miércoles, 28 de junio de 2017

Mi jornada hacia la vida, Día 1004, la diferencia está a una carcajada de distancia.

El día de hoy que salí a comprar pan con mi madre por la tarde; fuimos a la panadería que acostumbramos a unas cuadras de la casa. Nos movimos en su camioneta, y mientras yo bajaba a realizar el encargo de los 4 bolillos, 2 donas y 3 roscas de azúcar que me encargó, ella me espero pacientemente a media cuadra de la panadería dentro de la camioneta.

No tarde más de cinco minutos en realizar el encargo, cuando empezó a lloviznar de una forma tan grosera, que la bolsa de pan se desbarató en mis manos en los escasos 2 pasos que di fuera del estacionamiento de la panadería, regando varias piezas en un enorme charco de agua que se había formado en menos de 2 minutos sobre la avenida, y todo ocurrió en los exactos dos brincos que alcance a dar antes de resguardarme en el local conjunto a la panadería.

Creo que puedes darte una idea de la escena, aunque mientras veía como flotaban las piezas de pan en el charco de agua, como que traté de realizar en vano aquel último intento por rescatarlas, ya sabes como tratando de aplicar la regla de los 3 segundos... sólo hasta antes de descubrir que éstas habían absorbido suficiente agua, como para preparar una asquerosa papilla de agua de la ciudad de México con azúcar..., y mientras sostenía las piezas de pan encharcadas, lleve mis manos hasta mi cabeza lanzando un pequeño berrinche sobre lo absurdo de la situación, porque realmente me resultaba irónica la velocidad a la que se deshizo la bolsa de pan entre mis dedos, es decir, ¡En serio! ¡No exagero cuando digo que fueron dos brincos! ¡Literalmente fueron 2 pinches brincos entre un local y otro bajo el aguacero!

Pero una vez resignado, resolví que la camioneta donde me esperaba mi madre se encontraba a otros 5 brincos desde el local en el que me encontraba, y tratando de abrazar las piezas restantes entre mis brazos, como que protegiéndolas con lo que quedaba de aquella bolsa. Me escurrí entre los botaaguas de los edificios contiguos para acercarme lo más posible, mientras me cuidaba al mismo tiempo de los innumerables granizos que saltaban hacia la bolsa, mi ropa y mi cabeza.

¡Por fin! ¡Solo me faltaba un paso para llegar a la camioneta de mi madre! ¡Un bendito paso! ¡Pero no podía acercarme! El agua era tan fuerte, el granizo tan intenso, que pude ver perfectamente el resto de las piezas de pan desechas antes de poder llegar a la puerta de la camioneta.

En mi desesperación y, ciertamente, en la rabia que me provocaba toda la situación, lancé un alarido al cielo: "¡Me lleva la Verga!" Antes de darme cuenta que tras de mi, en las escaleras de los apartamentos, me observaba horrorizada una chica que no por menos, se cagó de miedo por el grito que lancé al aire, y en la misma décima de segundo que advertí su presencia, cambie la mirada inmediatamente escondiendo mi rostro ruborizado por la vergüenza...

Es de esos momentos en los que, tal vez inspirado por la misma pena que ahora me carcomía en la urgencia por apurar el paso para desvanecerme de la escena lo antes posible, di el brinco restante y me interné en la camioneta, arrojé el pan mojado al suelo del asiento del copiloto, y mantuve en mis brazos las escasas piezas restantes que había logrado salvar del aguacero.

A una velocidad igualmente absurda comenzaron a enumerarse los costos de cada pieza de pan en mi mente, mientras advertía que las piezas estropeadas eran precisamente las más caras que había pagado... era en verdad lo que en términos coloquiales podría nombrarse como una metafórica patada en los huevos, porque tarde más tiempo en tirar las piezas de lo que tarde en escogerlas y pagarlas...

Para el colmo de mis males, se me ocurrió abrir la guantera para buscar una bolsa de plástico y meter las piezas de pan que había logrado salvar, pero apenas hice esto, cayó frente a mis ojos el paraguas que habíamos guardado para esta clase de emergencias...

Ya te puedes imaginar la escena: ¡Me lleva la chingada! ¡Pinche dinero tirado a la basura! ¡No mames! ¡No puede ser! Bla bla bla...

