lunes, 8 de junio de 2015

Mi Jornada hacia la Vida, Día 753, Cuento: Los juegos del destino

Dedicado con aprecio para mis profesoras: Fernanda Otero​, Norma Silva​ y María Tamayo​, que a pesar del poco tiempo que llevo de conocerlas, me han provisto de nuevas herramientas para trazar mi propio camino. Y por supuesto dedicado a todos los destonians, que con su apoyo han hecho posibles éste y todos los cuentos, blogs y artículos que he realizado dentro de mi mismo para posteriormente compartirlos en y como mi expresión.

Vamos a improvisar un cuento ¿va?

Estaba parado frente a un cruce de caminos y lanzaba una moneda al aire copiosamente como lo había hecho toda mi vida. Como siempre, solo dejaba que esa moneda decidiera mi destino, lo había hecho toda mi vida. Lo hacía porque en realidad tenía tanto miedo de decidir mi propio destino que era mucho más simple dejar que la moneda decidiera siempre mi destino. Y allí estaba yo, una vez más a punto de regalar mi destino a esta idea mía del azar... tal vez es esto lo que llaman absoluto control. Es decir, esta idea me resulta tan cómoda: pensar en el universo en su totalidad completamente organizado, acomodado, ajustado a mi idea del destino,  del azar y de la vida; todo en derredor de esta simple, insignificante y estúpida moneda...

A decir verdad, no recuerdo bien cómo fue que obtuve la moneda. No recuerdo quién me la dio, o más importante aún ¿por qué me la dio? o ¿cómo la moneda llegó a convertirse en el sublime objeto de ésta ideología ahora hecha mía que consiste en el azar? En fin… ¿qué importa ya? ¿No es acaso cierto que todas esas respuestas puedan simplemente limitarse a la misma respuesta? El azar, la casualidad, la coincidencia. ¡Qué idea tan perfecta, simple y útil para resolver cualquier complejidad o complicación!

Ajusté la moneda entre el índice y el pulgar como siempre lo había hecho, decidido a hacer el lanzamiento decisivo sobre aquella encrucijada de mi vida sin ninguna diferencia o complejo ritual que la distinguiera de las otras mil veces que la había estado arrojando para decidir sobre cada uno de mis pensamientos, mis emociones, mis sentimientos, antes de ese lanzamiento decisivo. La moneda en el aire, girando una y otra vez sobre si misma hasta que fue bruscamente detenida por una mano que la atrapo en el aire…

Estupefacto me volví rápidamente para buscar el rostro del responsable de aquella vil y atroz hazaña

-         ¡¿Quién sería el imbécil con tan desconsiderada y vil astucia como para atreverse a interferir en mi destino?! – grite iracundo.

-        Jajajaja ¡Qué divertido es tener control del destino de los hombres cuando son tan cobardes e irresponsables como para hacerse cargo del mismo! ¡Vamos! seguramente te sientes muy agradecido de tener solo una cierta cantidad de elecciones en tu vida.

-        ¿Qué quieres decir?

-        Digo que en realidad, si tuvieras en verdad tantas elecciones como tú quisieras, no tendrías siquiera la capacidad de decidir por una. Es por eso que a los hombres les gusta el control. O debería decir: les gusta ser controlados.

-        ¿A qué te refieres?

-        Me refiero al simple hecho de que has recorrido la vastedad de éstos infinitos caminos, trazados y definidos para ti desde el día en que naciste. Pero lo único que has tenido que hacer es cargar con esa odiosa moneda tuya dándote lo mismo cual camino recorres o más importante aún ¿por qué lo recorres?

-        ¿De todas formas qué elección tengo? Solo puedo decidir entre un camino y otro y en realidad jamás estoy seguro de a donde lleva. La moneda simplemente simplifica el camino.

-        ¿No te has preguntando quien ha trazado éstos caminos? O más importante aún ¿Por qué alguien se daría a la pesada e incansable tarea de trazar estos caminos para otras personas?

-        ¿Qué quieres decir?

-        Digo que eres tan holgazán que ni siquiera has tenido la inconveniente sutileza de considerar trazar tu propio camino, no. Tal vez alguien simplemente se dio cuenta de la holgazanería de los hombres y se dio cuenta de que si él se daba a la tarea de trazar los caminos por los hombres haci donde él quería que fueran, ellos los seguirían… Es decir, es sumamente brillante, aquí estás siguiendo un sendero sin certeza o idea alguna de a dónde te lleva. Es decir, por eso el azar tiene sentido. Por eso tu estúpida moneda tiene sentido. Desde luego, no puedes saber a dónde llevan estos caminos. Así, ¿qué más da seguirlos? ¿qué más da lanzar una moneda al aire y dejar que la moneda decida por ti?

-        La verdad es que aún cuando tuviera un millón de caminos más por escoger ninguno de ellos los habría trazado yo. Es decir, ¿Qué más puedo hacer? ¡Es el único camino que conozco!

-         ¿Y qué pasaría si trazaras tu propio camino? Así te asegurarías de que es el camino que has creado solo para ti, yendo solo a donde tú quieres realmente ir.

