jueves, 12 de febrero de 2015

Mi Jornada hacia al Vida, Día 697, Sacred Economics - Respuesta al primer capítulo



Ok, entonces, para mi primera lectura el profesor nos ha encargado realizar el primer capítulo del libro "Sacred Economics" y me gustaría compartir mi perspectiva con relación a éste capítulo

En realidad, particularmente veo el dinero como un instrumento que nos sirve para entender las dinámicas que actualmente operan en el mundo, sobretodo cuando esas dinámicas reflejan el valor que colocamos en determinados objetos, personas, intereses y sobretodo lo que ésto muestra de nosotros mismos en la atención que damos a éstos puntos lejos de ver y reconocer el valor mismo de la vida. El problema que yo encuentro, no es el dinero per se sino nuestra relación al mismo, porque somos nosotros quienes estamos utilizando el dinero



La relación de “sacralidad” que a mi parecer falla en definir Eisenstein, no reside per se en el objeto al cual hemos atribuido ya un valor en separación de nosotros mismos, sino en nuestra relación de interés por la vida, porque ultimadamente, terminamos invirtiendo el dinero en aquellas cosas que constituyen nuestro “interés” y que por consecuente “llaman nuestra atención”.

La pregunta que en realidad creo que tendríamos que hacernos es: ¿Qué es aquello en lo cual estamos invirtiendo? ¿Por qué el dinero y nuestra relación hacia el mismo pareciera encontrarse tan estrechamente vinculado con nuestras inseguridades, nuestros miedos, con proyectar un determinado status, con alcanzar una determinada forma de vida? ¿Por qué buscamos tan desesperadamente llenar “los vacíos” en nuestras vidas, nuestras inseguridades y miedos a través de las cosas que compramos y las cosas en las cuales invertimos? ¿Por qué aquel hombre trata de tener un auto más lujoso? ¿Por qué aquella mujer trata de tener un cuerpo diferente a aquel con el cual ha nacido?

  

No es el dinero por tanto lo que se convierte en algo sagrado sino nuestro comportamiento y el reconocimiento de la vida misma lo que se vuelve sagrado, un reconocimiento que se nos ha negado desde la carta de los derechos humanos


¿Qué hacemos para honrar nuestra propia existencia con nuestros actos del día a día y que hacemos por tanto para honrar la vida que se nos ha regalado?
  

Nuestros actos de profanación contra la vida, residen no en la extracción de los recursos per se de la misma, pues éstos ya son entregados en la incondicionalidad de su existencia misma, sino en el descarado acto de tomarlos y abusar de ésta relación de incondicionalidad al poner a éstos un precio o un valor que entonces yo condiciono y limitó para otros quienes tendrían que ser vistos o reconocidos con el mismo derecho y acceso a los mismos recursos que yo he obtenido.

La pregunta por defecto reside en el hecho de que: ¿Crear ahora una nueva relación de sacralidad hacia el dinero cambia en alguna forma el acto mismo de separación que es hecho del valor intrínseco que ya posee la vida? No.

Me disculpo de antemano si mi conclusión resulta apresurada, sin embargo, a razón de ejemplificar mi punto, retomo el punto que señala Eisenstein respecto del punto de la incondicionalidad del regalo que los padres realizan a los hijos y los recursos proveidos durante nuestra infancia. 

Me parece que la forma en que el autor aborda éste punto particularmente nos lleva a concluir que la “cantidad de amor que recibe un niño puede ser medida en relación a los recursos que éste recibe”, sin embargo, si observamos a éste punto de una manera un tanto más “objetiva” si se quiere. Particularmente no veo la razón por la cual las personas dejarían morir a un niño de hambre, sin embargo ¿Qué pasa cuando las condiciones de vida no permiten a los padres ver y cuidar de aquel niño, quien no pasará ni llegará a vivir siquiera más allá de los primeros 6 meses de edad por falta de nutrición? Situaciones que hoy día se manifiestan en el mundo en países como Etiopía, Haití, Zimbabue, Sierra Leona  o sin irnos tan lejos, tan solo nuestro país México 

¿Fue el amor de los padres lo que hizo falta? No, fue simplemente el dinero. Pero por alguna razón el dinero no llegó hasta ésta familia, ¿Por qué? Tal vez porque otro tipo de intereses intervinieron en la vía para hacer que ésta familia, y éste niño recibieran ese dinero, éstos intereses no fueron intereses divinos, sino simplemente intereses (o mejor dicho desinterés) humanos.

