martes, 8 de julio de 2014

Mi Jornada hacia la Vida, Día 483, Tranquilidad no significa pereza

Normalmente al momento de realizar ejercicio, mi punto de partida ha sido el alcanzar la mayor cantidad de repeticiones dentro de un ejercicio, o donde me he enfocado en terminar de realizar el ejercicio tan pronto como me sea posible, y para ésto, creía que la mejor forma de resolver este punto, era adquirir o tener mucha energía para poder realizar el ejercicio, energía que trataría de adquirir comiendo muchas proteínas o bebiendo café. Ahora, tras haber caminado el punto de 21 días sin café, en realidad, una vez pasados los 21 días, volví a consumir café de manera regular, aunque la diferencia es que ahora lo haría de forma mesurada, bajando las dosis en gran proporción a lo que bebía en un inicio.

Sin embargo, no hace mucho, llegué a darme cuenta de como el café en realidad no asiste a mi cuerpo en forma alguna, ¿por qué o cómo llegué a darme cuenta de esto? Podría notar al tomar una taza de café de como mi estomago se sentiría irritado y de ello, podría notar también que la relación con mi mente se volvería un tanto "caótica por así decirlo" (tal vez como consecuencia de la irritación en el estomago, lol), en fin, de hecho tras ir con el homeopata el me sugeriría dejar el café por completo para que la medicina pudiera tener un efecto más eficiente, y de hecho lo ha tenido, ahora he remplazado aquella taza de café al día por una de Té, el cual de hecho me ha ayudado a estabilizarme al momento de estar escribiendo.

Ahora, la razón por la cual estoy discutiendo éste punto, es por el hecho de que, normalmente al momento de hacer ejercicio, lo que haría seria (anteriormente) tomar una taza de café para darme "fuerza y energía" al momento de hacer el mismo, sin embargo, ahora al momento de tomar té, puedo notar cómo en realidad me encontraría más relajado y estable, sin embargo yo seguiría tratando de traer esa energía y esa potencia para poder hacer el ejercicio tan rápido e intenso como me fuera posible..., ahora, el problema que surge aquí es el siguiente, en efecto sería capaz de hacer más repeticiones, y un entrenamiento mucho más intenso, el problema con ésto es que, al no realizar cada ejercicio con el debido tiempo (con el debido respiro si se quiere), lo que ocurre es que, puedo notar como ahora estoy experimentando resistencia a realizar ejercicio cuando con anterioridad, podría disfrutar de éste, y es que, anteriormente no lo realizaba con prisa alguna, me dedicaba a sentir mi cuerpo mientras hacia el ejercicio, y de hecho disfrutaba mucho de esa relación con mi cuerpo, mis músculos tensandose, el movimiento de mi cuerpo y la atención que necesitaba colocar en mi cuero para enfocarme en lo que estaba haciendo para no ceder al dolor y darme por vencido (punto de apoyo realmente fascinante).

Ahora, dentro de ésto, se me ocurrió una forma práctica de vivir la palabra tranquilidad; había llegado a creer que el ejercicio no podía realizarse con tranquilidad, que la intensidad es lo que traería los resultados, sin embargo, lo que empiezo a ver aquí, es que, el ejercicio hecho con velocidad y rapidez, no te permite e realidad darle al cuerpo el tiempo para trabajar cada músculo en cada movimiento durante el mismo; y es decir, puedo ver como la situación aquí que me llevó a "no querer darle a cada movimiento su debido respiro" fue por el hecho de relacionar la tranquilidad con la palabra "pereza", sin embargo de lo que puedo ver en ésta relación es que tranquilidad no es igual a pereza, y que de hecho la tranquildiad puede de hecho empujarme a un entrenamiento más intenso que pueda realmente apoyar a mi cuerpo. Así que, estaré realizando ejercicio por los próximos 21 días aplicando éste principio y compartiendo mis perspectivas, experiencias y aplicación de perdón al respecto.

Continúo en el próximo post