martes, 4 de noviembre de 2014

Mi jornada hacia la Vida, Día 601, Más allá del Espejo y la mirada sublime. pt1






Ésta es una breve adaptación que he realizado en honor al trabajo realizado por mi profesora titulado "el espejo" (aquí el link: http://gabrielacevesprocess.blogspot.com/2014/10/mi-jornada-hacia-la-vida-dia-574-el.html), por lo tanto, si no has leído aún éste relato, te sugiero primero hacerlo antes de continuar con éste, de otra forma no podrás entender del todo lo que aquí se comparte "han sido advertidos..."

Más allá del Espejo y la mirada sublime.


Maydôs, erguido y con paso firme cruzó aquel sendero luminoso, dentro del cual, a cada paso que cernía dentro de éste, le daba la sensación de en realidad estar dando un paso hacia sí mismo; la idea en si misma le resultó divertida, de tal suerte que una pequeña sonrisa empezó a dibujarse en sus labios acompañada de una breve y difusa risa; no estaba avanzando y tampoco retrocediendo, sino que, más bien le pareció estar envolviéndose en sí mismo hacia su interior mientras sublimes fractales se enmendaban en éste movimiento que le parecía reverberar hasta el infinito.

“Es casi como una galaxia” se decía hacia sus adentros, “Un universo compuesto de éstas posibilidades”

La consistencia de la atmosfera comenzaba a cambiar conforme se adentraba cada vez más y más en aquella luz cegadora, y por un momento, le pareció que en realidad, la luz no provenía del exterior, sino de sí mismo, porque a cada pasó que daba en el interior de la luz, está en realidad empezaba a tomar cuerpo, forma inclusive presencia… 

Una vez inmerso en derredor a  toda la luz blanca (o en derredor de si mismo y su propia presencia), la consistencia de la atmosfera se tornó líquida, lechosa y con cada respiro que Maydôs inhalaba, le pareció en realidad estar alimentándose de algo que llenaba un vacío en su ser; éste no era un alimento que saciaría la apetencia de su intestino, sino que en realidad estaba nutriendo algo más esencial, algo dentro de los componentes de su fisicalidad misma.
Conforme se dejaba envolver en ésta atmosfera, y a alimentarse de aquel líquido lechoso que pululaba en el entorno con cada respiro, empezaba a notar que sus ojos estaban adaptándose a la intensidad y consistencia de aquella luz, estaba llenándose con ella (aunque en realidad podía casi con absoluta certeza asegurar que en realidad estaba llenándose consigo mismo), entonces, algo comenzó a emerger de la ahora líquida luz que envolvía el entorno, diminutas formas que se movían independientes a la corriente de aquella luz líquida pululando en el espacio.

Al observarlas de cerca, Maydôs pudo notar unas diminutas formas casi de apariencia antropomórfica que danzaban y corrían en las ondulantes emanaciones líquidas de la atmosfera, sin embargo, había algo extraño acerca de éstas formas y figuras, le resultaban familiares, es más, juraría haberlas visto antes en algún momento de su vida.
Observó con más detenimiento dentro de éstas, y en efecto que eran familiares, de hecho, podía ver que cada una de éstas formas, representaba algo tan familiar para él como su vida misma, porque éstas formas antropomórficas dibujándose en aquella extraña substancia líquida, eran en realidad cada una de sus experiencias y sus memorias, algunas de ellas tan viejas que le era difícil reconocerlas, creía haberlas olvidado, pero no, allí estaban, todas y cada una de ellas.

Entonces se dijo a sí mismo: “Este espejo…no puede mostrar imagen, porque la imagen no consiste de lo que parece, sino de lo que es” Es decir, Maydôs había visto su reflejo antes en miles de espejos, pero ésta vez era diferente, no estaba ya viendo un reflejo, estaba viendo en sí mismo, la totalidad de sí mismo, porque se dio cuenta, de que en realidad la imagen no podía ser entendida a través de un solo fragmento en el tiempo y el espacio, de la misma forma en que no puede entenderse una obra de arte por uno solo de sus fragmentos, o una sola de sus tinturas, no…, debe verse completa, debe verse en la existencia misma de aquello que es, para poder entender, porque en ese entender podía VER y ver…es vivir…
En ese momento, una voz se hizo presente proviniendo de todas las direcciones exclamando: “Es irónico que las antiguas razas consideraran el perder la vista como algo peor que la muerte misma ¿no es verdad?”

