miércoles, 5 de octubre de 2016

Mi Jornada hacia la Vida, Día 945, Lo que un árbol enseña acerca de las relaciones

El otro día nuevamente estaba cortando madera para poder preparar el Inipi y tomé uno de aquellos troncos que tienen diversas ramificaciones a lo largo del tronco para poder dividirlo en pedazos más pequeños.

Al momento de estar cortando las ramas, notaba que estas de hecho no se desprendían del tronco, estaban tan amalgamadas a éste que en realidad para cortar una sola rama, me llevó mucho más de 30 minutos en un pequeño tronco y más especificamente, no pude simplemente desprender la rama, tuve que de hecho cortar y partir el tronco en varios pedazos desde adentro para poder desprender aquella "relación" que el tronco había formado en y hacia dicha rama.

Conforme repetía esta acción una y otra vez, un punto se volvía evidente con respecto de la forma en que hacemos nuestras relaciones, sobretodo aquellas con las cuales formamos una fuerte "conexión" siendo éstas nuestras ramas principales en nuestro ser y es que = si quieres cambiar tus relaciones, no puedes simplemente cortarlas y tratar de apartarte de ellas, tienes que ir al interior de ti mismo y literalmente desmantelar todo de quién tu eres para poder cambiar el tipo de relaciones que has formado, porque el punto es que, aquello que de hecho te conecto a dichas relaciones fue la clase de persona/individuo/ser humano que te has permitido ser, aquello como lo que te has construido en y a lo largo de tu vida, de modo que, incluso si te apartas de dichas personas, lo más probable es que eventualmente esa misma estructura simplemente será ocupada por otra persona que llegará y ocasionará los mismos conflictos y problemas que hayas aceptado y permitido dentro de y a lo largo de tu vida.

Uno no puede simplemente culpar a la rama por haber crecido en el tronco sin de hecho ver al tronco mismo y entender que en los anillos, la formación interna del arbol, tomo lugar dicha ramificación en la forma en que lo hizo porque fue así como se predispuso a ocurrir en la estructura misma del árbol y no pudo ser de otra forma; si uno quiere cambiar esas relaciones o nuestra dinámica hacia las mismas, no podemos simplemente esperar a que llegue la persona "indicada" que ocupe dicha rama; por el contrario, uno mismo tiene que determinar exactamente que tipo de ser/individuo/persona/ser humano somos y vamos a ser con respecto a nuestras relaciones, para que ese árbol se encuentre bien equilibrado y de hecho pueda crecer de forma estable, balanceada y valga la redundancia que pueda CRECER, porque incluso si todo el peso del árbol se fuera hacia una sola rama, lo más probable es que ese árbol eventualmente se caerá porque incluso las raices no podrán soportar el peso de aquella rama y es como que si imaginas un árbol con una rama más gruesa que el tronco mismo, puedes ver claramente como el árbol simplemente colapsa y muere, lo cuál es algo que ocurre en la mayoría de nuestras relaciones.

Solemos delegar demasiado a las personas y por delegar me refiero a cuando creamos esta suerte de dependencia hacia las mismas, donde dedicamos demasiado de nosotros al otro y terminamos perdiéndonos a nosotros mismos dentro de ellas, lo cuál es un principio que suele ser sugerido constantemente por todas las canciones de amor y cosas por el estilo "tu eres mi sol, el cielo y las estrellas", pero ¿donde queda uno con respecto a semejante Universo? 

Conocerse a uno mismo en todos los aspectos posibles es la clave para poder construir exactamente el tipo de relaciones que necesitamos en nuestra vida, para que nuestras ramas no pesen más de un lado que del otro y podamos entonces crear un árbol que será tan estable que podrá crecer por mucho tiempo.

Cuando llegó mi amigo, le hablé un poco acerca de lo que había estado viendo mientras partía el tronco y me dijo lo siguiente: "No basta con cambiar de amo, hace falta dejar de ser perro"