lunes, 17 de agosto de 2015

Mi Jornada hacia la Vida, Día 811, Cuento - Adentro soy más libre que afuera...

Adentro soy más libre que afuera…


Una avenida a mitad de la noche y unos cuantos faroles encendidos que iluminan las penumbras de la misma a lo largo del asfalto.

El rostro de un hombre es azotado violentamente contra el cofre de una patrulla.
El sonido de las esposas deslizando los dientes que aprisionan las manos del hombre mientras solo se distinguen algunos “flares” de las luces rojas y azules...

Ahora el hombre se encuentra en una celda sin ventanas, una tabla de madera ajustada al muro a forma de cama/banco y un rugoso sarape por cobija, al final de la celda un agujero que pretende ser un retrete
 
Finalmente lo habían detenido, el juego que había jugado toda su vida se había terminado, finalmente allí estaba él, cara a cara consigo mismo, sin otra cosa alrededor que las 4 paredes que delimitaban su celda; ahora todo parecía tan distante, tan separado del futuro con el que había soñado.

Ahora sujeta un cigarrillo y lo lleva copiosamente hasta su boca para exhalar un delgado hilo de humo

Para su sorpresa, se encontraba bastante tranquilo en esas 4 paredes, ya no tenía nada que perder, ya nada le preocupaba, ya no tenía nada que esconder, finalmente el mundo conocería la verdad, la falsedad que había vivido durante toda su vida, había llegado a su fin, no tenía a donde ir y sinceramente no deseaba tener algún lugar a donde ir, estaba acorralado y eso le daba una sensación de paz indescriptible. Ya nada podía preocuparle, todo estaba definido.

No obstante… comenzaba a descubrir que no se encontraba tan solo como él creía…; allí estaba de nuevo esa voz que lo había acompañado toda su vida, esa voz que lo había obligado a cometer todos esos asesinatos… “¡Mátalo, Mátalo!”
 
Una memoria se desprende desde su subconsciente en la cual el hombre sujeta del cuello a otro con bastante fuerza hasta llegar al grado de asfixiarlo...

Esa voz que le seducía constantemente con el odio y la rabia: “¡Eres una estúpida…! ¡Te odio!; ¿Tú qué diablos sabes? ¡Nada! ¡Siempre fuiste débil!” 

Una a una emergen las memorias  en las que se ve a sí mismo abofeteando a su madre y golpeando a su padre

Esa voz que lo había alejado de todos sus seres amados…, incluso de la que alguna vez fue su más grande amiga y compañera… “Ésta vieja no me deja en paz, seguramente está viendo a otro, yo también debería buscar a otras mujeres”

Esa voz con la cual se había traicionado a sí mismo tantas veces desde que era niño. “Tú tómalo, no se van a dar cuenta”
 
Ahora se ve a sí mismo refractado en una de las paredes de la celda... se encuentra en la escuela... robando aquellos juguetes que tanto envidiaba de sus compañeros...

¿Quién lo diría? Apenas nacido y ya condenado a pasar el resto de sus días en aquel reducido espacio…, condenado a escuchar ésta voz en su interior que no lo dejaría ya nunca en paz.
Esa fiel, aunque traicionera consejera y confidente que había sido cómplice de sus más profundos secretos, y más depravados deseos. Esa voz que ahora solo le hacía añorar el más profundo silencio.

Termina su cigarro y acomoda la colilla entre el anular y el gordo lanzándolo contra la pared, mientras una leve chispa de color anaranjado se desprende de la misma.

Recarga su espalda en el cama/banco de madera y lleva sus manos hacia la parte posterior de su cabeza para poder descansarla. 

Es irónico en cierta forma, porque finalmente se encontraba solo; estaba aquí… tan cerca y tan distante al mismo tiempo, separado de todo por un abismo sin bordes ni plataformas. Qué difícil es poder describir ésta sensación, la experiencia de encontrarte justo donde siempre quisiste estar y a la vez sentir que te encuentras demasiado alejado de todo, sin posibilidad, forma o medio de comunicación que pueda cruzar éste enorme abismo.