Maydôs trataba de encontrar el origen de aquella voz que como un estruendo irrumpía con tal fuerza, pero a la vez con tal solemnidad, que a Maydôs le daba la impresión que el mismo rayo habría enmudecido ante su sola presencia…

Entonces, todas aquellas figuras antropomórficas empezaron a reunirse en una sola masa gelatinosa que poco a poco se solidificaba, dejando ver la figura de un hombre de estatura cercana a la de Maydôs.

-¿Quién eres? Preguntó Maydôs

-Me conocen de mucha formas, en realidad, soy el origen y el fin, el alfa y el omega, Dios, el Diablo, la Muerte y tú mismo…

-Es curioso, replicaba Maydôs, en realidad no me siento tan importante como para ser el origen y el fin de todo.

El hombre rió difusamente, y replico de vuelta: “¿De verdad? Entonces ¿crees que los materiales que componen tu corporeidad misma, devienen de un punto ajeno a la existencia y el origen mismo de ésta? Si bien tu cuerpo es bastante nuevo, los materiales no lo son, porque datan desde el origen mismo de ésta creación. El origen y por tanto creación de toda experiencia de vida deviene del creador mismo que crea una creación, porque al final, son los hombres quienes experimentan y viven la vida, mueren sus muertes, aman, odian, crean y destruyen”

Invariablemente de ello Maydôs, debes saber que, las respuestas que has venido a buscar en el espejo, no las encontraras en la luz, sino en las sombras.

-¿Qué quieres decir? He entrado al espejo, y he caminado hacia la luz de mi interior, mi propia alma, he visto en mi mismo. 

-Y ¿Qué es exactamente esa Alma Maydôs?

-…

-Lo que has visto, han sido solo los canales perceptuales edificados por tu consciencia acerca de ti mismo, la definición del “quien yo soy”, pero eso no significa que hayas visto algo en lo absoluto. Verás Maydôs, para realmente “ver en el espejo”, necesitas primero ver en ti mismo, sin ninguna idea, juicio, percepción, memoria, etc., de otra forma, la imagen que verás no será autentica, porque al final será únicamente lo que tú querrás ver e incluso creer de ti mismo.

-¿Qué puedo hacer entonces si no me queda nada de mi luz? ¿Moriré?

- Antes de la Creación viene la destrucción Maydôs, posible el origen mismo de ésta existencia no habría sido posible sin que el caos se desatara antes dentro de aquella gran explosión…, de todas las criaturas que cruzan el espejo, solo los seres humanos tienen éste curioso aunque ciertamente extraño conflicto con la muerte.

Verás Maydôs, todas las criaturas que alguna vez acuden a mi tras la muerte, es únicamente para despojarse de su corporeidad, sin expectativas, ni resentimientos; sin embargo, el ser humano cree que, por alguna razón…, si teme la muerte podrá protegerse de alguna forma de ella, inclusive a su propio temor ha creado la “imagen” de un cielo, para poder encontrar alguna suerte de paz dentro de sí mismo, esperando que al morir pueda ir al cielo mismo que ha ideado para sí mismo.

Es irónico en cierto sentido, porque la gran mayoría de los seres humanos crean una “expectativa” acerca de lo que les gustaría ser o convertirse en algún futuro, sin embargo, nada de ese futuro es presente o certero, y aún así lo construyen como una certeza, se imaginan a sí mismos muriendo de viejos o en sus camas, pero aún en su lecho de muerte, se ven resistiendo, inclusive negando, la inevitabilidad y certeza que es la muerte misma, más certera e infalible que cualquier futuro prometedor, incluido la promesa misma del cielo tras la muerte…

Por eso Aldë no deja cruzar a cualquiera…, así que, Maydôs, si estás aquí, en éste momento es porque Aldë sabía que tenías la capacidad de hacerlo, de otra forma no habría permitido que cruzaras el espejo. Algunas veces, nos encontramos más vivos cuando enfrentamos el prospecto de nuestra propia mortalidad, tal vez eso signifique que si nos convencemos de que viviremos por siempre, nunca nos sentimos del todo vivos Maydôs.

¿Qué me dices? ¿Estás listo?

-Sí, replicó Maydôs, está vez entendiendo que su viaje apenas había comenzado.

Continua en la segunda parte...