sábado, 4 de octubre de 2014

Mi Jornada hacia la Vida, Día 574, "El Espejo"



El Espejo:

"La expresión muda de su rostro avanzaba por los pasillos de aquel extraño lugar, era un palacio negro lleno de recovecos, prácticamente laberíntico, se movía como si recorriera su propia piel; los rincones, las curvas, los pasillos, las texturas, los colores e incluso los olores parecían fundirse con su cuerpo. Solo los muros agrietados contrastaban con la blancura de su rostro y perfección de sus facciones impávidas.

Al terminar de recorrer una serie de pasillos, Aldë llegó a un amplio salón decorado con espinos y un piso conformado de círculos concéntricos blancos y negros que partían del centro del lugar hasta las paredes más alejadas en las que aparecían converger todos los pasillos del palacio, y en cuyo centro se encontraba un inmenso agujero, del cual emanaba una extraña luz.

La mujer se dirigió tranquila hacia allí y se posó en medio de aquella luz que parecía sostenerla en el aire a unos cuantos centímetros del suelo. La luz que surgía de abajo iluminaba su cuerpo y su rostro de una forma única, casi como si traspasara su piel, y dejara ver de pronto todo su interior, pero no sus músculos o sus huesos, sino su alma.

Su piel se veía en ese instante llena de innumerables grietas, como las que invadían las paredes del lugar; cicatrices que se enredaban como ramas alrededor de todo su cuerpo.

En ese momento, otra figura entró en la habitación, esta no se movía con tanta confianza por el lugar, como un ser ajeno, extraviado en el laberinto. Era un hombre robusto, que al ver las cicatrices en la piel de Aldë, sintió un remolino en su corazón y una gran pena.

Estuvo ahí, observando por unos momentos el extraño espectáculo, cuando aquella luz cesó su intensidad y la figura de la mujer regresó a su habitual blancura como de marfil.

Maydôs, sorprendido, solo observaba la escena con los ojos muy abiertos, pero sin poder mover un solo músculo de su cuerpo, como si una fuerza más grande que él se lo impidiera.

Aldë lo miró con sus ojos profundos en un cuestionamiento, acababa de darse cuenta de la presencia de aquel hombre, así que se dirigió hacia él, que aún detenido por aquella fuerza, no movió ni un solo dedo, aunque el miedo que sentía en su corazón le pedía a gritos salir corriendo de aquel lugar.

- ¿A qué has venido forastero? - preguntó la mujer con su helada voz.

Maydôs, después de un momento de lucha con su propio miedo, abrió la boca para contestar al fin con voz temblorosa:

- Me perdí en el laberinto mientras me buscaba a mí mismo, cuando vi la luz que salía de la habitación y no pude evitar observar.

Aldë, por primera vez esbozó una leve sonrisa en la comisura de sus labios, miró a Maydôs y le dijo:

- Pues entonces no e has perdido, éste es el lugar indicado, es el recinto del espejo del alma y yo soy su guardiana.

Maydôs muy sorprendido miró a la mujer dubitativo, pero antes de que pudiera pronunciar una palabra, la mujer le dijo, como si adivinara sus pensamientos:

- Lo que viste desde aquí, es mi alma; el cuerpo oculta las almas a los ojos de los que saben ver y a uno mismo, en este espejo, verás tu alma como es en realidad.

En ese momento, Maydôs sintió como si aquella fuerza hubiera dejado de ejercer presión sobre su cuerpo, pudo moverse, pero en lugar de correr, se quedó ahí, observando a la mujer, aún no entendía cómo todas esas grietas podían cubrir su alma. Ella le tomó lentamente la mano, y lo condujo hacia el centro del salón y al llegar al borde de la luz, se detuvieron.

- Si has llegado hasta aquí, es porque estás listo. Yo vigilo este lugar y solo hay algo que debo advertirte: lo que verás en el espejo es solo la verdad, el espejo no miente. Debes entender que el reto no es conocerte sino aceptarte una vez que el espejo te hable.

- Acaso a ti ¿no te duele ver tu alma agrietada, no te confunde?

- No, esas grietas me conforman, y me gusta lo que veo cuando me miro al espejo, porque para mi no son grietas, son bordados que adornan mi vestidura, y sin ellas, incluso sin las más pequeñas, no sería lo que soy ahora.

Maydôs se sintió muy sorprendido con la respuesta, admiraba la forma en que esa mujer se refería a sus heridas, y entonces entendió lo que Aldë había querido decir, ¿Qué vería él en el espejo?, sintió miedo, pero decidido, miró la luz y dando las gracias a la mujer con una mirada, entró en el espejo de las almas."

Este fue un trabajo realizado por mi ahora ex profesora de las Corrientes del Arte y la Cultura, y cuando tuve la fortuna de poder escuchar éste relato de sus propias palabras, pude ver "mi propio reflejo en sus palabras". Y con ello, entendí que "el Uno Mismo, es en realidad Uno y el mismo para todos los seres humanos", es decir, es interesante lo mucho que como seres humanos, podemos decir que "no somos iguales", pero que al mismo tiempo podemos entender lo mucho que una persona puede estar experimentando en un determinado momento, dentro de una determinada situación o experiencia, y en ésto, todos y cada uno nos convertimos en un espejo los unos para los otros.

Lo mismo pasa cuando vemos a éste mundo, y vemos a las guerras, los conflictos, la hambruna, y vemos la maldad en el mundo..., pareciera que, por un momento tratamos de ignorar aquello que está "ALLÁ, LEJOS DE NOSOTROS, SEPARADO DE NOSOTROS", pero solo hace falta ver una mirada a nuestro interior, y entonces, entendemos...por qué éste mundo es de la forma en que es.

Cada vez que veo esta mascara, quedo intrigado, porque en realidad no veo "solo" una mascara, sino que me veo a mi mismo, es realmente muy interesante, porque "es una mascara que no es una mascara", sino que ésta revela algo más íntimo que va más allá de la mascara per se; verdaderamente empiezo a considerar como la definición de arte en si misma que concebí en mi mente es tan limitada, porque el arte es algo que lejos de "presentar una visión del mundo" llega más bien a "representar nuestra visión en un momento del mundo", cuando alguien nos comparte una visión tan íntima del mundo que refleja el propio proceso del conocimiento de uno mismo" creería que es, verdaderamente, el regalo más hermoso que nos pueden hacer, es como si nos dieran el regalo de nosotros mismos, porque entonces, de pronto, ya no estamos solos, y existe toda una humanidad que puede ser para nosotros, esa oportunidad, ese regalo que podemos darnos, si nos atrevemos a compartir y a dar a otros lo que nos gustaría recibir...

Pieza artística (Mascara) realizada por: Fernanda Otero Ríos.
Narración redactada por: Fernanda Otero Ríos
Fotografía realizada por: Gabriel Aceves Higareda