martes, 15 de noviembre de 2016

Mi Jornada hacia la Vida, Día 948, Un análisis a la película de Dogville

La nueva Tecnología engendra al nuevo hombre” – Marshall Mcluhan –



Antes de continuar con el siguiente post, si no han visto la película "Doville por Lars Von Trier, les sugiero que primero la vean antes de continuar con el presente escrito, ya que éste se trata precisamente de dicha película. Han sido advertidos.

En el presente ensayo quiero abordar la valoración del cuerpo en tanto objeto manipulable, incluso volviéndose objeto susceptible de intercambio o pago ante un proceso de adeudo, para este fin me valdré del trabajo y estudios de Slavoj Zizek, Michel Foucault, Judith Butler y Nicholas Sinclair de la obra “El cuerpo Post-Humano” del cual su ensayo se titula “El cuerpo Robotizado”.

Quiero adelantar en parte mi conclusión frente a este film, expresando que la necesidad de producir nuevas subjetividades dentro de nuestra sociedad, implica de igual forma producir nuevas éticas respecto de los discursos que enfrentamos dentro de las imágenes que se nos presentan día a día, definiendo cuál es el origen de la necesidad creada ante estas imágenes y la manera en que nos vinculamos a ellas, siendo éste tan sólo el primer paso para poder empezar a palpar el vacío de subjetividad que augura de manera tan álgida nuestra sociedad contemporánea, la cual pareciera aguardar en el velo mismo el mapa mismo de su problemática que la dota de una suerte de invisibilidad que en apariencia “obviamos” según nuestros saberes en derredor a la misma y su construcción, donde la cuestión fundamental que rige la actual naturaleza, el orden y los discursos de nuestra humanidad parecen aún hoy bastante difusos, pese a que para la gran mayoría nos parece “evidente” quién es quién y dónde debe pararse cada uno con respecto al otro.

De acuerdo con la teoría de la transformación sígnica de Jan Mukarovsky (1934):

“Ese «significado» (al que se denomina "objeto estético") posee mayor valor que el «significante» (es decir, el "artefacto"), puesto que es el que permite existir a éste en la conciencia del receptor. Cualquier modificación del contexto social y cultural en el que vive esa obra de arte provocará que el artefacto deje de ser visto con las mismas perspectivas y que, en consecuencia, produzca nuevos objetos estéticos, o lo que es lo mismo: nuevos significados. Este proceso de transformación "sígnica" es mayor si ese artefacto ha sido configurado con la suficiente complejidad y variedad como para facilitar esta múltiple pluralidad interpretativa.”

¿En qué momento inicia realmente el llamado posthumanismo? ¿Existe un divorcio entre la mente y el cuerpo en el cuál se extrae un proceso de pensamiento? El film Dogville, es un claro escenario de la sociedad que se ve absorbida por un aparato ideológico tal como el Capitalismo, el cuál es un aparato amorfo que esencialmente es capaz de absorber e incorporar cualquier cosa a su estructura en tanto que dicha cosa y en este caso “el cuerpo” pueda adaptarse y someterse a sus mecanismos.

Según Nicholas Sinclair, dicha fisura toma lugar en el momento en el que el cuerpo es modificado de su naturaleza, abordando la analogía de dicho principio en forma consecuente a los avances biotecnológicos, la clonación, el diseño genético y aquí, para poder abordar el objeto mismo de la presente, me atrevería a añadir que inicia incluso desde mucho antes de la presencia de estas tecnologías en nuestra vida cotidiana con el proceso mismo de normativización del cuerpo.

La tecnología cumple con diversos fines, tecnología entendida no sólo en la manipulación del cuerpo humano como bien se refleja ahora en nuestra capacidad para construir y articular prótesis cibernéticas, hasta propósitos militares, sino de igual forma entendida en y desde la evolución de nuestro lenguaje, sistemas de intercambio económico, etc., el personaje “Claire” que llega a esta sociedad debe por ejemplo aprender el lenguaje de la sociedad, adaptarse a sus símbolos y contribuir de tal modo en este proceso a la sociedad con tal de permanecer en la misma, a pesar de que éstas “tecnologías” solían ser entendidas por ella como una contraposición a la esencia de su naturaleza, ya que al llegar al pueblo comienza a realizar una serie de acciones que menciona no se encontraban alineadas con la ideología que antes la definían, entre las cuales se encuentran el comenzar a adquirir una serie de figurines de porcelana que ella misma menciona habría encontrado desagradables apenas unos días antes de llegar al pueblo, los cuales adquiere con el salario que va adquiriendo por el trabajo que realiza con cada persona del pueblo, pese a mencionar jamás haber tenido que trabajar antes.

