lunes, 17 de julio de 2017

Mi Jornada hacia la vida, Día 1011, Creando una nueva visión de redefinir las palabras

¿No te ha pasado alguna vez que tienes la sensación de haber abordado suficientes conocimientos como para haber llegado a ese punto en el que eres capaz de desarrollar una solución de forma práctica, pero debido a que el conocimiento que tienes parece tan separado, parece y se "siente" tan efímero y teórico, que únicamente y a partir de los estudios hechos por tal grupo de científicos, en cuyos métodos y observaciones debemos depositar nuestra confianza por completo, es cómo puedes respaldar y dar vida a tu supuesto argumento, el cual a la vez parece que sólo puedes hablar desde la seguridad de lo que tu mente conoce, pero no tienes prueba real o evidencia física empírica que respalde tus supuestas conclusiones?


Este video lo subí el día de ayer, pero lo realicé el día sábado en el transcurso de la madrugada, tras haber reflexionado un poco sobre la forma en que "vivimos las palabras"; no es que pretenda ahora decir que tengo un "conocimiento más grande o más profundo" de lo que significa vivir las palabras, simplemente en medio de la reflexión, me atreví a pensar en las palabras de un modo en el que no lo había hecho antes, porque precisamente me encontraba convencido de que el único respaldo válido de cualquier probable argumento debe de estar respaldado por alguien cuya palabra "valga más que la mía" o "se encuentre certificado para decir y opinar al respecto de cualquier cosa".

El problema con hacer eso, es que el conocimiento parece algo tan lejano, algo tan distante (y con ésto no estoy diciendo que incluso el conocimiento o una conclusión cualquiera no requiere de un proceso para poder concretarse) que parece por momentos que simplemente podemos sentarnos a esperar para "saber aquello nuevo que no sabemos de nosotros", al menos hasta que un nuevo científico o experto en la materia traiga la siguiente conclusión que planteará la antítesis de nuestra nueva conclusión, aunque tal vez nueva/errada conclusión...

No obstante, ¿qué pasaría si realmente decidiéramos vivir las palabras que hablamos? Es decir, digamos que tenemos la suficiente curiosidad y entendimiento de lo que implica un proceso evolutivo, o al menos alguna noción básica que despierta aquel interés y curiosidad que nos hace preguntarnos por más, ¿Por qué si tenemos ese conocimiento, no tratamos de entendernos como aquello de lo que estamos hablando y ya sabes, ponemos a prueba lo que estamos viviendo y lo que queremos vivir dentro de esa palabra?

Imagínate esto por un momento: Allí te encuentras realizando el mantenimiento general de tu hogar y de pronto sientes curiosidad por realizar alguna pintura en el muro de la pared de tu cuarto que viste o te llamo la atención de alguna red social, así que compras un par de botes adicionales para llevar a cabo el proyecto que deseas ver y realizar en tu propia habitación, el primero no sale bien, pero realizas un segundo, un tercero y un cuarto hasta que comienza a parecerse a la idea que tenías en mente. ¿Si nos entendemos como ese potencial de evolución y como la capacidad misma de ser aquella oruga que se convierte en mariposa, por qué no nos lo creemos? ¿Por qué preferimos esperar a que las cosas nos ocurran en lugar de hacer que nos ocurran las cosas? Es como dicen, ¿Por qué no nos decimos lo que no nos hemos dicho para ver si nos pasa lo que no nos ha pasado?

Ese científico del que hablan unos y que defienden otros, invariablemente de que tan acertado o defendido se encuentre su argumento, requirió un proceso, empezó por alguna parte, tuvo que poner a prueba por sí mismo aquello que pensaba y que estaba convencido de que podía presentar una visión diferente a lo que otros creían correcto, y teniendo ninguna cosa otra además de la confianza en sí mismo, su voluntad para buscar la solución al problema que ha planteado y el temple para recibir toda clase de críticas incluso de sus seres más amadas, decidió poner a prueba sus ideas sólo para saber si por ventura no se habrá equivocado...

Eso es lo que encontré, resulta ser el punto clave de vivir las palabras, no se trata de lo que sabes, porque podemos partir de absolutamente nada, bueno, no específicamente de absolutamente nada (tienes que basarte en algo...), pero ya sabes, puede ser algo no necesariamente comprobado ¿sabes? Se trata de la confianza en ti mismo, se trata de creer en tu propio proceso y en cierto modo tener FE en ti mismo, y tener la humildad para admitir el error en caso de estar equivocado, para entonces corregir el rumbo y comenzar el proceso necesario que nos lleve al punto que pretendemos. ¿Qué clase de seres humanos queremos y nos atrevemos a ser? ¿Qué clase de mundo queremos ver y vamos a crear a partir de nuestras observaciones, lo cual por supuesto, no deben quedarse únicamente en la observación, sino en lo que llevaremos prácticamente a cabo para poder crear aquello que pretendemos ver de nosotros mismos?

Esto es lo que personalmente me llevó a experimentar aquella decepción de mí mismo, de la humanidad, porque fue como ese momento de ya sabes, darte cuenta de que aquello que sabes, aquello que crees conocer, sólo está sentado en mi mente como esperando ser comunicado y hablado, pero ese conocimiento se "siente" como si no fuera YO, como si no fuera algo que estoy viviendo a tal grado que no simplemente lo sé, sino que lo pongo a prueba, lo pongo en práctica y trato de descubrir e indagar más para que, al momento de vivirlo, pueda saberme precisamente ese ser cuya capacidad evolutiva, cuya capacidad de cambio se ve definida por acciones especificas que se repiten y se llevan a prueba una y otra vez, tal y como lo hace cualquiera de los seres vivos en nuestro entorno (en especial si sientes alguna fascinación por los insectos, te recomiendo que los observes más detenidamente y cómo una acción especifica los lleva a desarrollar alas o desarrollar piernas especializadas para brincar, etc.) Sólo digo que el verdadero poder del conocimiento e información, sólo se encuentra por medio de la "confianza en uno mismo", y no puedes confiar en algo que no has vivido y comprobado por ti mismo, de lo contrario, cualquier "profeta" que haya tomado alguna suerte de curso en debates o procesos discursivos, o incluso cualquier persona en un bar que tenga un ápice de confianza más afianzado que el propio, se dará el lujo de "cambiar tu opinión a la suya una y otra vez", hasta que finalmente dudes de conocer cualquier cosa y comiences a depositar tu confianza en las experiencias y argumentos ajenos.

Saludos