martes, 15 de septiembre de 2015

Mi Jornada hacia la Vida, Día 824, ¿Qué significa la Revolución? pt 3

Las fotografías que compartiré en éste blog son una muestra del trabajo del fotógrafo Gastón Saldana. Verdaderamente increíbles

Éste blog es una continuación de los días:

http://gabrielacevesprocess.blogspot.com/2015/09/mi-jornada-hacia-la-vida-dia-822-que.html

http://gabrielacevesprocess.blogspot.com/2015/09/mi-jornada-hacia-la-vida-dia-823-que.html

En éste blog compartiré un poco acerca del mito de Zapata:

En agosto de 1911, la torpeza de los jefes federales que comandaba el general Victoriano Huerta propició la huida del molesto rebelde maderista Emiliano Zapata. Se le había tendido una trampa en la hacienda de Chinameca, pero un movimiento mal calculado alertó al taimado revolucionario. El efecto tuvo una respuesta inmediata: Zapata se volvió tan desconfiado que, se advirtió en los círculos gubernamentales, prefería no hacer apariciones públicas. También se corrió un rumor de trascendencia apenas sospechada: ante los agentes negociadores de la paz y los periodistas citadinos, Zapata enviaba a un hombre muy parecido a él, su vivo retrato, a uno "que era como su caricatura", explicaron los veteranos zapatistas. Curioso hecho de mandar a un "doble", que pudiera engañar a quienes querían engañarlo a él y destruirlo.

una fotografía de Casaola, tomada en esa misma época, descubre a un raro Zapata demasiado aindiado y pequeño rodeado de periodistas. De bigote negro y espeso, hoy parece que ese Zapata no era una figura que demostrase una personalidad que sobresaliese de entre los campesinos que se retrataron con él. Además de la complexión notoriamente más pequeña que la de Emiliano Zapata que todas las otras imágenes revelan, el hombre de la fotografía carece de los signos que distinguían al caudillo: el traje charro, los anillos, los adornos del chaquetín., se decía en Morelos décadas después, nunca vistío de calzón de manta como ropa corriente. De hecho, la leyenda señala que, el día de su muerte, el "doble" le pidió al caudillo precisamente esos signos para completar la impostura y confundir a los carrancistas de Jesús Guajardo: el traje, el arma y el caballo.

La hacienda de Chinameca y el doble de Zapata aparecerían ocho años después y explicarían uno de los sucesos míticos más notables de nuestra historia. La repetición de elementos, clave de la estructura de los mitos, se desencadenó del enredo político revolucionario y se desdobló en una historia particular, simbólica.

Otra repetición, menos fortuita, dio origen a la construcción política de un héroe de naturaleza diferente. Es la repetición de una fecha, el 10 de abril, que conmemora un acontecimiento que en su momento, parecía destinarse al olvido. Ciertamente, tal vez el día más extraño para Emiliano Zapata fue un 10 de abril, no el de 1919, cuando pasado el medio día fue asesinado. Tampoco los cuarenta 10 de abril que había vivido desde 1880. Nos referimos al 10 de abril que recordaba el tercer aniversario de su muerte en 1922. En aquella ocasión, un orador habló frente al presidente Álvaro Obregón; con su intervención, Zapata, caudillo de la rebelión campesina del centro-sur del país, adquiría inconfundibles tonos broncíneos. Ese día dejó de ser el bandido muerto y se volvió el héroe que justificaba posiciones políticas de una revolución hecha gobierno. Entonces se acabaron los "placeres lucrativos del odio", como dijera Borges.
Hoy nos queda las huellas de una vida y las múltiples interpretaciones que de ellas se han hecho. Testimonios, rumores, murmullos, corridos, notas periodísticas exageradas, manifiestos combativos y órdenes escritas de acciones de guerra, datos más o menos seguros,  y biografías variopintas de lo que fuera un hombre revestido de calificativos, dibujan un perfil que no deja de sorprender, pues la historia de Emiliano Zapata ha sido una mezcla de hechos vitales y construcciones verbales.

La hisotira de Zapaa roza con el mito y la deificación. Quizá por ello ese importante 10 de abril de 1922 sea parte de su historia, aunque el hombre Emiliano Zapata hubiese muerto años antes.



Emiliano Zapata, hombre de 31 años en 1911, charro afamado, rebelde probado desde la adolescencia - él mismo declaró en 1914 que se había iniciado en las lides políticas cuando tenía 18 años - se alzó en armas en favor de un norteño hasta entonces desconocido en una aventura que se antojaba imposible: derrocar a Porfirio Díaz. Al principio como caudillo regional que movilizó a sus coterráneos a través de los mecanismos campesinos de alianzas familiares y lealtades locales, Emiliano Zapata pronto fue conocido por los "alzados" de otros pueblos como su dirigente principal. Desde entonces comenzaron a tejerse las finas y resistentes redes que conformaban al Ejército Libertador del Sur, partiendo de las bases del parentesco. Pues pareciera ser que la guerra, como lo hicieron antes las necesidades organizativas para la producción pueblerina, mueve los mecanismos secretos de las familias extensas de campesinos. Lazos de parentesco, compadrazgo y amistad, así como el de obligaciones religiosas y de política interna, anudaron los hilos del respeto, la solidaridad y la afinidad de intereses: esta lógica nos descubre a la dirigencia del Ejercito Libertador en el centro de Morelos como una familia investida de poderes; se reconocen , así a jefes y sus ataduras con el jefe "Miliano": Eufemio Zapata, hermano; general Amador Salazar, primo; general Antonio Berona, compadre; general Otilio Montaño, compadre; general Felipe Neri, compadre de Amador Salazar; mayor Maurilio Mejía, sobrino; general Serafín Pascencia, compadre. Esta guerrilla familiar hacía que hasta mediados de 1912, los rebeldes campesinos de las zonas periféricas al centro de Morelos fueran independientes de Zapata. Se sellaban así las lealtades personales que luego explicarían algunos de los conflictos por zona con los que se enfrentaría el Cuartel General.

Aventuremos una hipótesis: más que ser un "resabio" cultural prehispánico o colonial, el calpulli era una organización campesina, basada en relaciones clánicas, al que la guerra ensanchó y le dio movilidad: la defensa de la posesión comunal y de la idea de pueblo que le era inherente se practicaron como parte de una misma relación social. Fue por ello también que la represión militar exclusiva a Villa de Ayala o a Anenecuilco fuera insuficiente para acabar con el zapatismo; y no tanto por la rapidez de movimientos de Zapata y sus alzados, sino por la extendida raigambre pueblerina de la rebeldía. De alguna manera, pues, para los campesinos rebeldes el "jefe" Miliano era considerado cabeza de un clan que se había ampliado; asumía el papel de un padre, y como tal era tratado.

La fama del "alzado" morelense trascendió los límites de su terruño y los alcances de una rebeldía local y débil, llegaron hasta Puebla, el Distrito Federal, el Estado de México, Guerrero, Tlaxcala e Hidalgo, de donde muchos hombres del campo fueron al cerro del Aguacate, en Morelos, para ponerse a sus órdenes. La ruptura del campesinado centrosureño con el Estado fue temprana: ya desde 1911 el ejercito federal recibió noticia de que en la región "hasta los perros son zapatistas" y durante años eso fue realidad.

Continuo en el próximo blog