas incomodidades por la sensación tan desagradable de vulnerabilidad que uno no ha logrado conciliar del todo; sin embargo no por ello voy por la vida enojándome con todo aquel que no sabe o no entiende lo que siento, y que actúa de manera que tal vez encuentro ofensiva (más no por ello asumo una deliberada pretensión de agredirme, pues a veces el cristal más frágil, puede ser aquel cuyo exceso de densidad lo vulnera catastróficamente al recibir un golpecito en aquel lugar donde justamente convergían todos los puntos de su fragilidad), al final ¿cómo podrían entenderlo, si lo más probable es que no hayan vivido algo así (aunque desde luego espero que dichas personas jamás tengan que pasar por algo así)?

Cuando se me pide espacio, sólo me corresponde entender y apartarme, pues en una muestra de auténtico amor, también está el respetar el proceso y camino del otro (en la manera que decida vivirlo o expresarlo), cuando desean por el contrario hablar y comunicarse, entonces de igual manera me permito hablar y expresarme con libertad (en la medida que de igual manera el otro tiene la necesidad de escucha u omitir aquellas cosas que le resulten importantes o le resulten en una simple y vil paja/verborrea); cuando quieren o desean que se les acompañe en silencio, me corresponde saber estar y ser paciente sin hablar; sin embargo, lo que no puedo hacer es permanecer en conflicto con la persona, pues atesoro demasiado la tranquilidad y la paz que he llegado a crear en mí y por ello busco siempre resolver antes que pelear, y prefiero hablar antes que gritar.

En algún momento de mi vida, me encontré absurda y profundamente deseoso de amor (que viniera de alguna parte externa a mí mismo) hoy ya no puedo suplicar por aquello que no sé reconocer en ningún otro sitio que no sea en mí mismo, yo simplemente doy y aprendo a dar en la medida que el otro sabe pedir, pero no sé satisfacer actitudes que parecen más bien berrinches, no porque no pueda entender el dolor del otro, sino porque creo que eso degrada la capacidad de las personas para saber sentir y expresar lo que sienten.

Este es mi sentir con respecto a las interacciones que he aprendido a llevar con las personas en mi entorno; si alguna vez te he ofendido a ti, la persona que se encuentra leyendo ésto, o si no dije lo qué tal vez esperabas escuchar, debo decir que simplemente habló desde lo que yo he aprendido como ser humano en mi propio proceso, a través de mis propios problemas; creo que el propósito de dos personas que deciden estar o caminar juntas o incluso si son completos desconocidos, se debe buscar la manera de siempre apoyar para crecer, pues es lo que uno desea para uno mismo; a veces sólo nosotros podemos ser esa persona que decide ser precisamente esa ayuda o incluso (si lo quieren ver así o cómo sea que le llamen) ese "milagro de la vida" que llega a otro, pues lo último que uno quiere es continuar almacenando rencores y resentimientos que, con el paso de los años y la acumulación silente de los acontecimientos conflictivos en la memoria, sólo terminan en más conflictos y odio entre todos los seres humanos (como llegamos a ver en la cotidianidad), es como cuando se ve a aquellos amantes que se prometen amor basados en la experiencia emocional y sentimental del momento, pero por la misma carga y deseo de preservar dicha experiencia y mantener dicha relación a través de la experiencia sentimental, la contraparte también resulta alimentada, pues el valor ha sido depositado en el sentimiento y no en la relación personal con nosotros mismos de manifestarnos como la clase de personas que queremos ser con nosotros mismos y con los demás, porque una vez que dichas personas viven juntas y se encuentran casados terminan odiándose porque jamás supieron expresar y resolver esos pequeños problemas que con el tiempo se hicieron demasiado grandes.

Lo he visto muchas veces en mi vida con muchos amigos que terminaron con personas "no incorrectas, sino tan incapaces como lo eran ellos en su momento para entablar conversaciones maduras y conscientes", con el tiempo aprendieron y ahora se encuentran en buenas relaciones que han aprendido a desarrollar y nutrir a partir del trabajo consigo mismos.

Yo quiero lo mismo para mí y para todas aquellas personas que quieran caminar y levantarse conmigo, si no es tal su deseo, no hay problema, jamás expresaré un mal trato, una mala palabra, un abuso o una agresión mía; sin embargo también nos perderemos ambos del gran regalo y vastedad de la experiencia que alguna vez pudimos tener en el profundo conocimiento del otro.

Tal vez vale la pena darnos esa oportunidad, con nosotros y con los demás, sin perderse por supuesto, en el otro.