Si bien concuerdo con la perspectiva original del autor (y a falta de un mejor ejemplo) “dar a otros como a uno le gustaría recibir, amar a los demás como a uno mismo”, difiero en colocar dicha relación nuevamente en separación de nosotros mismos, es decir en un símbolo transaccional de comercio para realizar intercambios; a mi parecer, la relación per se, no es al dinero sino al valor mismo que damos a la vida como ya lo menciona el autor.

Es decir, crear una suerte de sacralidad hacia el dinero, no hará que éste llegué de igual forma a ésta familia, lo que debe de cambiar es nuestro interés mismo hacia la vida, nuestra conducta hacia nuestros semejantes, de modo que cambiando ésta relación internamente con nosotros mismos, pueda cambiar la forma en que nosotros manejamos el dinero.

Nuevamente, me atrevo a decir que en la actualidad, en realidad el Dinero es actualmente el Dios de los seres humanos, así que en realidad éste “Objeto” particularmente ya posee bastante de aquel “elemento sagrado” que le atribuye Eisenstein, el dinero actualmente determina la vida y la muerte de las personas, su educación, su condición social, su futuro, sus relaciones, el dinero lo determina todo (o al menos más de lo que a éstas personas les gustarías ser capaces de controlar en su propio mundo).

Digamos que en cada producto fuese colocado el completo y absoluto detalle de su producción, sus procesos, cuantas personas tuvieron que trabajar y cuantas horas tuvieron que dedicar a ello para poder producirlo; añadamos pues a éste producto las características de las consecuencias que devendrán de su producción, el abuso laboral que sufrió tal o cual persona para poder producirlo, los recursos naturales y animales que fueron explotados y extraídos para su producción, consideremos esto y ahora preguntémonos: 

¿Eso haría al dinero más sagrado? No, en realidad hace a la vida más sagrada, nos hace pensar que el valor colocado en el dinero es demasiado grande y a la vez no debería rebasar el alcance del valor que tiene la vida, pero lo hace… y no lo hace por un “simbolismo” aparentemente intrínseco a éste, lo hace porque nosotros aceptamos que la vida sea algo a lo cual “somos arrojados” como ya lo menciona Eisenstein, algo donde somos un ente ajeno que necesita “controlar” las condiciones de su propia existencia.

¿Crear una nueva relación de sacralidad al dinero cambiaría en alguna forma nuestro aparente deseo de control sobre el mismo? No, en realidad tal vez nos conduciría a querer controlarlo más… sobre todo si nos permite controlar a otros seres humanos (cosa que de hecho ya ocurre actualmente). 

A mi parecer el dinero es en efecto un instrumento que debemos utilizar para llevar a cabo éste proceso de cambio de nuestra relación para con otras personas, porque éste se ha convertido ya en una suerte de lenguaje universal con el cual no solo realizamos transacciones o intercambios, sino que expresamos dinámicas de convivencia y sociabilidad, por ello, concuerdo en el punto de realizar los movimientos y ajustes necesarios a nuestra actual economía para garantizar el apoyo incondicional de aquellos que padecen las carencias de un Capitalismo depredador, pero no apoyo el concepto de la “Sacralidad sobre el dinero”, simplemente porque creo que la vía para garantizar una relación de “respeto y honor a la vida”, parte del simple entendimiento de nuestra relación con la vida misma, con nuestros semejantes, no con un “nuevo icono o símbolo” que nos recuerde la sacralidad de la vida que ésta de hecho ya tiene.

Continuo en el próximo post