La celda apenas iluminada por unos cuantos haces de luz que transitan la totalidad de la celda hasta nuevamente dejarla en penumbras, describiendo la transición del día desde la celda)

Hace 23 años que estoy encerrado en ésta celda, con solo dos pequeñas aperturas que apenas me permiten distinguir las extrañas siluetas que se dibujan en el exterior. 

¿Qué es esto que nos ha separado tanto? Estás tan cerca y a la vez tan lejos… ya no te escucho…  tus palabras que antes sonaban claras en mi consciencia... como si fueran la más clara evidencia de la existencia de Dios, como la promesa que devolvería nuestra fe en la humanidad, ahora se desvanecen entre los huecos de éstos lamentos que añoran ser escuchados, éstos huecos que he formado con mis propias mentiras, con mis propios engaños… 

Tus palabras que antes eran tan profundas, ahora solo forman un distante eco en este abismo… este abismo sin espacio, sin tiempo, sin futuro… un vacío que ya nada puede llenar…

¿Qué es aquello que nos ha separado tanto de ésta humanidad?

Se deja ver una pila de cartas ubicadas justo debajo del cama/banco.

Antes tus cartas se colaban entre las estrechas ventanas, pero ahora… las ventanas se han vuelto demasiado estrechas y la humedad en el interior desintegra las cartas antes de que puedan ser leídas… 

Tus palabras que antes expresaban “te amo” en cada verso, párrafo, guion o acento, ahora suenan solo como aquel repugnante sentimiento de obligación ante la narrativa de algún  convencionalismo, como aquellos con los cuales la gente juega a parecer y sentirse como buenas personas o tal vez solo un poco mejores que nosotros, la escoria de ésta sociedad, un producto más de la sociedad que ya ha consumido nuestra alma…
  
Esa misma hipocresía, fue la que me trajo aquí, esas falsas sonrisas que simplemente me volvían loco, cuando lo que realmente quería decir era - una memoria emerge en la cual el hombre se encuentra parado frente a su amigo de la infancia y se ve a sí mismo gritando “¡Me las vas a pagar maldito imbécil!”

Un eco se desprende tras aquel grito reprimido en la oscuridad de su mente... y nuevamente el hombre ha encendido un nuevo cigarrillo e inhala con fuerza de éste mientras las brasas anaranjadas lo consumen velozmente... y el hombre despide una enorme bocanada de humo...


¿Sabes qué es lo curioso del miedo? Que éste jamás tendrá miedo de dejarte, pero tú si tendrás miedo de dejarlo a él… 

El miedo no puede sentir miedo, porque éste ya es el miedo en sí mismo, pero tú… no dejaras el miedo solo porque crees que al tener miedo aparentemente sabes algo acerca de tu propio miedo y entonces crees que por el hecho de que tienes miedo, conoces algo de tu propio miedo… 

Por mucho tiempo creí saberlo… pero ahora entiendo, todo era parte de la misma idea que nos da la seguridad de creer que poseemos nuestro propio miedo, que nosotros tenemos al miedo, pero la realidad es que no tienes nada… el miedo te tiene a ti, bien agarradito de los huevos…

Se escuchan golpes e intercambios de ademanes, amenazas y chiflidos a lo largo del pasillo y se escuchan algunos gritos a la distancia de un hombre que exclama:
 
“¡Al chile que vaya entendiendo ese cabrón que el respeto se gana! ¡En ésta vida nada es gratis!”

Ciertamente... en ésta vida el respeto es algo que todos desean tener, pero no es algo que se gana, es en realidad algo que se reconoce, pero no puedes reconocerlo a menos de que tengas el valor de pararte frente al espejo y reconocerte a ti mismo en la forma más dolorosa y sincera que puede existir, de la única forma en que podremos vernos alguna vez honestamente a nosotros mismos… 

Cada vez que repasas el pasado, de la misma forma que repasas las páginas de un libro que alguna vez leíste por primera vez, descubres que en realidad estás leyendo un libro nuevo, tal vez porque descubres algunos detalles de los cuales no habías prestado atención la primera vez que lo leíste o tal vez es porque has descubierto nuevas formas de leer ese libro...

