martes, 19 de julio de 2016

Mi Jornada hacia la Vida, Día 929, Aprender jugando pt. 2



A lo largo del taller, también le hablamos a chicos y chicas acerca de la pornografía, pero les hablamos de ella más allá del discurso moral/ético al que ya estamos acostumbrados y del cual cabe decir también nos encontramos hartos.

El acto de la masturbación es la interacción física que un individuo realiza con su propio cuerpo, la cual deriva en una experiencia sexual que ayuda a establecer y cimentar las bases de la interacción con nosotros mismos, lo cual abarca no sólo nuestra interacción con el propio cuerpo, sino a su vez la relación e idea que un individuo forma y estructura de sí mismo con respecto a su propia sexualidad. 

A este efecto, podemos entender la masturbación como uno de los principales y más importantes elementos del desarrollo psicosexual, el cual integra mediante el principio de estímulo y recompensa en el subconsciente e inconsciente de los individuos, nuestra interacción y relación con el cuerpo de la otredad, pues en la definición de mi sexualidad, reúno los elementos para entender y relacionarme con la sexualidad y el ejercicio de la misma con y hacia otros individuos.

La pornografía opera en la mente como una experiencia mental que es creada “acerca de la realidad”, donde la experiencia que el individuo crea para estimular el cuerpo a fin de llevarlo al punto del orgasmo se encuentra condicionada por los discursos de los roles de género, así como las ficciones y discursos que subyacen detrás de los mismos en relación al cuerpo de la mujer y el hombre, como el ideal simbólico que la cultura ha generado y reforzado dentro y detrás del material pornográfico, del cual los individuos se valen para generar dicha estimulación.

Entiéndase que la masturbación ligada a la imagen pornográfica, no se define por la carencia de estímulos e improntas, pues la memoria no es únicamente una dimensión limitada al almacenamiento de información como si de un sistema archivístico se tratara, sino que ésta se comporta más bien como una estructura cambiante, es decir que evoluciona y se modifica con las nuevas experiencias y la composición de las improntas mismas, las cuales no se limitan al campo visual sino que abarcan todos los sentidos del ser humano, llámese el tacto, el sonido, los fluidos, etc., o dicho de otra forma, es el vínculo que formamos a efectos de ampliar nuestro entendimiento acerca de todo cuanto sentimos y vivimos. 

El ámbito reductor de la pornografía, reside en ese constante condicionamiento que un individuo establece con el propio cuerpo a través de la experiencia sexual que éste forma entre la experiencia de su placer con la imagen presentada dentro y a través de la imagen pornográfica, a razón de la proyección de un ideal que no puede ser alcanzado por medios físicos y ésto incluso a través del acto sexual mismo, pues el discurso del dicho ideal reside y gira entorno de la ficción política que ha sido generada en torno al cuerpo, así como el condicionamiento cultural implícito mediante los roles de género que asumimos a fin de satisfacer el deseo de ejercer nuestra sexualidad.

La pornografía en este sentido, se ha convertido en el discurso que antecede a toda interacción física, no sólo en la relación con otros individuos, sino en la relación de la interacción con el propio cuerpo, convirtiéndose así en el modelo de educación sexual por excelencia.

En éste sentido, podemos afirmar que la sexualidad es literalmente “entrenada” a través de la pornografía, donde al ver el ideal simbólico comparado con el cuerpo físico humano, no sólo limita el desarrollo psicosexual de los individuos sino que refuerza los discursos y ficciones en relación al cuerpo que limitan nuestro entendimiento de los procesos biológicos y conductuales implícitos dentro del ejercicio de nuestra sexualidad hacia las cuales la pornografía no provee ninguna clase de formación o educación apropiada para la comprensión y desarrollo individual de la sexualidad y relación con la otredad. El porno es la antípoda del Eros. Aniquila la sexualidad misma. (Byung Chul Han, 2014; 25) 

Actualmente no es un secreto lo perjudicial que puede resultar el empleo de pornografía para el cerebro y para las relaciones (Boeringer, 1994), ya que la persona que observa pornografía, pierde contacto con la realidad y con lo que el sexo realmente es. 

Personalmente estoy convencido como Comunicador Visual de que no existe imagen que sea “inofensiva” en nuestra consciencia, como reza el dicho, es imposible no comunicar y simplemente sería una irresponsabilidad de nuestra parte asumir que las imágenes pornográficas se relegan a alguna dimensión de la fantasía de nuestras mentes sin efecto o consecuencia alguna sobre las personas que las consumen.

Si se me permite, no es por gratuidad que algunos neurólogos comparan los efectos de la pornografía en el cerebro con drogas como la cocaína (Nestler, E. J., 2005), pues en términos de la adicción que ésta genera, la conclusión simple es que ésta es considerada ahora como la nueva droga de la cuál es imposible desintoxicarse. 

