jueves, 21 de julio de 2016

Mi Jornada hacia la Vida, Día 930, Lo que he aprendido dando clases de arte a los niños



Es difícil explicar en palabras lo agotadoras que han resultado estas últimas 3 semanas para mí trabajando con niños, en verdad no entiendo de donde sacan tanta energía, pero es impresionante, lol.

Trabajar con un niño demanda mucho más que paciencia, su curiosidad por el mundo puede agotar todas las respuestas que uno haya aprendido a lo largo de su vida, sobretodo si ha sido tan corta la mía hasta ahora, esas respuestas que aprendemos más a razón de justificación y que en algún momento fueron dadas a nosotros y las aceptamos porque por alguna razón, es como que simplemente nos cansamos de preguntar, de cuestionar, de entender y creo que esto tiene que ver con lo mucho que nos acostumbramos a decir mentiras a lo largo de nuestra vida, porque ante más mentiras cuentas a otros y te cuentas a ti mismo, más esfuerzo implica de parte de uno el poder mantener esas mentiras y tenemos que ajustar el resto de nuestra vida a ellas para poder preservarlas; así que aprendemos un excelente discurso que le contamos a otras personas para continuar convenciéndonos a nosotros mismos que sólo haremos aquello que dijimos que ya no haríamos por un día más, hasta que sin darte cuenta miras hacia atrás y de pronto han pasado 20 años...

En fin...en esta semana hemos trabajando con el arte, concepto e idea de Pablo Picasso para los trabajos de los niños y personalmente encontré fascinante lo mucho que uno debe valerse de los "datos curiosos" antes que de los discursos establecidos alrededor de la vida y obra de Picasso, como por ejemplo la clase de cosas que afectaron el trabajo de Picasso como la muerte de su mejor amigo o la historia detrás del cuadro de las Señoritas de Avignon, como descomponía un toro hasta lograr su abstracción y aún así, a pesar de todo, a pesar de haber logrado captar su atención y fascinación, lo más probable es que únicamente 1 o 2 decidan hacer algo relacionado con el trabajo de Picasso, la gran mayoría decide optar por continuar con la clase de trabajos que ellos prefieren, por supuesto los suyos, porque no estarán dispuestos a renunciar tan fácilmente a su expresión, a menos de que les enseñes que nada de ellos puede perderse y que en realidad añades a su expresión...

Siempre es así con todo, incluso las mentiras son una conveniente añadidura, pero la pregunta es: ¿Es todo lo que se añade perjudicial para la expresión? ¿O podemos de hecho buscar el mejor potencial de cada persona en y a través de uno mismo?

Lo cual me llevo a hablar de mi propio proceso, y cabe decir que es una sensación sumamente extraña el sentarse con los niños y ver sus caritas mientras hablas de tu propia vida, de tu propia infancia y de pronto descubrir que aún eres un niño. En los primeros días tomaría el "rol del maestro" frente a ellos, prácticamente no me sentaría a trabajar con ellos y ni siquiera pensar en ponerme a jugar con ellos y "como ellos", se supone que uno debe ser un buen instructor, un buen mentor y todas las ideas que se supone que devengan de ello, pero la realidad es que ante más distancia toma uno, más distancia toman los niños de igual forma, es decir, será mucho más difícil lograr su atención, porque para ellos simplemente eres otro de esos adultos tratando de decirles que hacer, a menos de que te vuelvas su amigo y de pronto el aprendizaje es otro juego. 

Sólo puedo decir que trabajar con niños es en efecto una ardua tarea, pero una que personalmente disfruto, porque te desafía en todos los sentidos posibles y sobretodo te desafía a ser honesto contigo mismo en cada momento, tras cada pregunta, tras cada juego, tras cada llamada de atención tienes que actuar de la mejor manera posible, protegiendo la integridad del niño (y sobretodo si no es TU niño), siempre debes animarlos, hablar con suavidad, tener nervios de acero y completa y absoluta paciencia. Espero poder tener la oportunidad de continuar trabajando con ellos por mucho más tiempo