lunes, 14 de septiembre de 2015

Mi Jornada hacia la Vida, Día 823, ¿Qué significa la Revolución? pt 2

Continuando sobre el mito de Hidalgo y a fin de llegar a la re-apropiación del significado de la palabra "Revolución"

"Los efectos destructores del movimiento de Hidalgo conformaron la argumentación más fuerte y recurrente en su contra [...] Además de miles y miles de muertos, la opulencia de unos y la mediocridad de otros igualmente se ha convertido en miseria de todos [...] La revolución que estalló en septiembre de 1810 ha sido tan necesaria para la consecución de la independencia, como perniciosa y destructora del país. Es imposible negarlo. Por eso de nueva cuenta la construcción del mito de Hidalgo asumió la objeción, convirtiéndola en argumento favorable. Fue el joven orador Ignacio Vallarta quien en septiembre de 1858 defendió de la manera más explicita la dimensión destructora de las revoluciones, salvaguardando así el carácter inmaculado de los héroes, Hidalgo desde luego.Con éste propósito Vallarta elogia la guerra misma diciendo que "en el estado de adelanto que hoy alcanza la ciencia social o es lícito ya mirar a la guerra como el azote de Dios. No, la guerra es un elemento altamente civilizador y benéfico y la humanidad debe a ella sus más grandes adelantos (nota personal: díganle eso a los Sirios...) no es tampoco todo eso que han dicho los espíritus mezquinos que no comprenden los grandiosos destinos de la humanidad. La revolución es una exigencia de la perfectibilidad del hombre, es el necesario resultado de la ley moral, es el cumplimiento de la voluntad de Dios [...] La revolución con su destructora mano ahoga intereses que no quieren el progreso: se abre brecha con la bala de cañón por sobre hombres y cosas que viven de un pasado que no satisface.

De tal forma la destrucción y las muertes insurgentes quedan justificadas. No menciona Vallarta los asesinatos de Valladolid y Guadalajara llevados a cabo con el consentimiento de Hidalgo, pero con tales supuestos no es difícil excusarlos. En realidad a Vallarta lo que más interesaba no era justificar la guerra insurgente, ni siquiera la glorificación de Hidalgo. Lo que más le importaba  era la guerra de Reforma en la que andaba comprometido. La guerra insurgente servía como antecedente y argumento para el momento presente. Las dos revoluciones se justificaban recíprocamente e Hidalgo queda como el héroe de una revolución en que los "ríos de sangre" son precisos.

Hasta aquí hemos visto la conformación de varios rasgos del mito de Hidalgo a partir de las críticas que pretendían condenarlo. La respuesta paradójicamente no ha sido la negación de tales acusaciones, sino su transformación en cualidades épicas...

El culto a los héroes comenzó tempranamente, durante el proceso de la guerra. La iniciativa formal de este culto se debe a Ignacio Rayón, el inmediato sucesor de Hidalgo. Fue él quien por primera vez en 1812 promovió tres festejos patrios conmemorativos: el primero, el 31 de julio, onomástico de Ignacio Allende, luego el 16 de Septiembre, segundo aniversario del Grito de Dolores; y por último, el 29 de Septiembre , onomástico de Miguel Hidalgo. En todos ellos desde la víspera se arreglaba el lugar de la celebración y todo el vecindario, había salvas de artillería e iluminación especial con serenata. El día solemne había desfile hasta la iglesia con misa cantada, Te Deum y sermón. Por la noche serenata con bandas (¿les suena?).

Los empeños de Rayón por reivindicar la memoria de Hidalgo también cristalizaron en disposiciones legales consignadas en los Elementos de nuestra Constitución, documento elaborado por el propio Rayón, donde se establece el culto a Hidalgo y a Allende con su celebración obligatoria. El principio sería retomado por Morelos en los Sentimientos de la Nación...

No pocos de los sermones políticos que se pronunciaron durante el imperio a propósito de la consumación de la Independencia callan el movimiento de Hidalgo o apenas aluden a él, como a algo destructor, aun cuando pretendiera sacudir la opresión: una guerra buena en sus principios, pero monstruosa en sus medios. Sólo alguno reconoce a Hidalgo como proclamador de la Independencia y otro considera a Hidalgo y a Allende "padres de la patria".

Además de atribuir de manera casi exclusiva la independencia y de reiterar un cúmulo de virtudes, comenzó a aparecer aquel hombre de 57 años como un "anciano sacerdote", "un anciano respetable". Tal parece que a la imagen del héroe, junto con todo el valor y el arrojo, faltaba el carácter de prudencia, sabiduría y venerabilidad de una edad provecta.

En efecto, a través de esos géneros el relato sucinto de la independencia ha considerado a Hidalgo como poseedor de un sinfín de cualidades que lo colocan no sólo en un rango sobrehumano, sino como el origen, la fundación del México independiente. Es el protagonista de la epopeya nacional; es el padre de la Patria. Por lo tanto, cuanto se diga de su vida TIENE QUE EMBONAR CON ESA IMAGEN. En el discurso retórico la historia se ajusta con añadidos de ficción y con pretermisiones para obtener la plena glorificación y la apoteosis del héroe.

Precisamente la reivindicación es una de las peculiaridades del mito de Hidalgo. Su imagen heroica nace y se desarrolla en la contradicción. Los ataques frontales al mito lo encienden más. El desorden del movimiento se interpreta como plan sencillo y el más oportuno; a la destrucción y derramamiento de sangre se le descubre dimensión de progreso; la sublevación de las turbas se convierte en revolución de masas. Hay una base histórica para considerarlo así, pero también hay acomodo, ficción, omisiones y voluntad de que ese pasado así concebido trascienda con carácter fundante. De tal suerte una historia crítica corre el riesgo de ser tildada de traición a la patria..."

Revolución NO es sinónimo de levantamiento armado ni derramamiento de sangre... creo que podemos empezar por allí.

La pregunta aquí de igual forma es ¿Qué acciones hacen al héroe un héroe? y ¿Por qué esas mismas acciones son invocadas como sinónimos de libertad, revolución, verdad y todos esos valores positivos que giran en torno al héroe para justificar en nuestra época las mismas acciones sin tomar en consideración el contexto en el cual se desarrolla ahora nuestra sociedad? Una cosa debe ser evidente para todos aquellos que invocan a guerras y revoluciones en el contexto de nuestra sociedad y es que una cosa es pelear con carabinas y rifles y otra muy distinta es pelear con bombas atómicas..., no estoy discutiendo la calidad moral del acto en ambos casos completamente reprobable, sino el espectro de las consecuencias que siguen a los mismos...

Lo dejaremos hasta aquí por éste momento y en el próximo blog traeremos el mito de Zapata y posteriormente la discusión y re-apropiación de la palabra "Revolución"