sábado, 17 de diciembre de 2016

Mi Jornada hacia la Vida, Día 949, Aprendiendo a conducir

Ya tiene algún tiempo que no escribo por aquí, de hecho, debo admitir que me cuesta articular las palabras, así como el orden de las mismas para describir este proceso que ha estado tomando lugar en los últimos días y que me gustaría compartir.

He querido aprender a conducir desde los 16 y es realmente algo sobre lo cual insistí constantemente en cada conversación que tenía con mi padre, pero con cada negativa que recibía de su parte, se volvía más evidente su temor ante lo que, no por menos era su desconfianza a verme tras el volante, así que para no hacer la historia más larga de lo que ciertamente merece, siempre terminábamos postergando la fecha cada verano, cada invierno y así sucesivamente hasta apenas la semana pasada.

No es como que antes no me hubiese dado a la tarea de tomar la camioneta y dar algunas vueltas por algún fraccionamiento, pero por supuesto no tiene comparación a tomar el coche en una avenida transitada, aunado al hecho de que vivo sobre uno de los ejes más transitados de la ciudad…

Sólo puedo decir de forma bien concreta, que me encuentro agradecido que mi padre no cediera ante mis caprichos y deseos de aprender a conducir antes de tiempo, cuando el concepto mismo de responsabilidad era completamente inexistente dentro de mi mente. 

Y es que aprender a conducir ha sido un proceso que he literalmente gozado a estas alturas de mi vida y más valiéndome de las herramientas que me ha brindado este proceso que camino con Desteni, no sólo para poder manejar la tensión al momento de recibir las indicaciones de mi instructor y aún más cuando surgen aquellas situaciones a las que seguramente la gran mayoría de las personas leyendo ésto, pueden reconocer y particularmente recordar desde su experiencia personal, como cuando vas sobre tu carril y uno de esos camiones de doble remolque de pronto aparece desde tu punto ciego frente a ti.

Mi instructor constantemente insiste sobre el hecho de que debo enfocarme primordialmente en mi vista frontal, sin embargo (y esto tal vez por haberme acostumbrado tanto a usar la bicicleta por tantos años para trasladarme prácticamente a cualquier sitio) no puedo evitar ver constantemente a otros conductores, cuidando sus movimientos y midiendo sus intenciones con la finalidad de responder de la mejor forma posible.

Y es decir, por supuesto sentí temor desde el primer momento frente al volante, pero conforme respiraba y me daba cuenta de que, ya sabes, es algo sobre lo cual constantemente discutía con mi padre cuando fuera que emergiera la curiosidad sobre algún movimiento o maniobra que fuera necesario realizar, palabras que por supuesto resonaban en mi mente al momento de encontrarme frente al volante.


Ya iré con más detalle sobre las experiencias que he tenido frente al volante, pero me gustaría empezar con esta breve introducción, sólo para ir haciéndome nuevamente la costumbre de escribir una publicación al día… lo necesito, hoy más que nunca (y por supuesto explicaré más al respecto sobre esta experiencia de igual manera.) Saludos a todos.