domingo, 9 de octubre de 2016

Mi Jornada hacia la Vida, Día 946, Una lección sobre la Responsabilidad

El día de ayer estaba ayudando un poco en una obra de Teatro dentro de la tramoya, ya sabes, básicamente acomodando las cosas aquí y allá en el escenario para que todo estuviera en su lugar para los actores y al terminar la obra, de igual manera ayude a levantar toda la escenografía y a subirla en unas camionetas para que pudieran llevársela.

Entre todo el ajetreo, una persona que había traído una pequeña plataforma desarmable, olvido llevársela al momento de  salir del teatro, de modo que le preguntamos a otro señor si tomaría la iniciativa de llevársela entre todas las cosas que de igual forma estaba embalando y empacando en su camioneta, el accedió y subimos la plataforma a la camioneta.

Al salir del teatro, a menos de una cuadra, había un pequeño marco que delimitaba la altura máxima de los coches que podían pasar y en cuanto pasamos por allí, la plataforma no sólo cayó al suelo desde el toldo de la camioneta (el cuál de por sí ya era un poco más alto que lo normal), sino que de igual forma rompió el accesorio de la camioneta con el cual podía montar cosas en el toldo para poder llevarlas. 

La plataforma había recibido un enorme en sus costados, estropeando la apariencia de la madera y además dejando una gran fisura que corría desde uno de los clavos que tenían fijas las tablas. Parecía estropeada, y no dejaba de pensar en la reacción de la dueña de aquella plataforma en el momento de hacerle saber la situación

Al final, como pudimos, volvimos a subir aquella enorme plataforma al toldo y conducimos con cuidado a lo largo de la ciudad, pero mientras estaba en el coche con aquel señor, continuamos la plática, le comenté algunas de mis actividades que debía de realizar el día de mañana (es decir hoy) y le pregunté ¿qué más tendría que hacer él esa noche o el día de mañana? Me dijo que nada, simplemente debía devolver la camioneta que le habían prestado y terminar de desmontar lo muebles que habíamos subido al toldo y le pregunté ¿Qué es lo que ahora se iba a hacer con la plataforma? Y el me respondió con toda la calma del mundo "Pues pagarla, así como pagar el daño del accesorio de la camioneta porque me la prestaron".

No me parecía justo que aquel señor tuviera que pagar el costo de los daños de la plataforma y la camioneta, al final de cuentas, la irresponsabilidad de la dueña de aquella plataforma parecía haberlo empujado a tener que llevarse dicha plataforma, y en ello, básicamente dañar la plataforma misma.

Le comunique mi desacuerdo y nuevamente con toda la tranquilidad del mundo me respondió: "Para mí no hay otra forma, las cosas son así". 

Nuevamente le pregunté si usted se encontraba simplemente "bien" con tener que cubrir un gasto que a él no le correspondía hacer y el me respondió nuevamente: "Para mi no hay complicación en ello, si observas a la forma en que ocurrieron las cosas, a quién le van a preguntar es a mí porque fui yo quién la subió, con lo que si tendría problema sería con la culpa o buscar culpables, ésto simplemente fue un accidente, no hay dolo detrás de ello, sin embargo la responsabilidad es mía puesto que fui yo quién la asumió en el momento de subir la plataforma al toldo sin tomar en consideración la altura del marco al final de la cuadra, yo fui el que dijo - si pasa - sin medir la altura o cerciorarme de ello." Y continuó diciendo: "Los mexicanos solemos tener una mentalidad demasiado educada en la culpa, buscamos un culpable para todo y nos enojamos cuando nos acusan de ser los responsables de algo porque no queremos esa culpa, preferimos señalar a alguien para culparlo por ello, pero para mí, las cosas son simples, no me complico, ni me enojo, simplemente fue un accidente, pasó y hay un gasto que debe cubrirse, pero nada más; por ejemplo tú que me dices todo lo que tienes que hacer aún hoy al llegar a tu casa, además de lo que has de hacer mañana y el lunes, aún no has comenzado y ya estás pensando que será pesado, agotador y difícil, te complicas antes de comenzar, pero simplemente tienes que hacerlo y ya"

Le pregunté ¿cómo y dónde había aprendido a pensar de esa forma? Porque cada palabra que me decía, la expresaba con una absoluta tranquilidad, de hecho su presencia en general era bastante serena y el me respondió: "La vida te lo enseña, son puras matemáticas, si sigues el orden de las cosas puedes trazar el origen de un problema y su resolución, si lo aceptas de esa forma, las cosas no tienen mayor complejidad y te ahorras muchos corajes, te ahorras decepciones, te ahorras problemas, porque sólo actúas de acuerdo a las circunstancias; si estás pensando que tendrás un día difícil mañana, el día ni siquiera ha empezado, pero tú ya lo hiciste agotador, en lugar de simplemente responder al momento y hacer lo necesario, estudia matemáticas, porque al hacerlo te permite aprender a hacer análisis de las situaciones, te permite encontrar soluciones simples".

Al llegar a mi casa, me avisaron que tenía que ir a ayudar al Inipi a las 3:00 am para preparar todo, teniendo presente lo que había discutido anteriormente con el señor, simplemente ajusté la alarma (la cual en realidad ni siquiera tuvo que sonar porque me levanté antes) y me encaminé al Inipi para ayudar; ademas tenía que ayudar a un amigo el día de hoy con un par de cosas que tenía que hacer y además tengo aún que realizar la traducción de un artículo, pero en lugar de pensar en eso, tengo presentes en éste momento las palabras de aquel hombre. Y realmente funciona, todo es cuestión de actitud.

La maldición del libre albedrío, es que puedes "decidir y escoger" como quieres que sean las cosas, pero las cosas jamás van a ser como uno quiere... lo demás depende de uno