martes, 8 de agosto de 2017

Mi Jornada hacia la Vida, Día 1021, Un día lleno de conflicto.

No sé exactamente por dónde empezar, si por el momento en el que una compresora de aire  de 25 litros explotó a mi lado dejando escapar un chorro de aceite hirviendo que casi nos deshace la piel a mí y a mis amigos mientras realizábamos una práctica de aerografía, o cómo el aceite hirviendo bañó un par de mis ilustraciones más apreciadas, estropeándolas por completo. (Claro, lo de menos es volver a hacer otras, no obstante, no deja de representar una inversión de tiempo, dinero y trabajo que al menos en el transcurso de las próximas semanas me veré imposibilitado de realizar debido a los proyectos en puerta que quiero y debo llevar a cabo).

Tal vez debería empezar por cómo derrame la jarra del agua (la cual cayó al lado de una caja llena de revistas y papeles que con marchas forzadas logramos rescatar para que no se mojaran) y de la cual estábamos bebiendo mis amigos y yo mientras limpiábamos el aceite hirviendo del techo, el suelo, las paredes, mi cama, mi escritorio y mis dibujos...

O tal vez comenzar por el deposito bancario que realicé con la finalidad de poder exponer mi trabajo en una red social bastante transitada, el cual finalmente jamás llegó a concretarse durante el día debido a algunos problemas de contrato; depósito bancario que me llevó más de 3 horas tratar de realizar sin éxito y el cual no pude retirar posteriormente, lo cual esencialmente vi como una perdida de mi dinero que no podré reponer sino hasta en unos días (o incluso hoy si me veo en la posibilidad de terminar los trámites necesarios para poder concretar la transacción).

Tal vez debería comenzar por la tristeza que me invadió al verme asaltado por las memorias de aquel viejo poemario que comencé a escribir con una persona que se marchó de mi mundo hace poco tiempo con otra persona, mientras me di a la tarea de concretar aquel viejo poemario que había quedado inconcluso el mismo día en la madrugada, pues no me agrada dejar ciclos sin cerrar.

Tal vez debería comenzar por aquel momento en el que entré a un baño público y apenas me senté en la taza advertí que se había acabado el papel... (y a lo que por cierto, no haré ninguna nota posterior sobre cómo resolví esta engorrosa situación...)

O tal vez debería empezar por narrar el momento en el que comencé a jugar un juego de mesa con mis amigos y perdí todas las partidas, o cómo al regresarme para mí casa en la bicicleta, descubrí que había olvidado cargar las luces de mi bicicleta y tuve que irme en mitad de la noche cuidándome de no ser atropellado por el tránsito de las 12 de la noche...

En fin, un día lleno de contratiempos...

Pero tal vez también debería empezar por cómo tras la explosión de la compresora, mis amigos y yo estábamos riendo de la situación, haciendo burla los unos de los otros de nuestras reacciones de espanto y nuestros gritos de preocupación mientras intentábamos apagar la compresora, la cual nos encontramos agradecidos de que fuese el contenedor del aceite el que estallara y no el motor de la compresora o incluso el contenedor del aire a presión, puesto que de haber sido así, probablemente, y créanme que no estoy exagerando, no estaría escribiendo hoy, o como mínimo lo estaría haciendo desde una cama del hospital tal vez sin un brazo o una pierna (en el mejor de los casos) junto a las camas de mis amigos.

O cómo al ver los dibujos bañados con aceite incitó una plática entre nosotros acerca de experimentar con alguna nueva técnica para ver cómo podíamos restaurar las ilustraciones para que se vieran de una forma distinta logrando así su máximo potencial visual (lo cual también desprendió una plática acerca de como Jackson Pollock se robó la técnica de Siqueiros con la cual hacía pruebas de pintura y la patentó como propia, lo cual hizo que tuviera aún más respeto y admiración por Siqueiros)

O cómo tras derramar la jarra seguíamos riendo mientras colocábamos papel de baño entre gritos desesperados por impedir que el agua terminara de empapar la caja de cartón con las revistas en su interior

O cómo en realidad aprendí un montón durante el proceso de realizar el depósito del dinero, el cual sinceramente creo que podré concretar sin mayor problema el día de hoy, y en el proceso le perdí el temor a los bancos y sus trámites, es más estoy pensando en conseguirme mi propia tarjeta ¡¡para no tener que estar pinches pidiéndosela a otras personas!! lol (aunque eso si, me sigue cagando lo tardado y engorrosos que a veces pueden ser...)

O cómo mientras terminaba de escribir el poemario, al mismo tiempo agradecía el haber tenido a una persona tan significativa en mi vida, mientras al mismo tiempo conciliaba el hecho de que en realidad, no está tan mal que termináramos como amigos; además está con un buen sujeto, divertido, amable y muy inteligente (a fin de cuentas, quería lo mejor para ella).

O cómo en el baño... No, espera... no voy a aclarar esa situación... pero salí sano y salvo de allí...

O cómo mientras jugaba con mis amigos pasé un grato momento riéndome de ver cómo se acusaban entre ellos de estar haciéndose trampa mutuamente, al final todos nos reíamos, porque sólo es un juego... la verdad no es tan importante; o cómo mientras estaba en mi bicicleta, agradecí que al menos le quedaba un poco de batería a una de las lámparas la cual pude intercambiar sin problema con la luz trasera (la más importante) mientras que mi casa me quedaba a escasos 6 minutos de camino desde el punto en el que me encontraba, llegando a mi destino sin mayor problema antes de que la batería se agotara por completo (y las cuales estoy cargando justo en este momento mientras escribo ésto...)

Puede que hoy también sea un día lleno de contratiempos, pero la cuestión no es las cosas que pasan, sino cómo decides actuar y reaccionar a lo que te pasa.