jueves, 18 de febrero de 2016

Mi Jornada hacia la Vida, Día 881, Ni a favor ni en contra del Veganismo...

Recientemente (y como consecuencia del movimiento Vegano por ofrecer e impulsar una forma de nutrición alternativa a nuestros actuales hábitos de consumo) han emergido diversos documentales, debates, propuestas que enfocan su visión a la cantidad de agua que es de hecho empleada en la actividad ganadera para poder nutrir y mantener a los animales que son criados con el propósito de posteriormente aprovechar su carne. 

La crítica como tal ofrece datos que uno no puede ignorar y antes de continuar aclaro - ésto que me encuentro escribiendo ahora, no es una postura a favor o en contra del Veganismo, sino un reconocimiento de los problemas que de hecho devienen del proceso de producción de carne que de hecho debemos resolver.

La crítica como tal ofrece un dato que es ciertamente alarmante:


 

Antes de continuar leyendo éste blog por favor observa el siguiente video, porque me gustaría compartir algo que he considerado recientemente con relación a éste problema y aclaro de antemano que sólo es, como he dicho, una consideración y en cierto sentido una pregunta que estoy realizándome a mí mismo, es decir, no he explorado la totalidad de las dimensiones alrededor de las posibles soluciones y alternativas que podrían existir para el problema que aquí me interesa tratar, no obstante, esta idea que ha emergido, puede tal vez ser el punto de partida de un planteamiento que espero tenga y se encuentre enfocado hacia una solución:



Al ver éste video, hace algunos meses, me realicé una pregunta, la cual ciertamente no medi o considere el alcance que de hecho devenía de ésta - "¿Qué pasaría si dejáramos en libertad a los animales que tanto intentamos controlar?" Tan sólo piénsalo, escuchas éstos movimientos en protección de los animales en peligro de extinción que al final consisten de la creación de estas reservas naturales donde puedan contenerse los grupos del animal en especifico que se pretende proteger. La cuestión es que, a la luz de estas acciones que sin duda alguna tratan de resolver un problema, también dejan ver otro aspecto que como seres humanos pareciera que no nos atrevemos a reconocer: "Tales acciones son de igual forma sólo otro de nuestros intentos por controlar la naturaleza"...

Mientras reflexionaba sobre este punto del consumo de agua que es invertido en la producción ganadera, es inevitable pasar por alto el hecho de que, la razón por la cual todos esos recursos deben ser desviados a un sólo punto donde se encuentran un sinnúmero de cabezas de ganado, es por el hecho de que como tal, los seres humanos hemos querido controlar la producción de dicho ganado para poder obtener un beneficio económico, en otras palabras, la única razón por la cuál el ganado se encuentra contenido en un determinado espacio es porque una persona (o varias, realmente no importa cuantas) se dieron cuenta de que la carne representaba un punto importante dentro de la dieta de los seres humanos y que de ello el vender la carne misma podría resultar en un buen negocio. 

Estoy convencido de que en este planeta, hay recursos más que suficientes para mantenernos a todos, pero la situación es que, al intentar controlar los recursos en base al sistema y universo simbólico que hemos desarrollado en y como la mente, llámese un sistema económico, social, político, etc., hemos desconsiderado una de las necesidades que, sinceramente hemos querido apartar de nuestra vista por el simple hecho de que representa la absoluta perdida del control sobre nuestro propio antropocentrismo como la especie superior y más avanzada por sobre cualquier animal del planeta, y ésto es la necesidad de los carnívoros y los ciclos que éstos cumplen para el apropiado equilibrio y balance de otros animales. 

Si te das cuenta, como seres humanos, uno de nuestros más grandes anhelos (y base misma de una gran cantidad de deseos) es la búsqueda y la necesidad de controlar; el control mismo de los depredadores que tanto tememos y con los cuales comenzamos a competir por el alimento una vez que comenzamos nuestra dieta de carne, se convirtió en esta idea y necesidad a ser superior por encima de cualquier carnívoro y de cualquier otro ser en todo caso, es decir incluso los dioses que nos gusta inventarnos tienen estas formas antropomórficas y al devenir de nuestra imaginación y como consecuencia "nuestra propia creación", se convierten de hecho en lo único que puede superar al hombre = las ideas que el mismo hombre crea...

No pretendo tener la razón aquí, creo que de hecho la única certeza que realmente tengo al escribir ésto es la absoluta certeza de que no tengo certeza alguna y sé que nadie la tiene porque nadie puede tenerla, pero nuestra incesante búsqueda por sentirnos e la posición de "entender mejor y entender más que la vida" es parte de la misma humildad que bien deberíamos asumir como especie frente a la misma.

Liberar al ganado y dejarlo pastar libre, implica por supuesto que no habría una sola persona que pudiera decir "ésto es mío" y con las consecuencias e implicaciones económicas que ello implica en nuestro sistema, no obstante, ¿Cuantas industrias existen de hecho haciéndose cargo de la producción de insectos por ejemplo? los cuales contienen tanta más proteína que una hamburguesa de carne y ¿por qué los Veganos no defienden una postura en éste sentido como lo hacen las personas conscientes de los beneficios de la ingesta de lombrices y gusanos? ¿Qué discursos morales se esconden realmente detrás de la pretensión de detener el consumo de carne? ¿Qué excusas escondemos los consumidores de carne para no buscar alternativas en nuestra dieta para el beneficio de la sociedad?

"Los primeros británicos que viajaron a Australia explicaron que todos los aborígenes con los que se habían encontrado vivían en la miseria y sufrían hambruna crónica. Sin embargo, los nativos, como es habitual entre los cazadores-recolectores, no tenían el menor interés en la agricultura. Los mismos europeos que, en sus cartas y diarios, hablaban de la escasez generalizada de comida se extrañaban de que los indígenas no mostraran signos de inanición. De hecho, les llamaba la atención verlos más bien gordos y relajados. A pesar de todo, estaban convencidos de que los aborígenes pasaban hambre. ¿Por qué? Porque los habían visto echando mano de los últimos recursos: comían insectos, polillas y ratas, bichos que a buen seguro nadie se llevaría a la boca de no estar muriéndose de hambre. A los británicos, que sin duda debían de echar de menos el haggis (un plato de vísceras de cordero con avena) y la nata cuajada de su tierra, ni se les pasó por la cabeza que aquellos fueran alimentos nutritivos y abundantes, y mucho menos que pudieran saber «a huevos revueltos con un toque de nuez acompañados con mozzarella suave»." - Christopher Rayle