martes, 12 de julio de 2016

Mi Jornada hacia la Vida, Día 927, Aprender de los niños.

La semana pasada comencé a laborar en un taller de arte para niños; podría decirse que es más bien una suerte de "curso de verano" donde los padres pueden tener la tranquilidad de dejar a los hijos entreteniéndose y haciendo actividades en lugar de que se queden en casa.

Ha sido complicado para mí el poder darme un momento (como lo estoy haciendo ahora) para detenerme a escribir y compartir algunas de las cosas que he visto dentro de este taller, cosas que de hecho me han llevado a desafiarme a mí mismo a niveles que no esperaba. 

Las edades de los niños en el curso oscilan entre los 5 y los 12 años, de modo que encontrar un punto en el cual establecer actividades que sean divertidas para todos sin que unos se aburran y sin que otros se sientan excluidos es sólo el menor de los problemas...

Desde el inicio de la semana, tenemos que resolver toda clase de conflictos entre los niños y por supuesto hay situaciones en las que tienes que tomar como 4 respiros antes de empezar a hablar, lo cual es uno de los tantos puntos que se han puesto a prueba dentro de mi proceso = la paciencia, la dirección de la situación en tiempo real, el empleo del sentido común al hablar con ellos o incluso llamarles la atención cuando andan como todos emocionados y desbalagados por todo el salón.

Y por supuesto, al llamarle la atención a un niño, uno no debe sólo decirle "que hizo mal", sino que uno debe arrodillarse y colocarse a la altura de sus ojos, sostener sus manos y cruzarlas frente a él, de modo que toda su atención se encuentre dirigida en un sólo punto, si desvía la mirada, hay que devolverla hacia uno; también hay que hablarle con suavidad indicándole que conducta no es aceptable y en el momento que trae alguna excusa o intenta culpar a otro niño o niña, es ahí donde entra el empleo del sentido común, para que el mismo cuestione su propia conducta y se de cuenta que no es algo que pueda o deba seguir haciendo para lograr que todos trabajen conjuntamente respetándose a sí mismos y a los demás.

Otro de los desafíos que de hecho ha supuesto el trabajar con niños, es lo mucho que constantemente uno puede verse reflejado en sus actitudes y sus palabras; los retrocesos son inevitables y un sin número de memorias emergen al verlos relacionarse con otros niños, aunque sinceramente el trabajo se vuelve de momentos tan demandante que tener un respiro para uno mismo es casi un lujo que no siempre es posible darse.

El día de ayer, se presentó un conflicto entre dos niños, mientras hacían una actividad que consiste de hacer una suerte de "cadaver exquisito" en el que un niño comienza un dibujo, el otro lo continua y luego lo pasa a otro y así sucesivamente, hasta que uno de ellos había rayado el dibujo de otro y éste al sentir que se le estaba agrediendo comenzó toda una serie de acciones para demostrar su superioridad frente al otro. Niños y niñas discutían y debatían quién tenía la razón de lo que se estaba diciendo y haciendo y cada uno constantemente trataba de defender su idea aferrándose a ella en lugar de tratar de llegar a un acuerdo; pero llegó un momento en el cual comenzaron a escribir cosas hirientes hacia el otro en los dibujos y ésto provocó que pequeños grupos se formaran donde unos apoyaban a un niño y otros al otro niño, lo cuál de hecho resonó con un punto que de hecho me encuentro caminando dentro de mi assignment en mi relación con las relaciones, donde a pesar de que no es el "mismo punto o conflicto que se presentó", encontré un punto interesante en ésta dinámica de "necesitar, depender de o luchar contra la opinión del otro" y me gustaría compartir un poco del perdón a uno mismo que he caminado dentro del mismo:

Me perdono a mí mismo por haberme aceptado y permitido a mí mismo creer que necesitaba la opinión de mis compañeros y amigos antes de acercarme con una chica por la cual me sentía atraído, donde puedo ver que la misma “atracción” que generé hacia esta chica se encontraba ya determinada por y de las ideas que había formado alrededor de las niñas basada en la opinión de mis amigos y compañeros dentro de lo cual, en ambas acciones, buscaba poder continuar perteneciendo al grupo en mi temor a quedarme solo.

Me perdono a mí mismo por haberme aceptado y permitido a mí mismo pedir la opinión de mis amigos y compañeros para poder sentirme seguro de que no estaba “escogiendo mal a la chica” o donde incluso a partir de su opinión querría determinar si yo me encontraba “a la altura del reto”, en lugar de referenciarme a mí mismo para poder determinar por mí mismo la clase de relación que quería crear con las personas y aún dentro de esto, la clase de relación que quería crear conmigo mismo para expresarme en la forma en que de hecho podría asistirme y apoyarme a mí mismo.

Me perdono a mí mismo por haberme aceptado y permitido a mí mismo temer que mis amigos y compañeros se molestaran si no actuaba o hablaba de acuerdo a su forma de ver las cosas o las ideas que todos tratábamos de proyectar, pues pensaba que dejarían de hablarme y no me permitirían juntarme con ellos.

