sábado, 19 de diciembre de 2015

Mi Jornada hacia la Vida, Día 857, Paseando de madrugada


Son las 4 de la mañana, preparo un poco de café y salgo a darle una vuelta a Luna (mi perrita). No hay algo que disfrute más que una caminata a éstas horas por el andador, vivo frente a una avenida, de modo que el estridente ruido de camiones, coches y personas resulta agobiante durante el transcurso del día, pero a ésta hora, toda está tranquilo; no hay una sola persona en la calle y los coches que llegan a pasar son tan escasos que el silencio inunda toda la atmósfera.

Me gusta mucho el frío por las mañanas, de hecho en ésta época de frío, soy de esos locos que salen sin suéter a estas horas y con playeras delgadas y por lo general aprovecho la salida para hacer un poco de ejercicio, aunque en ésta ocasión aproveché el momento para simplemente disfrutar del clima, de la oscuridad y sobretodo de la imperante tranquilidad.


Me gustan mucho observar los grafitis que hacen por el andador (no todos son buenos, pero al menos piden permiso a los vecinos para hacerlos), siempre que me encuentro estresado, tomo la correa de Luna y salimos con la excusa de dar una vuelta, aunque en realidad la vuelta sea más para mí que para ella y eso por lo general resulta suficiente para continuar con aquella tarea en la cual me encontraba imbuido. Antes solía salir al andador y quedarme allí por horas escribiendo en mi libreta, por lo cual llegué a conocer a la mayoría de mis vecinos, pero ahora con el poco tiempo que queda entre la escuela, trabajo y demás responsabilidades, solo doy una vuelta diaria por las mañanas antes de ir a la escuela para regresar en la noche con el único ánimo de dormir.


Ahora que estoy de vacaciones aprovecharé la oportunidad para darme a mí mismo tal vez una hora escribiendo a la sombra de los árboles, al final los árboles son la mejor compañía que uno puede pedir y no sólo por la sombra que brindan sus hojas, de hecho son una gran compañía si prestas atención al calor que emana de su interior; es cómo tener la presencia de ese "incondicional" que te acompaña sin importar quién seas o cómo te encuentres..., al final todo se trata de estar consciente de la vida en su interior, porque es como que cuando recargas tu espalda contra ellos, es como si recargaras tu espalda con la suya y en cierta forma te das cuenta de su presencia y de su compañía.