En una entrevista realizada al profesor Leonard Kleinork, un pionero de la Internet en la UCLA´s (University of California at Los Angeles) para uno de los documentales más recientes de Werner Herzog “Lo and Behold, Reveries of the Connected World” [1], el profesor señala:

“Esta habitación debería saber que me encuentro aquí, debería ser capaz de hablar con ella y debería de darme una respuesta verbal, debería poder preguntarle por ejemplo: ¿Dónde hay una impresora? O ¿Dónde dejé mis llaves? O ¿Dónde hay un libro en esta materia? Y debería ser capaz de responderme con palabras, con un holograma (…) debería ser capaz de emplear gestos y tacto, incluso olfato y todos mis sentidos para interactuar de un modo sumamente humano con esta tecnología a nuestro alrededor y una vez que esa tecnología sale a nuestro mundo físico y se ve integrada en nuestros muros, en nuestro escritorio, en nuestros cuerpos, en nuestras uñas, en nuestras llamadas, nuestras oficinas, nuestras casas, debería desaparecer y volverse invisible. ¿Dónde está la electricidad? Sabes que hay un enchufe en la pared, conectas tu dispositivo y tienes electricidad, no nos interesa ¿Cómo es hecha? No es una interfaz complicada, es invisible (…)

Pero ¿qué es esta invisibilidad del entorno y qué componentes la permean en nuestra consciencia que la dota precisamente de su cualidad invisible? Si bien la ciencia ficción (como producto de la Revolución Industrial) planteó los escenarios a través de los cuales perdimos el “desagrado” por estas modificaciones y adaptaciones al cuerpo que parecían invadidos por la tecnología en un sentido más bien virulento, no queda bien claro si la invisibilidad es un producto de la costumbre ante estas condiciones o bien emerge de manera consecuente ante el pensamiento que deja de seguir al principio de semejanza y pasa más bien a seguir la ocasión del error, donde como lo señala Michel Foucault “el hombre” no existía antes del siglo XIX, donde éste trae consigo gran parte de los discursos científicos y médicos que establecen la normativización del cuerpo, en el cual al mismo tiempo pasamos de la observación y la contemplación de la naturaleza, la verdad, el movimiento, etc., a una suerte de contemplación de nuestra propia presencia entre nuestras observaciones a las cuales comenzamos a establecer las definiciones que nos permitieran en el mejor de los casos ponernos entre una línea y otra, trazando un principio y un fin para el hombre que se convierte en “hombre”

¿Fueron dichas definiciones condición suficiente para la invisibilidad de esta unión entre el cuerpo y la máquina? ¿Fue la perdida de las condiciones de “naturalidad” que nos llevaron al deseo mismo de encajar en otro esquema que permitiera añadir a nuestra visión la presencia misma de la máquina en nuestro entorno? El cuerpo era ya una máquina de sangre caliente, una máquina con sus dispositivos y sus piezas electro mecánicas, visión misma que comienza a tomar lugar desde los estudios del cuerpo con pensadores como Da Vinci, ¿fueron estas adaptaciones de la máquina al cuerpo producto de una invisibilidad o fue nuestra visión de la maquina lo que ocasionó el producto del hombre y las definiciones que normativizaron su cuerpo? ¿Es el humano producto de la máquina?

Estas “piezas” que comienzan a formar parte de nuestro organismo, como una extensión de nuestro cuerpo sin las cuales el cuerpo nos resulta incompleto, tales como los celulares, las tabletas, las computadoras, etc., que en un inicio habrían retratado el más perfecto monstruo de Frankestein, hoy son el cuerpo mismo habilitado con sus prótesis que al contrario de cubrir alguna deficiencia que necesite su respectivo remplazo, hoy atienden la necesidad de un control y una mejora a las imperfecciones de nuestro cada día más limitado organismo.

Otro de los aspectos que saltan a la vista durante el desarrollo de la película, es la primera reunión que tiene el pueblo en la cual Tom menciona la necesidad de modificar ciertos principios dentro de las dinámicas sociales que para el resto de los habitantes en realidad se encuentran tan estrechamente ligadas a concepción de la vida que de hecho se vuelven invisibles para ellos y ciertamente resultan invisibles y completamente insignificantes para el observador ajeno a las dinámicas del pueblo hasta que los demonios del pueblo comienzan a emerger a medida que la presencia de Claire comienza a tornarse amenazadora y sin embargo una presencia de la cual dependen tanto que en lugar de echarla del mismo, la mantienen en el pueblo con tal de que siga cumpliendo con las “labores innecesarias” a las cuales todos comienzan a acostumbrarse, aunque ahora bajo el concepto de una deuda que ella debe cubrir para con la gente del pueblo donde ella se ve forzada primero a trabajar el doble de lo que solía hacerlo y llegando al punto de ser violada y encadenada para que no escape, aunque ellos insisten en que tales tratos hacia ella no son abusos o castigos, sino simples medidas para la seguridad del mismo.