Estudios realizados por el Dr. Gabor Mate sugieren que la adicción dentro de la mente del adicto no puede simplemente ser clasificada como una falla de la moral, una falta de voluntad, sino de una relación emocional que está siendo relacionada con la droga misma, y por supuesto lleva éste plano de la adicción a un nivel completamente diferente cuando empieza a mostrarnos como la adicción existe en todos y cada uno de nosotros aunque ésta no sea necesariamente hacia una substancia per se.

En una sociedad que se encuentra fundamentalmente dividida por ideologías clasistas, económicas depredadoras y políticas de hostilidad y violencia, nuestra actitud hacia la pornografía se convierte pues en el reflejo de esa distanciación que hemos hecho de la otredad con la cual hemos perdido nuestra inherente capacidad para conectarnos. La pornografía se ha convertido en la substitución de las relaciones que anhelamos establecer, como el espacio del cual nos hemos privado para explorar nuestra propia expresión sexual, pero que no obstante, al ser abordado desde el plano imaginativo, caemos constantemente en una suerte de disonancia cognitiva que nos lleva perder completamente el contacto con la realidad.

El ideal en sí mismo del sexo se moldea alrededor de las imágenes que proyectan las que habrán de convertirse en las necesidades y deseos de los individuos que la consumen. Desde niños se nos enseña a seguir las imágenes y a reaccionar a éstas, al signo del sanitario que nos indica el lugar apropiado y socialmente aceptable para liberar nuestros esfínteres, la pornografía se convierte, pues en el símbolo que indica a los humanos que es socialmente aceptable y apropiado esperar de sus relaciones las mismas experiencias que aprenden de las imágenes (Layden, 2010), las cuales al enfrentarse con el prospecto de la realidad, llevan al individuo que la consume a colocar su relación a la pornografía por encima de su relación con sus parejas, donde a pesar de mantener relaciones sexuales frecuentes, aún buscarán y preferirán el uso de la pornografía.

<<La sexualidad no se desvanece en la sublimación, la represión y la moral, se desvanece con mucha mayor seguridad en lo más sexual que el sexo: el porno>> (Byung Chul Hang, 2014, Pág. 26)

Los defensores de la pornografía suelen argumentar que ésta es algo que ha existido por siempre, y aunque podemos afirmar que como humanidad siempre hemos buscado formas de retratar el acto sexual, la realidad es que en toda la existencia de la civilización humana, el acto sexual jamás había sido retratado con el grado de violencia y degradación con la que existe actualmente, donde incluso algunos productores del cine pornográfico como John Staglino confiesan que “tal vez alimenta una psicología que no consideran sana […] y preocupa de estar creando un arte que alimenta eso” (Carl Jensen, 2007, Pág. 98,99)

En éste sentido, el argumento de que la pornografía constituye sólo una fantasía, tiene por implícito de que ésta no tiene realmente un efecto, e implícitamente que no existen consecuencias ante su consumo. No obstante, la realidad dista mucho de ser sólo una fantasía, las grabaciones y los cuerpos de hombres y mujeres en ellas son reales y las consecuencias que sus cuerpos padecen también lo son. 

Por supuesto no se niega la importancia del papel que la pornografía ha tenido dentro del arte así como la evolución del mismo, sin embargo, tampoco podemos afirmar que toda la pornografía es arte, tan sólo pensemos lo que ocurriría si a un pederasta se le ocurriera justificar sus “preferencias sexuales” so pretexto de establecer un nuevo género artístico…

Para concretar este pensamiento, podemos observarlo de la siguiente forma: Ningún psicólogo haría una interpretación literal de un sueño de uno de sus pacientes, sino que por el contrario, éste realizará una observación general de la relación de los símbolos en el sueño y de igual forma solicitará a su paciente que realice una descripción personal de lo que le representa cada símbolo para poder acercarse al significado real del sueño, lo mismo ocurre con la pornografía que es a menudo justificada por sus defensores como sólo una “fantasía”

La pregunta por consecuente es: Si la pornografía es tan inofensiva como sus defensores argumentan ¿Por qué estas fantasías? ¿Por qué fantasías sobre crueldad y degradación? ¿Qué dicen estas fantasías acerca de nosotros mismos? ¿A qué debemos la insistencia de tantos científicos e investigadores en remarcar y advertir sobre la influencia que la pornografía tiene sobre el cerebro y la forma en que ésta nos afecta no sólo a nosotros sino a nuestras relaciones y por consecuente a toda la sociedad? 

“Una de las cosas que me ha llevado a re-definir la perversión, ha sido la instrumentación del cuerpo del otro como un lugar de goce despojado de subjetividad. Cuando se emplea el cuerpo del otro como si estuviera vaciado, como si fuera un objeto, hay perversión. Bajo la forma que se ejerza. Aún bajo la forma de una relación sexual tradicional.” (Silvia Bleichmar, 2014)



Continuo en el próximo post.