Me perdono a mí mismo por haberme aceptado y permitido a mí mismo temer que las personas dejen de hablarme o de juntarse conmigo, pues puedo darme cuenta que en ese momento todo de mi ser y mi tiempo estaba dedicado a buscar relaciones y al no tenerme siquiera a mí mismo como referencia, jamás me detuve a preguntarme a mí mismo si había algo que quisiera hacer por mí, empleando ese tiempo, ese espacio dentro de mí para dedicarme a hacer algo que de hecho quisiera hacer por mí mismo y dentro de esto

Me perdono a mí mismo por haberme aceptado y permitido a mí mismo utilizar las relaciones como una forma de evadirme a mí mismo, porque mientras escribo esto, puedo ver como dentro de esas opiniones que pedía a mis amigos y compañeros, trataba de esconder un sin número de cosas acerca de mí mismo, porque para empezar la razón por la cual empezamos a dividirnos en grupos dentro de la escuela se debió al hecho de que comenzamos a tener conflictos con otros niños quienes también habían formado sus grupos y es por ello que tenía miedo de que me rechazaran del grupo de amigos en el que me encontraba, porque sabía que al salir de éste me encontraría solo ya que en lugar de enfrentar aquellas ideas con las cuales yo mismo me separé y dividí de otros niños y de otros grupos, haciendo a un lado mi orgullo y aparente “percepción de que yo tenía la razón al estar enojado y de que yo era la víctima dentro de las discusiones”, preferí empezar a hacer cosas que no sólo sabía dentro de mí mismo que no quería hacer, sino que sabía que había empezado a hacer como consecuencia de alguna discusión con algún otro niño donde quería “demostrar que yo estaba en lo correcto y que tenía la razón” y dentro de ésto.

Me perdono a mí mismo por haberme aceptado y permitido a mí mismo discutir con algunos de mis compañeros de la escuela, donde todos queríamos estar en lo correcto y tener la razón acerca de las ideas que queríamos proyectar, pero donde en lugar de llegar a una solución o un acuerdo, nos enfocamos en decir que el otro estaba equivocado y nosotros en lo correcto y que éramos mejores o superiores por participar y creer en tal o cual idea, haciendo que nuestros amigos se solidarizaran con nosotros lo cual obligaba a muchos a dejar de hablarse con personas con quienes no tenían conflicto y a partir de lo cual comenzó todo ese juego de “ya no soy tu amigo porque le hablas a tal o cual persona”

Me perdono a mí mismo por no haberme aceptado y permitido a mí mismo darme cuenta y reconocer como mi temor a “estar equivocado” que aún persiste actualmente, es el reflejo de este patrón de no querer enfrentarme a mí mismo a partir del cual aún continúo generando conflictos con otras personas con quienes aparentemente no estoy de acuerdo, con lo cual yo mismo me cierro entonces a la posibilidad de expresarme incondicionalmente, porque este punto de “querer tener la razón” me obliga por defecto a permanecer en un ciclo de superioridad e inferioridad determinado a su vez por “principios ideales” que aparentemente me permiten alinearme con tal o cual definición de mí mismo, dentro del cual me veo enclaustrado y limitado pues aparentemente no puedo relacionarme con otras personas que no compartan dichos ideales, sin darme cuenta de cómo al colocar las ideas, el conocimiento y la información por encima de la vida, pierdo de vista el hecho de que nadie piensa de la misma forma realmente, por mucho que sean “similares en sus ideas”, dicha definición del ser humano como idea siempre va a crear conflicto y división, porque la idea existe en un plano simbólico que a su vez se encuentra fundamental determinada por relaciones ideales de cargas positivas y negativas que le impiden que sea igual a otra idea para poder distinguirse del resto, de la misma forma en que la palabra negro y blanco crean un ciclo y balance que es “equilibrado, pero jamás igual” y dentro de ésto.

Me perdono a mí mismo por haberme aceptado y permitido a mí mismo definirme de acuerdo a las ideas, definiciones, creencias, conocimientos e información en lugar de ver más allá de todo eso y donde en lugar de tratar de defender tales “ideas, definiciones, creencias, conocimientos e información” busco la solución que de hecho sea la mejor para todos desde un plano físico que permita no sólo una convivencia equilibrada, sino una relación de apoyo incondicional entre todos los participantes de un mismo grupo.

En y cuando me vea a mí mismo tratando de tener la razón por encima de las ideas de otros, respiro y me traigo de vuelta al punto de unicidad e igualdad para dejar de definirme de acuerdo a las ideas y en su lugar encontrar soluciones que de hecho sean lo mejor para todos

Me comprometo conmigo mismo a dejar de dar valor a las ideas y ver éstas por lo que son “ideas” sobre las cuales puedo discernir para de hecho encontrar la mejor solución posible para mí mismo y para los demás

Continuo en el próximo post