domingo, 30 de agosto de 2015

Mi Jornada hacia la Vida, Día 819, Cuento: El Vagón

Este es un breve cuento que he escrito para la escuela; nos han mandado a ir al museo Memoria y Tolerancia el cual trata temas específicamente relacionados con los genocidios de los Campos de Concentración en la segunda guerra mundial.

La tarea ha consistido en entrar al Vagón que se encuentra dentro del museo donde se supone trasladaban a las personas a los campos de concentración y escribir una historia o nuestra experiencia al encontrarnos dentro del vagón, lo cual será lo que compartiré el día de hoy por éste medio.

 El Vagón




Nos están recluyendo poco a poco en su interior, a medida que subimos somos inmediatamente empujados al fondo donde las paredes asoman algunos clavos mal colocados. 

El oficial reparte cachazos, golpes e insultos a quienes van subiendo, mientras los que estamos adentro tratamos de escapar a su mirada refugiándonos más y más en la oscuridad del Vagón. Observo a la distancia a uno de los soldados patear a un hombre que intentaba subir un pequeño bolso de viaje al vagón, mientras el resto de ellos portan sus fusiles cargados y listos para dispararnos…

Tengo miedo… tengo mucho miedo, todos contemplamos impotentes el rostro y la mirada perdida del hombre cuyo cráneo ahora yace abierto vertiendo su sangre por el suelo, mientras el solado escupe sobre su rostro y agradecemos avergonzados no encontrarnos en su lugar...

Mi hija empieza a llorar y le cubro apresurado la boca por temor a que haga enfadar al oficial; ella se sujeta con fuerza a mi pierna y me pide que la levante en mis brazos porque empieza a sentirse asfixiada por el calor de nuestros cuerpos apretados los unos contra los otros, de hecho todos empezamos a sentirnos abochornados por nuestro propio sudor y las aceleradas exhalaciones de nuestro aliento que han empezado a consumir el oxígeno en el interior. Mi hija me pide que salgamos, pero la gente no deja de subir y ella empieza a suplicarme que haga que paren…

Un hombre de entre la multitud le pide al oficial que deje de subir gente al vagón y él lo hace bajar del mismo, lo coloca de rodillas y le acomoda una bala entre las cejas haciendo que caiga al suelo y el alarido de una mujer se cuela entre la multitud gritando de forma inconsolable la muerte de su marido, el oficial también la hace bajar a ella y repite la acción casi de forma mecánica con ella, lo cual se vuelve una señal clara para los demás para resguardarnos en el silencio de nuestra propia impotencia, de nuestro propio temor… 

Mis ojos se encuentran con la mirada perdida de aquellos amantes que aún describen en su rostro la pálida y muda expresión del terror. El oficial solo se da la vuelta ignorando el cuerpo del hombre que acaba de matar y ordena continuar con el abordaje de las personas en el vagón.

Pienso en mi esposa… la separaron de nosotros para hacer que abordara otro vagón, temo por ella…, temo por mi hija y nuestro futuro si es que queda alguno. 

No me alcanzan las palabras para describir ésta desesperación, ésta incertidumbre, aunque lo que han hecho con esos amantes me dice claramente que no es un destino muy prometedor, porque cualquiera que sea el destino de este vagón algo en las entrañas de mi mente empieza a volverse claro y es que  ya sea aquí o en nuestro destino, el propósito es hacer lo mismo con todos nosotros…

Finalmente se cierra la puerta del vagón y una súbita sacudida anuncia el movimiento del vagón que poco a poco inicia su desplazamiento a través de las vías... Auschwitz es el destino, pero exactamente ¿Qué clase de destino?