lunes, 18 de diciembre de 2017

Mi Jornada hacia la Vida, Día 1061, La cabeza en alto como certeza de quien uno es

Durante algún tiempo he estado haciendo algunos ejercicios para corregir mi postura al caminar y siempre encontré ese punto de compromiso conmigo mismo a corregir mi postura, uno de los más difíciles a realizar, porque lo llevaría a cabo durante algún tiempo, pero ha sido tanta la costumbre de caminar con la cabeza hacia abajo, que realizar el cambio de una tarea tan mecánica como ésta, ha parecido algo que simplemente se volvió parte de mi inherente forma de caminar

Lo curioso dentro de esto que entiendo que para muchos puede parecer intrascendente, es el hecho de que cuando me encontraba en la militarizada relacioné el levantar la mirada hacia las personas (en lugar de hacer lo que hago, lo cual es ver hacia el suelo) con la idea de que las estaba desafiando, y al caminar por la calle, trasladé esta misma sensación y temor de levantar la mirada en la calle. Lo que puedo identificar como patrón dentro de este punto, es cómo a partir del temor al conflicto que generé dentro de la militarizada a meterme en problemas o en conflicto con alguien si lo miraba directamente a los ojos, pero ese temor se trasladó a mi vida cotidiana y a mi forma de caminar, la cual acepté como mío.

El día de hoy mientras caminaba al trabajo y notaba este patrón, notaba que en el mismo modo en el que levantaba la mirada, algo de mi ser iba hacia atrás, como tratando de esconderme en mis adentros y en ese momento comenzaron a emerger estos miedos e inseguridades que me han acompañando durante mi vida, todos al mismo tiempo, todas estas definiciones sobre la imagen que me he creído ser. No obstante, lo curioso es que a medida que observaba estas imágenes, este pasado por el que me definí en este único acto de caminar por la calle, comencé de igual modo a notar todo lo que he cambiado hasta ahora y cómo levantar la cabeza en alto podía ser ese punto que podía de hecho pararse por y como una certeza de mi persona, la certeza de quien yo soy. No mi pasado, no lo vivido, sino lo que se vive en el momento.

En ese momento que levanté la mirada, pude ver claramente lo que es dejar de vivir con un peso tan absurdo como ese, tan absurdo como lo es creer que el pasado me define, sin perder de vista de que ha sido a partir de éste que también me he convertido y llegado a ser la persona que soy, que aunque para los demás pueda ser mucho o poco, para mí es lo que es y me gusta lo que soy.

Hay muchas cosas que quiero aún cambiar de mí, pero me siento orgulloso de la persona en la que he llegado a convertirme, y eso... ese es el mayor regalo que me ha dado el proceso de Destini, nada más y nada menos que estas herramientas - la escritura, el perdón a uno mismo, el respiro, la unicidad y la igualdad - y si también es cierto que a la fecha sigo caminando una cantidad de puntos que parece interminable, también es cierto que en la medida que camino un punto a la vez, las cosas que parecen complicadas y difíciles se vuelven más fáciles y simples de resolver, porque aunque la respuesta no siempre es clara, ni el camino recto, empiezo a tener la certeza de que encontraré la respuesta en la medida que me dedique y comprometa más y más conmigo mismo.