Algo similar ocurre cuando escuchas las historias de las personas que conoces en tu vida; es como conocer un millar de libros… 

Existen versiones cortas de esas obras y versiones extendidas y completas de las mismas, existen grandes autores, grandes clásicos y también existen, como yo, solo algunos que escribimos otra del montón, una historia llena de fracasos y errores y son desafortunadamente esos los libros que nadie quiere leer, porque la gente solo quiere leer sobre las historias de éxito, pero nadie quiere conocer a los perdedores, aunque no se den cuenta que esas son las historias de las que ciertamente más se aprende…, pero eso sí, hay que saber escuchar y saber ver las dificultades y los retos de las mismas…

Un cigarrillo se consume tras otro en sus labios... y el hombre cierra sutilmente sus ojos para realizar una inhalación realizando un gesto placentero aunque a la vez sumiso frente a sus propias reflexiones…

Muchos podrán decir que los retos fueron los mismos para todos, pero la realidad es que no todos fuimos el mismo para esos retos… de haberlo sido tal vez todos habríamos alcanzado el éxito.
El único problema es que, nuestras historias no relatan los mismos capítulos, ni presentan a los mismos personajes quienes en otras circunstancias, habrían llegado frente a este personaje en esta historia y dado aquel consejo o aquellas palabras de aliento cuando más se necesitaban, las cuales llegaron a determinar el destino del protagonista en los capítulos siguientes antes de su éxito…

Las voces en la cabeza pueden ser verdaderamente un fastidio en los momentos más críticos, esos momentos en los que el éxito está más cerca de definir los próximos 20 años de tu vida de lo que realmente puedes concebirlo en el momento.
Y claro, todos fallamos, aunque solo me habría gustado no fallar en aquellos momentos en los que más lo necesitaba…

Una lágrima corre por sus ojos... mientras sostiene su cigarrillo aún encendido.

Allí está nuevamente... puede verse claramente a sí mismo siendo regañado por sus padres al momento que éste les entrega su boleta de calificaciones... y levanta sutilmente la mirada con los ojos llorosos, incapaz de comprender o explicar el motivo de su fracaso...

Han pasado ya 23 años desde que estoy encerrado aquí adentro con éstas voces… ya apenas y recuerdo algún momento de quietud o silencio en mi vida, el cual para mí era la definición misma de la libertad; aunque ¿Cómo pude ser alguna vez libre si siempre estuve en ésta celda? 

Supongo que tampoco estuvo tan mal…, es decir pude ver tantas imágenes como yo quise, tantas siluetas, sombras y figuras dibujadas de lo que quería creer que era la vida, y a veces cuando me esforzaba lo suficiente, hasta podía imaginarme lo que podría haber sido realmente encontrarme en esos momentos y vivirlos… pero ya no…

No es algo que esté dispuesto a tolerar más… 

El hombre se levanta energéticamente del cama/banco y grita:

“¡Estoy harto de ti! ¡Voy a matarte…!”

Arranca la navaja de su pequeño rastrillo y se abre la garganta decidido a liberarse a sí mismo y a éste mundo del verdadero criminal…

El hombre que se encuentra en la celda frente a la suya, empieza a gritar alarmado por la ayuda de los custodios mientras el hombre frente a él se desangra

Pensar que la muerte nos acecha en cada esquina, no es tan aterrador como vivir toda una vida sin tener el coraje para hacer de ésta (de nosotros) lo que queremos ser/hacer en ella.

Los guardias entran presurosos a la celda intentando ayudar al hombre quien ahora yace desangrado en el suelo.

Sin importar si te encuentras libre en la calle o encerrado en una prisión, el poder decir: 

"Si, estuve en prisión y fui tan libre adentro como afuera", a veces es lo que marca la diferencia entre una persona que vive como le dicen que debe vivir y una persona que vive lo que decide vivir; a pesar de los obstáculos en su camino (mismo si son las personas de nuestro entorno). 

Cuando ves las cosas de ésta forma, incluso el temor a la muerte es una excusa demasiado cómoda.