En el film por ejemplo, la manera en que Claire comienza a adentrarse en la maquinaria social, es a través de hacer las cosas a las que nadie “daba importancia”, cosas en apariencia insignificantes que en realidad hacían la vida de la sociedad mucho más cómoda y de este modo, Claire logra integrarse de tal suerte dentro del aparato que eventualmente se ve encadenada y atada al mismo como resultado de la dependencia que la estructura misma genera en y hacia ella.

Aquí uno podría observar a la forma en que los saberes científicos y tecnificados, aunado de los discursos médicos pueden haber dado origen a esta concepción mecánica, sin embargo, a pesar del espectro que podríamos obviar al pensar ¿Qué de nosotros se vuelve dependiente de estos saberes que dotan de su hedonismo a estas dinámicas y mecanismo sociales? La pregunta que en realidad me gustaría formular es: ¿Cómo es que nos volvemos de tal suerte dependientes de estos mecanismos y dinámicas sociales, que pese a los inconvenientes, molestias y dolores que producen, basta apenas del “fenómeno explicador”, como lo plantea Jacques Rancière[2], para que en estos saberes no necesitemos ya de cuestionar dichos principios y dinámicas en tanto podamos hallar en ellos el más absurdo de los beneficios?

Slavoj Zizek parece añadir un elemento fundamental ante tal cuestionamiento que si bien puede no terminar de responder, propone el pilar discursivo desde el cual comenzamos a palpar esta invisibilidad.

“Aquí es donde se hace evidente la diferencia entre el Zen propiamente dicho y su versión occidental: la auténtica grandeza del Zen es que no puede ser reducido a un “viaje interior” hacia nuestro “verdadero ser”, el propósito de la meditación Zen es, por el contrario, un vaciamiento total del ser, la aceptación de que el ser no existe, de que no existe una “verdad interior” susceptible de ser descubierta. Éste es el motivo por el que los auténticos maestros Zen están plenamente justificados cuando interpretan el mensaje básico Zen (la liberación descansa en la pérdida del propio yo, en unirse inmediatamente con el vacío primordial) del mismo modo en que se jura fidelidad militar, para, acto seguido, cumplir órdenes y realizar la misión encomendada dejando a un lado las consideraciones sobre el yo y los intereses personales”[3]

Si uno se detiene a contemplar un momento el comportamiento de una nación, por ejemplo, “Estados Unidos”, todo agente externo, cualquier objeto o presencia que constituya por sí sola el augurio del más mínimo signo de amenaza es rápida y eficientemente repelido para crear aquella ilusión interna de protección donde no existe amenaza alguna más que la que ellos puedan infringirse a sí mismos, o al menos esa fue la ilusión que se mantuvo hasta los acontecimientos del 11, dónde lo que en realidad devino por consecuencia, al menos en la política interior, fue un redoblamiento de la vigilancia y medidas de seguridad implementadas, las cuales alcanzaron tal índice de absolutismo en su supuesta democracia que comenzaron a atentar contra la seguridad de sus propios ciudadanos. No obstante, salta a perspectiva que en realidad esta amenaza, como ahora sabemos fue “interna”, pasó desapercibida a la vista de todos y llevó algún tiempo no sólo antes de que estos hechos pudieran ser desmentidos, sino incluso antes de que comenzaran a ser cuestionados.

Estados Unidos como sabemos y como de hecho expresa Judith Butler en su obra “Marcos de Guerra” se valió incluso del discurso feminista para apoyar su discurso de “liberación” de las mujeres iraníes y afganas, proclamando discursos de represión en el uso y empleo de la indumentaria de las mujeres sin comprender el contexto y la visión de las mismas mujeres con respecto a la misma. ¿Qué hizo invisible la amenaza? ¿Y qué volvió invisible a aquellos otros que estaban muriendo en la “guerra preventiva contra el terrorismo”?

