sábado, 30 de enero de 2016

Mi Jornada hacia la Vida, Día 872, Un cuento Lakota

El día de hoy realizamos otra ceremonia en el Inipi. Y para ésta en particular tuvimos que trasladarnos a Valle de Bravo para formalizar nuestro compromiso con esta "misión/visión" que realizaremos.

De camino a Valle, nos contaron una historia de un personaje que en la filosofía Lakota equivaldría al trickster (el tramposo/el bufón) dentro de los cuentos tradición oral. Esta es una de las tantas historias de Iktomi. (también conocido como "La Araña" y en algunos otros como "El Coyote")

Iktomi no era un cazador, no era un pescador y tampoco un buen agricultor; su suerte en la vida se valía más bien de vivir de su ingenio. Así que consecuentemente se encuentra constantemente necesitado en alguna u otra forma. Una bella tarde, Iktomi se despertó en una cueva abandonada en una colina y decidió tomar una caminata. Estaba pensando que debería conseguir algo de comer en alguna parte. Iktomi descendió por la colina y se encontró con un pozo de agua, lo cuál era afortunado porque se encontraba sediento. A medida que se agachó para beber,, notó un reflejo sobre la superficie del agua. Tras un momento de confusión, se dio cuenta de que se trataba de su propio reflejo.

Iktomi se encontraba complacido de ver su reflejo en el agua, especialmente debido a que se encontraba a sí mismo bastante atractivo. Pasó así el resto del día admirando su reflejo. Tras el atardecer, Iktomi volvió a la cueva en la colina.

Volvió al pozo de agua la siguiente tarde, aunque se encontraba soleado y soplaba el viento provocando que se dibujaran pequeñas olas sobre la superficie del agua. Ignorando el viento, Iktomi se recostó y observó la superficie del estanque. En lugar de encontrar el atractivo reflejo que esperaba ver, encontró uno distorsionado. En un gesto de incredulidad, cerró sus ojos y los abrió de nuevo, sólo para encontrar una cara que se estrechaba y alargaba. Tras meditar sobre la situación por un largo tiempo, Iktomi decidió que el extraño reflejo en el agua no era suyo. 

Disgustado, decidió ir a buscar comida para poder tener otra perspectiva. Comió algunas bayas de un cerezo y se quedó dormido. El viento trajo consigo unas nubes tormentosas y las gotas comenzaron a caer, algunas de ellas sobre la cara de Iktomi. Pronto cayó una llovizna e Iktomi al sentir la humedad se despertó. Enojado por la lluvia, corrió hacia su cueva. Y por azares de la suerte, pasó nuevamente junto al estanque. La lluvia caía con fuerza; el agua en el estanque era grisácea y las gotas de lluvia la volvían turbia. A pesar de todo, Iktomi se agachó frente al estanque intentando ver si su reflejo se encontraba allí. Una obscura e indistinguible sombra asomó de vuelta. LA sombra no tenía ojos, nariz o boca. Sólo era una silueta oscura. Un poco asustado, Iktomi se apartó apresuradamente hacia su cueva para salir de la lluvia, todo el tiempo preguntándose de quién era la sombra que había visto. Seguramente no era la propia.

Iktomi se levantó a la mañana siguiente, se encontraba hambriento pero a la vez molesto. él se encontraba seguro de que el estanque estaba jugándole bromas. Mientras pasaba por un matorral, Conejo pasaba por allí y saludó a Iktomi. Era un encuentro afortunado, pues Iktomi quería hablar con alguien sobre el estanque. Le relató sobre sus pocos satisfactorios encuentros con el estanque, quejándose de que éste le mostraba reflejos que no eran reales. 

Conejo reflexionó sobre la historia de Iktomi un momento y llegó a una conclusión. Reveló a Iktomi que todos los reflejos eran de hecho suyos, pero cada uno parecía diferente e incluso extraño, debido al sol, el viento y la lluvia. Esta respuesta por supuesto no ayudó en lo absoluto a Iktomi. ¿En cuál de esos reflejos debía confiar, si todos le pertenecían? Le preguntó a Conejo.

La respuesta de Conejo fue simple y contundente. Él no tenía opción más que confiar en todos ellos, sin importar que tan buenos o malos pudieran parecer. Conejo finalmente ofreció un último consejo: "Si no sabes quien eres, no importa lo que creas, porque siempre te verás influenciado por las condiciones de tu entorno"