miércoles, 9 de marzo de 2016

Mi Jornada hacia la Vida, Día 896, Dejando de ser un hombre - convirtiéndome en un ser humano.

Una nota sobre la forma en que he estado aplicando el respiro de forma consciente: El día de hoy me empuje a caminar derecho (sin encorbarme como por lo general lo hago) 

Hoy estuve trabajando sobre las ideas de la "masculinidad" o más específicamente "el Ego masculino", y cada vez se vuelve más evidente lo mucho que he perdido contacto con esa parte intima de mi eseidad; y no obstante encontrar un hombro sobre el cual poder llorar y desahogarme requiere de mucha más fuerza y decisión, que pretender ser fuerte y que nada me afecta o que nada me mueve.

Así que, voy a hacer un compromiso en y a partir de este blog conmigo mismo, el cual será el de ponerme a mí mismo más en contacto con mi propia intimidad para poder de hecho abrirme en mi expresión y caminar fuera de las ideas que he generado en y hacia la idea misma de lo que aparentemente debo de ser como un hombre.

Me perdono a mí mismo por haberme aceptado y permitido a mí mismo creer que un hombre debe ser fuerte porque eso es lo que aparentemente me define como hombre, sin ver como de hecho el cuerpo puede cambiar y moldearse y modificarse, siendo como este envase que de hecho reacciona ante determinadas substancias como las hormonas que lo alinean en una expresión en particular, pero donde si éste es expuesto ante otro tipo de substancias en diferentes cantidades puede de hecho cambiar su expresión a una expresión femenina y lo mismo ocurre con las variaciones genéticas, donde a veces nacen infantes con ambos sexos, donde ante esto, lo que puedo ver es que, he colocado juicios de valor basado en discursos culturales de control que en realidad pretendían controlar la expresión femenina a través de la fuerza y la imposición.

Me perdono a mí mismo por haberme aceptado y permitido a mí mismo querer controlar la expresión femenina, porque puedo ver como desde niño por ejemplo, cuando escuchaba a las niñas hablar, ellas dirían cosas o darían perspectivas que de hecho incluirían al grupo, pero yo estaba enfocado en mis intereses personales y a veces pelearía con mis hermanas y trataría de imponerme físicamente sobre ellas, para hacer lo que yo quería y tener lo que yo quería en lugar de ver por lo que era mejor para todos.

Me perdono a mí mismo por haberme aceptado y permitido a mí mismo haber tratado de imponerme sobre mis hermanas y sobre las mujeres en general en vez de escuchar y estar dispuesto a ver y reconocer limitación de las ideas en las cuales estaba participando, así como estar dispuesto a de hecho ser vulnerable y dejar de controlar a otros seres humanos por temor a “perder” una aparente posición de superioridad, donde quería levantarme como “un individuo fuerte”, sin entender que la fuerza en realidad está en el grupo, no en el individuo.

Me perdono a mí mismo por haberme aceptado y permitido a mí mismo querer “ganarle a otros hombres” y mientras escribo esto, recuerdo que incluso pensaba cosas como: “ninguna niña puede competir con los hombres porque somos más fuertes” y dentro de esta idea, recuerdo que cuando hacíamos competencias entre hombres y mujeres, siempre esperábamos que las mujeres perdieran, pero cuando ellas ganaban, simplemente negábamos su fuerza y rechazábamos la idea de que fueran más fuertes. 

Me perdono a mí mismo por haberme aceptado y permitido a mí mismo creer que si aguantaba mucho dolor y no lloraba, eso me hacía más hombre que a los demás, donde entonces cuando cedía en algún momento y empezaba a llorar, pensaba que no era lo suficientemente hombre para poder merecer estar en un grupo de mis compañeros o en una relación con alguna chica, porque me veía a mí mismo como mucho más débil que los demás. 

Me perdono a mí mismo por haberme aceptado y permitido a mí mismo creer que por llorar frente a otros hombres, eso me hacía inferior a ellos, por lo cuál perdí todo respeto por mí mismo y confianza en mí mismo porque constantemente tenía miedo de ser herido física o emocionalmente y me apartaba de las personas sólo para que no me vieran llorar y así aparentemente poder mantener intacta la idea de que soy un hombre, un hombre cobarde, pero al final "un hombre…", lo cual es esencialmente lo mismo a decir que estoy dispuesto a perder todo respeto o confianza en mí mismo en tanto pueda mantener la idea/creencia/constructo del ego masculino.

Me perdono a mí mismo por no haberme aceptado y permitido a mí mismo desafiar las ideas de lo que aparentemente debe ser un hombre o de lo que significa ser un hombre, para darme la oportunidad de desarrollar mi expresión incondicionalmente dentro de y como la honestidad conmigo mismo en cada momento de cada respiro