jueves, 17 de diciembre de 2015

Mi Jornada hacia la Vida, Día 856, Cuento: La anomalía

Un pequeño cuento que escribí...

Observaba el interior del túnel esperando la llegada del metro, un hombre escupe a las vías de forma escandalosa y las personas lo miran con desagrado, aunque él no le presta mucha atención; su ropa y su cabello empiezan a moverse un poco por la brisa del tren que se acerca rápidamente, la puerta del vagón se detiene frente a él y aborda mientras el sonido del cierre de puertas se mantiene por unos segundos.

Contempla el fondo del vagón y se sienta en un rincón del mismo en el suelo, levanta la mirada hacia las luces amarillentas del mientras algunas de ellas se encienden y apagan de forma intermitente. Una mujer con un aspecto descuidado y vestida como una vagabunda entra apresurada al vagón antes de que la puerta se cierre; el rostro de algunas personas en el metro describen cierta sorpresa y temor al ver al rostro de aquella mujer.

Se mueve con cierta torpeza por el pasillo y se limpia la boca constantemente con la manga de su sudadera, la saliva se le escapa entre balbuceos de las palabras que chirla. Él la mira desde la distancia con desagrado y se nota cierto alivio en su expresión al verla alejarse por el pasillo, pero ella regresa y sus ojos se encuentran con los suyos; ahora se aproxima y en su interior, él sólo suplica repetidamente que se aparte lo más pronto posible, no obstante, ella lo saluda sentándose a su lado.

La mira con un poco de extrañeza.

Fuerza una sonrisa y niega gentilmente con la cabeza.

-¿Tu papa nunca te habló de mí, verdad?
Ahora sus ojos se alteran estrepitosos con sorpresa.

-Jaja, ¿Tú crees que estoy loca verdad Gabriel?

-¿Cómo sabe mi nombre?

Ella se ríe y le responde:

La expresión en el rostro de Gabriel cambia completamente a una forma de asombro y horror, y le responde a la mujer en un tono evasivo.

-Señora no la conozco, creo que está equivocada.
La mujer se ríe cubriéndose los ojos y levanta la mirada con el rostro cubierto de lágrimas.

-Solía contarte un cuento cuando estabas pequeño… La oruga y su amiga la mariposa, ¿te acuerdas? No importa cuantas transformaciones tengas, todas las cosas llegan al mismo fin.

Gabriel nuevamente la mira con asombro y una pequeña lagrima corre por su mejilla expresando casi con un susurro:

-Tú…

-¿Ya me recuerdas?

-¿Por qué?...¿Por qué te fuiste?
La mujer intenta articular las palabras emitiendo ligeros sollozos, mientras se le escurre la saliva de su boca chimuela.


-¡¿Y qué querías?! ¡¿Vivir en la calle?!
Algunas personas en el vagón se sobresaltan por los gritos del chico y asoman la cabeza para intentar ver lo que ocurre...

-No Gabriel, sólo no quería ésto…

-¡¿Qué?! ¡¿Ser mi madre?!

La mujer se levanta apresuradamente y sale por la puerta del vagón antes de que ésta se cierre, Gabriel corre tras de ella, pero no logra alcanzarla, las puertas del vagón se cierran frente a él de forma agresiva y él contempla desde la ventana mientras el tren se aleja...

-¡¡MÁMA!!