Y mientras tanto mi madre, como que queriendo suavizar mi arranque de emociones, me decía en toda la tranquilidad del mundo: Mira Gabriel me podría haber metido al estacionamiento y recibirte sin que tuvieras que salir... Si, ya sé, las madres a veces al querer suavizar las cosas, simplemente enarbolan un sugerente "¿ya ves? ¡Te lo dije!", el cual no logra suavizar realmente las cosas...

Pero entre todo el discurso del absurdo enunciando los hubiera y las ya absurdas soluciones, dijo algo que más o menos logró apaciguar aquello: Gabriel ¿De que te preocupas? En muchas más cosas se han tirado el dinero a la basura de forma todavía más absurda, aunque claro... yo seguía con la misma pataleta: "¡Es que no mames! ¡No puede ser! ¡Pinche dinero! ¡Pinche lluvia! Bla bla bla...

Y mi madre, a todo esto me decía: Bueno, al menos aprendiste que no en todos los casos sirve ser tan "Ecofriendly", la bolsa de plástico te evita precisamente esta clase de problemas, porque el papel que usan es reciclable y por lo tanto se degrada en no santiamén con el agua.

Pero bueno, en tanto trataba de convencerme de la extraña e irónica lección de Tlaloc..., al llegar a la casa abrí el portón de la casa y tras meter la camioneta en el zaguán, corrí a la cocina de la casa por un par de bolsas, una para las piezas estropeadas y otra para las rescatadas. En el proceso me encuentro con mi hermana sentada en la cocina, y le cuento medianamente lo ocurrido, a lo cual ella entreabriendo los ojos entre sorpresa y expectativa me observa salir encabronado por la puerta con las bolsas. En fin, tire el picadillo remojado con azúcar en el tambo y resguarde el resto de las piezas en la bolsa, para finalmente entrar con mi madre a la casa.

Mi hermana me observa nuevamente cubriendose la boca con la manl mientras sostenía los ojos pelados por la sorpresa. Nuevamente me pidió que le contara la anécdota con lujo de detalle y a medida que iba relatando paso a paso el desplome de las piezas en el charco de agua, empecé a notar que ya entre el segundo y tercer "No mames" que estaba relatando, mi hermana estaba privada en una carcajada que, cuando menos me di cuenta, me hacía reírme de mi propio relato e incluso me invitaba a relatarlo con más énfasis y drama, pero con el simple y puro afán de reírnos de toda la situación.

Cuando recuperamos el aliento por la risa, mi hermana me dijo: "¿Recuerdas aquel día que fuimos al cine y compraste dos bolsas de palomitas y refrescos, pero como no sabias cómo llevarlo todo junto y no te habías acercado una de esas charolas para llevar las botanas, abrazaste las palomitas bajo tu brazo y cuando entraste a la sala notaste que más de la mitad de la bolsa estaba vacía, porque en el trayecto se te había abierto la caja y todos mirábamos como habías dejado el camino de palomitas tras de ti sobre el pasillo y hasta la cafetería?"

Nuevamente comenzamos a reír y, mientras reía, me di cuenta de lo mucho que una situación puede cambiar, si tan solo te ríes de ti mismo...

Gracias por leer.

viernes, 9 de junio de 2017

Mi Jornada hacia la Vida, Día 1003, Re-encuentro.

El día de ayer me encontré con mi ex-páreja, no por casualidad por supuesto, pues me invito a verla tocar y cantar en un pequeño foro/café cerca de una zona que solíamos frecuentar; llevaba a su nuevo novio y sinceramente en un inicio pensaba llevar a la chica que ahora he estado frecuentando, no obstante y a la luz de la competencia que en mi mente convergía al realizar tal "acción", para aparentemente probarle "algo", decidí acudir solo al encuentro.

No diré gran cosa al respecto, la verdad es que fue una velada agradable, aunque tampoco he de negar que alguna veta de duda se desprendió en mi mente alrededor de la persona que ahora la acompaña, sin embargo, y debido al cansancio que experimentaba, pues no había podido dormido en los dos días anteriores, no le di un segundo pensamiento a nada de lo que en mi mente se movió sino hasta que llegué a mi casa, y ni siquiera en ese momento, pues caí rendido sobre mi cama y apenas pude reposar mi cabeza sobre la almohada caí muerto.

