miércoles, 10 de diciembre de 2014

Mi Jornada hacia la Vida, Día 647, Una historia a través de los ojos del otro

Este es un trabajo que realicé para la escuela que me gustaría compartir con ustedes. Ojala sirva a manera de reflexión para todo aquello que no vemos en el mundo.



Respiraba agitada mientras corría cuesta arriba por aquella colina, aún escuchaba los disparos a sus espaldas, pero ella solo pensaba en poner a su hijo a salvo quien permanecía aferrado a su espalda, aun temblando por el miedo.

“No entiendo, ¿Qué quieren lograr con esto?... Aún no puedo creer que los mataran a todos… no quedó nadie.” Pensaba, mientras corría a toda velocidad por entre la densa maleza. Ahora solo una cosa importaba, subir a como diera lugar a la cima de aquella colina; ella sabía que la niebla haría mejor refugio que cualquier cueva en la que pudieran esconderse, sobretodo porque necesitaban cubrir su aroma… esos hombres llevaban una jauría de perros con ellos, necesitaban esconder su aroma, ¡y pronto!

-“¿Qué les hemos hecho? ¿Por qué nos odian tanto?... No, en realidad podía escuchar las risas de aquellos hombres, la verdad parecen disfrutarlo… tal vez en realidad no nos odian, nos quieren… la pregunta es ¿para qué?”

-¡Mama, nos están alcanzando! – exclamaba el niño, mientras se sujetaba a su madre 

-¡Te van a escuchar! ¡No voltees! 

No obstante a medida que corría, las lágrimas no dejaban de fluir de su rostro mientras desfilaban frente a ella, las espeluznantes imágenes de sus seres queridos siendo masacrados de una manera tan indescriptiblemente cruel, que con éstos recuerdos ella de hecho corría más rápido, motivada por su propio temor y a la vez su deseo de no ver un destino similar para ella o su hijo…

“No entiendo, qué les hemos hecho” se repetía a si misma mientras repasaba las imágenes de las últimas horas, como caminaban por la selva juntos antes de toparse con el campamento de aquellos hombres, el olor de la comida que casi podía probarse en el ambiente; no había nada fuera de lo común, en realidad, no había nadie en el campamento, y apenas se acercaron a una tienda de campaña abierta con una vasta cantidad de comida en su interior, los hombres salieron de la nada junto con sus perros…

Pero eso ya no importaba, ¡lo único importante era lograr poner a salvo a su hijo lo más pronto posible!
El calor puede ser abrumador en la selva incluso de noche, pero provee una buena ventaja para ella, porque sabía que si ella estaba cansada, probablemente aquellos hombres también lo estarían, así que no se permitió un descanso hasta bien alcanzada la cima.

Finalmente alcanzaron la cúspide y ella cayo rendida por el agotamiento… no había donde correr, así que la madre en un último esfuerzo por poner a su hijo a salvo, lo acomodo junto a ella bajo la fragosa espesura de las ramas de un árbol al cual trepó con sus últimas fuerzas, llevando a su hijo aún en la espalda.

-Dormiremos aquí…

Y por un momento, se dio cuenta de que ya no podía escuchar aquellos disparos, ni los ladridos de los perros que los perseguían… ¡habían conseguido dejarlos atrás! ¡Estaban a salvo!

 El niño dormía ahora en su pecho, sin embargo, ella no podía darse el lujo de dormir, no aún..., debía permanecer alerta ante cualquier ruido, o cualquier indicio de que aquellos hombres aún se encontraran cerca.

Aquella noche estrellada, ¡Y qué noche! 

Mientras la bruma se elevaba sobre los picos de aquellas distantes montañas, se dibujaban unos brazos por encima de éstas, que parecían tratar de alcanzar las estrellas, por un momento, se le antojo la idea de ver la montaña viva, a la tierra viva, jugando como un niño que trata de alcanzar las luciérnagas en medio de la noche.

“Sublime… perfecto…” pensaba…

Tan hermoso como aquellas cascadas multicolores que se pintan en los árboles en la primavera, cuando todos los árboles empiezan a florecer y a dar sus primeros frutos, encendiendo la selva entera con las más dulces canciones de las más extrañas aves.

Por un momento, recordó a todos sus seres amados, y lo distantes que parecían ya esas memorias ante su despiadada muerte a manos de aquellos hombres… no tuvieron piedad de ninguno de ellos, ni siquiera de los niños, todos trataban de correr pero aquellas extrañas ramas que traen los hombres en las manos, hacen un ruido estridente que dejaba escapar una extraña luz de su interior similar a un rayo.

Puede ser que ese rayo fuese lo que estuviera haciendo caer a cada uno de sus compañeros, en ese caso, tenía sentido pensar que sin importar qué tan rápido corrieran, el rayo los alcanzaría... no podía explicarse como habían logrado meter los rayos en aquellas ramas, pero eso le daba igual, qué importaba si hubiese sido con un rayo o una piedra, su familia se había ido, todos…

Hay palabras que describen al niño que pierde a su madre… se le llama huérfano, cuando una esposa pierde a su esposo se le llama viuda, pero no hay palabra que defina a quien pierde una familia entera, ni siquiera hay palabras que describan al padre que pierde un hijo… es innombrable… lo que han hecho los hombres es innombrable…

Finalmente se quedó dormida entre las ramas, la adrenalina había sido tan grande, y su miedo tan intenso, que no había notado la sangre escurriendo por su pecho, y como la cabeza de su hijo colgaba por el costado, descansando su cabeza para no volver a levantarla jamás.