“No es como si un "yo" existiera independientemente por aquí y que simplemente perdiera a un "tú" por allá, especialmente si el vínculo con ese "tú" forma parte de lo que constituye mi "yo". Si bajo estas condiciones llegara a perderte, lo que me duele no es sólo la pérdida, sino volverme inescrutable para mí. ¿Qué "soy", sin ti? Cuando perdemos algunos de estos lazos que nos constituyen, no sabemos quiénes somos ni qué hacer. En un nivel, descubro que te he perdido a "ti" sólo para descubrir que "yo" también desaparezco.” [4]

En el film, cuando las mujeres toman venganza de Claire, Vera comienza a destruir los figurines que esencialmente representaban la conexión entre Claire y lo curioso es que en este vínculo entre Claire y el pueblo, todo el sufrimiento que ella comienza a pasar tras cada abuso se vuelve tolerable únicamente en y a través de los figurines de porcelana que le recuerdan a Claire el vínculo de valor que ha generado hacia el mismo; posteriormente Claire se venga de Vera haciendo que maten a sus hijos del mismo modo que ella rompe los figurines de porcelana, esto siendo poniendo como condición que si ella es capaz de contener sus lágrimas ante tal abuso entonces éste pararía, lo cual en realidad no ocurre en ninguno de los dos casos y sin embargo se genera un sentido de deuda de tal suerte que Claire lo vuelve equivalente al sufrimiento que ella experimenta. Este es un símbolo poderoso en relación al Capitalismo, puesto que los figurines que para ella no tenían ningún valor y por los cuales trabaja para poder obtenerlos, se convierten en un símbolo de posesión a cambio del trabajo que realizó, un trabajo que nadie necesitaba, pero que en realidad mantenía la ilusión de pertenencia con y para el pueblo.

De hecho, uno de los elementos simbólicos que más resalta a lo largo de la película, es que las casas, las “propiedades” de cada uno de los habitantes, simplemente se encuentra delineada en forma tal que representa el espacio de pertenencia que cada uno tiene con y para el pueblo, aunque, no obstante una de las escenas más significativas es el momento en el que Chuck se encuentra violando a Claire y a pesar de que este plano toma lugar “a la vista de todos” nadie presta atención del mismo porque simplemente resulta un espacio ajeno, un espacio que no es de la incumbencia de nadie, de hecho la transición de las tomas es precisamente desde el punto de vista de cada uno de los habitantes que continúan con sus labores de forma completamente inconsciente a este hecho.

“Una de las cosas que me ha llevado a re-definir la perversión, ha sido la instrumentación del cuerpo del otro como un lugar de goce despojado de subjetividad. Cuando se emplea el cuerpo del otro como si estuviera vaciado, como si fuera un objeto, hay perversión. Bajo la forma que se ejerza” (Silvia Bleichmar, 2014)

La agresión y la violencia, por ejemplo, son de igual manera este elemento invisible frente a los abusos que se presentan como condición inherente a la naturaleza de ese “intercambio” que existe entre el pueblo hacia el cuerpo de Claire, es decir como una suerte de constante sometimiento que debe pasar el cuerpo para que en este sentido la mente pueda cubrir la administración de dicha deuda; misma administración y regulación se presentan en la imagen de las naciones cuando sus ataques son justificados contra otros países, para lo cual de antemano se generan toda una serie de discusiones y asambleas tales como las que se presentan en el pueblo, donde primero se decide el tipo de relación y deuda que entonces generan ese saber o entendimiento de la relación hacia una persona o un grupo en particular que le hace susceptible de un trato o conducta determinada que va siendo probada y evaluada con el fin último de posteriormente no ver esa violencia como una violencia o un castigo, sino simplemente como condición misma de una relación de deuda hacia dicho estado/nación.

La invisibilidad, es a mi parecer precisamente esa condición post-humana que se genera en y a partir de la irreflexión que toma lugar en el cuerpo, es decir, donde una vez que el principio de deuda, una vez que los saberes rebasan aquel sitio del cual se desprenden y el cuerpo es dejado a ser no más que un envase supuesto a tolerar las condiciones y adversidades de un entorno que demanda la adaptación al mismo.En este sentido, el principio mismo a través del cual la perdida de las libertades de Claire, comienzan a trazarse desde el momento en el que comienza a verse inmersa en los mecanismos y relaciones mismas que definen este sentido de deuda en y para con todas las personas del pueblo, con quienes además de una relación de trabajo comienza a desarrollar una suerte de código que después les lleva a demandar de ella la satisfacción de deseos que no podían “pagarse con dinero o trabajo” sino con el cuerpo.

Esto es todo por el momento, gracias por leer




[1] Werner Herzog, Rupert Maconick. (2016, Enero 23). Lo and Behold, Reveries of a Connected World [Trailer en Youtube]. Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=Zc1tZ8JsZvg
[2] Jacques Rancière. (2002). El Maestro Ignorante. Barcelona: Laertes.
[3] Slavoj Zizek (2002) Bienvenidos al desierto de lo real. Madrid Ediciones Lavel S.A., 2005
[4] Judith Butler. (2006). Vida Precaria, El poder del duelo y la violencia. Argentina: Paidós. pág. 48