Hoy al levantarme, las dudas re-emergieron, y con ellas la claridad a los sentimientos que anteriormente pudieran carcomerse hasta la voluntad, pues me di cuenta de un sencillo y simple plano que, sinceramente agradecí infinitamente, pues me permitió desprenderme de todo ávido sentido de... no lo sé, eso tan extraño que se siente cuando uno quiere seguir pensando en el "futuro" con dicha persona, o que lo invita a compararse con el otro, o realizar esta suerte de revanchismo o lo que sea y fue lo siguiente:

"No existen ganadores o perdedores, ni para los que se van, ni para los que se quedan en nuestras vidas, sólo es parte de la transición y de aquello que, más allá del capricho sentimental a conservar alguna idea de algún yo tan impermanente como la presencia del sentimiento mismo, implica el aprendizaje, la convivencia y la aceptación propia, en nuestra capacidad para compartir y compartirnos"

Me doy cuenta que, lo que anteriormente se habría despertado en mí como la ansiedad a mantener viva alguna idea de mí en y alrededor del sentimiento que de igual manera vinculé a mi ex, en esta ocasión simplemente me permití darle muerte y reconocer: "he sobrevivido a esta transición, pues en mi vida se están gestando de igual suerte la clase de cosas que puedo ver y reconocer son indispensables para mi desarrollo personal, así como las relaciones que en mi vida se han vuelto presentes".

Me doy cuenta de la sencillez de aquel momento, como una simple mirada a aquel reconocimiento, el saludo, el abrazo y la despedida, que ventilaron sonrisas agradeciendo aquel momento y que ahora trazan caminos distintos, aunque unidos por algo más que una memoria - la vida, el aprendizaje, el proceso.

domingo, 4 de junio de 2017

Mi Jornada hacia la Vida, Día 1002, Be yourself


As I was listening to this video, I just remembered about the point that I was writing yesterday, and I remembered that one of the most exhausting things that actually lead to the thoughts and experience of "hating the school and not wanting to go to it anymore" was that I felt that I always had to be and present myself in front of my schoolmates in a very particular way, and obviously it would be the way in which I believed that they would accept me.

And when I looked at this, I also could realized how for instance in the relationship dynamics, one actually becomes susceptible of going into the whole romantic bullshit idea of "finding the one" just because of accepting such conditioning within one´s mind. Think about it, if one accepts and allows to condition one´s experience accordingly to how other will make me "feel" because apparently it is them who are creating my experience in the school, how far and different is that from thinking that by finding this "special person" one will find and feel and experience this happiness that one is apparently unable to create for and by ourselves? Because now apparently, it is your partner who is responsible of making you happy and make you feel special and accepted and loved and cared...

As I was applying self forgiveness in relation to that point, that acceptance and allowance of thinking and believing that someone else is responsible for my experience, I also was able to forgive myself for the idea and desire of making my ex partner happy, because I didn´t realized that in my own egoistic desire of creating this "happiness" for someone else, then apparently, my partner was supposed to the exact same thing for me... I mean I have never really lived actual love and care, because it is not supposed to be "given to another", but lived within myself and express it as me, without trying to please others...


sábado, 3 de junio de 2017

Mi Jornada hacia la Vida, Día 1001, Secrets between Heart and Mind


It is amazing the impact of one recurrent thought throughout our life, and how it can define ourselves to such an extent that it not only impacts the most personal "You" the most intimate "who you are", it impacts your body, it´s structure and physiognomy.

Just yesterday I was reconsidering this thought that I have had since I was on the elementary school - "I don´t want to go to the school anymore" - and very recently, I have noticed the presence of the very same thought within my mind as I am about two weeks to end my career on Visual Communication (or maybe I am just about to begin it, but anyway), and very curiously, I have noticed the same thought in each semester that I was about to end, each moment in which we were delivering the last pieces and projects to be able to just end it all and escape to our vacations...

It is just amazing to realize how long a thought have remained within one´s memory, specially when I see how much this simple thought affected my experience and vision of the school to such an extent that, if it is true that that thought was not the only thought that created my whole experience within and towards school, it was nevertheless one of the most important and influential thoughts that took me to the point of hating school, hating my whole experience within and as it.

I forgive myself that I have accepted and allowed myself to think the thought "I don´t want to go to the school anymore" when actually within that thought I was actually not seeing and realizing what was exactly that I was resisting or not facing within it, and instead of taking responsibility for the experience that I was creating within myself I just projected blame towards the whole schooling system, instead of realizing "it is me the responsible of my experience wherever I find myself, call it the school, my house, or the place that I love the most, it is me who determines who I am within everything and anything that I do.