miércoles, 4 de noviembre de 2015

Mi Jornada hacia la Vida, Día 834, La palabra Maestro





La palabra Maestro, es una palabra que encuentro personalmente bastante extraña; a lo largo de mi vida la he utilizado para referirme a aquellas personas que consideré que de alguna manera se encontraban por encima de mí, después una tarde cuando observaba a mi maestro lidiar con un pequeño bosquejo para un trabajo que debía realizar y simplemente no hallaba la forma de hacerlo y fue entonces que me di cuenta de lo que significaban sus palabras cuando nos repetía constantemente que él aprendía tanto de nosotros como nosotros de él, de hecho mi maestro jamás se definió personalmente como un maestro para nosotros, ni nos pidió un trato semejante al tan… digamos solemne respeto que uno guarda ante las personas que se hacen llamar doctores y profesionales en tal o cual área. Y es que al verlo enfrentarse con ese diseño que no podía resolver, me pareció entonces ver a una persona que aún estaba aprendiendo, me pareció ver a otro compañero en el aula de clases compartiendo el mismo espacio con nosotros, nada más ni nada menos… sin lugar a dudas el continuaba siendo un estudiante…

Siempre me encontré bastante convencido de que la única manera de aprender es reconociendo que uno no sabe realmente nada en particular, porque es la única forma de conservar una mente abierta ante las nuevas ideas en lugar de desgastarse tratando de defender las viejas ideas a las cuales sinceramente nos aferramos porque nos dan la sensación de que hemos encontrado el suelo, que de pronto sabemos dónde estamos parados y tenemos definido el horizonte y tenemos más que claro hacia dónde vamos y vaya... como que lo único que hace falta es que lleguemos allí, como si la Tierra tuviera algo que realmente pueda llamarse un horizonte o un borde, más allá de la definición que nosotros le damos ante el espectro o alcance de nuestra visión que no puede seguir la curvatura de la Tierra, es irónico porque si en verdad quisiera encontrar “el horizonte”, tendrías que ver no hacia el frente sino hacia arriba, al cielo, hacia las estrellas y aún te encontrarías dentro de una galaxia a la cual perteneces y que puedes llamar tu hogar y así sucesivamente.

Siempre emerge alguna nueva teoría, algún nuevo descubrimiento que nos hace replantearnos nuestros conocimientos y ver lo poco que sabemos acerca del lugar donde nos encontramos parados; irónicamente, esos descubrimientos se realizan en los aspectos que siempre nos resultaron tan evidentes y no obstante una re- evaluación de la evidencia por un momento hace tambalear a la humanidad en la cuerda de su propia definición de lo que es y lo que les significa la vida.

Tal pareciera que cuando uno cursa una carrera, el tiempo es “estirado” de alguna manera frente a uno desde un punto que cruza hasta el otro extremo donde de pronto uno es el profesionista, el maestro y en esencia deja de ser el alumno. Es curioso porque tanto la palabra maestro como la palabra alumno, son palabras que tratan de definir lo que es un ser humano en una muy particular fase de su vida, no obstante, tanto el alumno como el maestro son ambos y el mismo ser humano que trata como de encontrar el suelo entre todas éstas definiciones que no alcanzan para definir todo lo que realmente es y puede ser un humano.

En otra ocasión, cuando acompañaba a un amigo mío quien fue el que ciertamente me invitó a participar como asistente en las terapias que el realiza en la penitenciaría de Santa Martha, recuerdo que estábamos recorriendo uno de los pasillos de la prisión en la cual esencialmente estaban ubicados los talleres donde los internos pueden hacer como todo tipo de manualidades y trabajos en madera o pintura o teatro por ejemplo; entonces cuando pasaba por uno de esos pasillos, encontré éste cuadro con el rostro de Jesús en él y es decir, no soy una persona religiosa, pero debo reconocer que no había visto nada igual antes; las habilidades y la técnica del recluso que lo hubiese pintado eran indudablemente buenas, pero lo que me conmovió de ver ese cuadro, fue entender que ni siquiera un criminal es siempre un criminal, que la belleza puede emerger de las personas de quienes menos los esperamos, sobre todo cuando tales personas parecen haber pasado viendo tantas cosas que uno apenas sería capaz de concebir…

Desde que uno nace, uno ya es por sí mismo éste ser humano que aprende y enseña, que es el maestro de los adultos que a veces parecen olvidar el niño que aún son y es el alumno que inicia su recorrido por la vida aprendiendo todo de su entorno; particularmente debo decir que, a pesar de que en una ocasión cuando me hicieron uno de esos estudios con los que “miden tu inteligencia” y la extensión de ésta es descrita en términos de un determinado valor de “IQ”, cuando les dijeron a mis padres que había nacido con un “IQ” particularmente bastante alto, alcanzando incluso la “definición de dotado”, sinceramente siempre tuve problemas para resolver las tareas más simples y para enfrentar las situaciones que veía a tantas personas resolver y realizar con tanta facilidad, así que por defecto concluí que simplemente habían engañado a mis padres con esa prueba o que simplemente resultó equivocada; de modo que en lugar de lanzarme inmediatamente a hacer prácticamente cualquier cosa, prefería detenerme a observar a las personas resolver y realizar una misma y bien especifica acción una y otra y otra vez, hasta que entonces entendía lo que tenía que hacer y cómo hacerlo, empezaba a hacerlo y aun así fallaba la primera vez, pero lo repetía y lo repetía y lo repetía hasta que aprendí el significado de la palabra “disciplina”… es irónico en realidad, porque sin importar lo que otros te digan que eres, o lo grande que por ejemplo yo pudiera llegar a ser (fantaseando un poco por aquí, lol) nada de lo que uno es se ve definido por otros y a la vez uno no podría ser nada de lo que es de no ser por la grandeza de otros quienes seguramente también aprendieron del mundo y de los demás… 

Cuando uno llega a la vejez y se despide del mundo viendo tantas cosas nuevas, tantas cosas por descubrir, tantas nuevas generaciones jóvenes resolver lo que a otras les fue tan difícil siquiera concebir, creo que es ahí donde uno se da cuenta que sin importar lo grande que en su tiempo hubiese sido, jamás pudo en esencia dejar de ser lo que siempre fue… el niño en un perpetuo aprendizaje de la vida, el humano que es todo y nada, que no se define o limita a una sola cosa o una sola idea… porque así como uno supera el temor a la oscuridad y deja atrás otros tantos miedos, parejas, etc., nada de eso llega a comprender todo lo que el ser humano puede realmente ser, ni siquiera el amor (para pesar de muchos quienes lo creen así...)

Creo sinceramente que en la medida que reconozcamos éstas definiciones como las limitantes del verdadero conocimiento, será en la medida que podremos descubrir en nosotros algo más que el alumno y el maestro, que el bueno, el malo, el oscuro o el claro y empecemos a ver de lo que ésta humanidad es en verdad capaz de hacer.