-        ¿Qué pasaría si trazara mi propio camino? ¡Qué pregunta más estúpida! ¡A donde quiera ir! ¿Y qué pasa si mi deseo es ir por el camino que otro seguramente ya ha trazado y terminó descubriendo que jamás hice mi propio camino? ¿A dónde se supone que trazaré ese camino?

-        Ese es exactamente tu problema: eres demasiado flojo y por lo mismo te crees demasiado astuto.

-        ¿Huh?

-        Te has acostumbrado tanto a seguir el camino de otros que ahora sientes tanto miedo y desconfianza de ti mismo que únicamente puedes confiar en el camino y el método que toda tu vida has conocido. El único que has querido conocer ciertamente. Aunque no el más cómodo. Verás, tu pereza no reside en la capacidad o la fuerza para recorrer el camino, sino en la valía de atreverte a pensar en otro.

-        ¿Cómo iba a pensar en otro? ¡Uno nace en este mundo condenado a enfrentar la muerte y el único deseo que siempre parece sensato es el de mantenerse vivo! ¿Cómo no iba a seguir el camino de otros que han llegado más lejos que yo?

-        ¿Y cómo sabes hasta donde habrías llegado? ¿Crees que alguno de ellos lo sabía? ¿Crees que alguno de ellos tenía algo más que tú para trazar la brecha que trazaron?

-        ¡Siiii, de hecho lo tenían! ¡Tenían herramientas y dinero para pagar por ellas, tenían el apoyo de otros que caminaron con ellos! ¡Mira! El sendero es demasiado ancho para una sola persona, otros muchos pasaron por aquí y seguramente construyeron éste camino.

-        Tan solo piensa en todas las dificultades que has tenido que pasar: todas las insufribles y afanosas situaciones e inconvenientes que has tenido que vivir solo porque decidiste seguir a través de un camino que no sabes quien ha trazado, hacia donde lo ha trazado y más importante aún porque lo ha trazado…

-        Y ¿qué puedo hacer? No me quedan alternativas

-        El hecho de que cada uno nazca con herramientas distintas no significa que no pueda hacerse de nuevas. A lo largo de este camino encontraste herramientas y descubriste que otro las dejo atrás. No porque no fueran útiles, sino porque ya no eran necesarias.

-        ¿Qué quieres que haga? ¿Pretender emplear éstas herramientas que a otro le resultaron inútiles?

-         No se trata de pretender, simplemente de hacer lo que puedes. El camino lo irás trazando según la situación lo vaya demandando y nuevas herramientas vendrán. Pero no vendrán y no las reconocerás si no aprendes a usar las que tienes. Si llegas a una colina puedes trazar tu camino alrededor o a través de ella, pero tendrás la certeza del camino que va por delante, no porque se encuentre convenientemente ahí, sino porque tienes la completa certeza de que entiendes porque estás ahí.

-        Porque yo me he puesto allí

-        Exacto.

-        ¿Quién eres?

-        El Destino mismo.

-        ¿Por qué me ayudas ahora?

-        Me cansé de ver a los hombres sin voluntad y sin valor para ejercer su voluntad.

-        ¿Has venido por mí? ¿Estoy muerto?

-        Aún no. Solo es un regalo que te doy. Ya nos volveremos a encontrar y entonces estarás listo.

-        ¿Listo?

-        Para llegar al fin del camino, donde nos encontraremos y entenderás.

-        ¿Entender qué?

-        Que el camino llevaba solo a un lugar, aunque no necesitabas buscarlo

-        ¿Cuál es ese lugar?

-        Tú mismo. Y cuando encuentres ese lugar, no necesitaras caminar más, porque todos los caminos se conectaran y el camino serás tú.

Entonces el hombre, tomo las escasas herramientas que tenía, y empezó la ardua tarea de trazar su camino; aquel extraño ser le ofreció nuevamente su moneda de vuelta, a fin de cuentas era su decisión. Pero él la rechazó diciendo “Siempre podemos culpar a las circunstancias, podemos culpar a Dios y a nuestro destino y ¿por qué no? culpar a la estúpida moneda. Pero no son las circunstancias, ni Dios, ni la moneda la que decide nuestro destino: somos nosotros quienes dejamos que otros lo decidan por nosotros.


Narración por Gabriel Aceves
Redacción por Karen Arévalo

Aclarando algunos aspectos del cuento: El valor de la suerte depositado en la moneda o vínculado a una moneda que es lanzada al aire, simboliza nuestra relación al dinero y como dejamos que nuestra vida sea determinada por éste; crear un nuevo camino por consecuente implica de igual forma tomar principio rector de lo que hacemos con el dinero; al final del cuento, "el destino" le devuelve al hombre la moneda y éste la rechaza como el instrumento que determina su suerte; crear un nuevo camino por consecuente, no necesariamente implica dejar de utilizar un modelo económico por ejemplo para poder organizar nuestras interacciones y transacciones económicas; implica ser nosotros quienes determinan la forma en que utilizamos la moneda y qué dirección vamos a dar a nuestras vidas no a partir de la moneda sino a partir de nosotros como el principio recto